Política
De Pe a Pa
¿Calderón y Ortega, enterradores del PAN y PRD?
| ¿Calderón y Ortega, enterradores del PAN y PRD? |
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| Política - De Pe a Pa | |
| Escrito por Editorial AMN | |
| lunes, 08 de febrero de 2010 | |
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AMN.-¿Felipe Calderón y Jesús Ortega, enterradores del PAN y PRD? ¿Por qué romper y
declararle la guerra al PRI, cuando ha sido ese partido el que ha sostenido a
Calderón en la silla presidencial y lo legitimó “haiga sido como haiga sido”?
¿Ingenuidad o perversidad del inquilino de Los
Pinos rumbo al 2012? ¿Un suicidio
político?¿Por qué Calderón permite al PAN golpear a su principal aliado
político? ¿Por qué permitir las ponzoñosas e inexplicables alianzas PAN-PRD,
para acabar con su enemigo común: el PRI? ¿Quién cree usted que manda en el
PAN, Calderón, o el yunquista bebesaurio
Cesar Nava Vázquez? ¿Habrá dado ya por terminado su sexenio que desde el
primero de diciembre del 2006 ha sido estructuralmente débil?
Lo
grave se encuentra en el horizonte: una ex presidencia acosada y quizá también acusada.
El PRI ya le comenzó a pedir cuentas, y los dineros públicos se convertirán en
su talón de Aquiles. Feli… pillo –así
le llaman los priístas a Calderón- se juega su supervivencia en una táctica
electoral que divide a su propio partido y podría mandarlo a la rotonda de los
partidos ilustres, pues los llamados panistas doctrinarios juzgan de “improcedentes
y anti éticas” esas malditas alianzas con el PRD, entre ellos, Diego Fernández
de Ceballos, quien ha advertido a Calderón y a la cúpula panista: “Que se
atengan a las consecuencias”.
Por
su lado, el llamado vicepresidente de México, Manlio Fabio Beltrones, ha dicho
con singular ironía que “el Presidente no le debe nada al PRI, y menos éste a
aquel”. ¿Qué indica eso? Pues nada, que la ruptura está dada.
¿Pero
cómo es que a Felipe Calderón ya no le importa un PRI, que lo legitimó en el
poder, después de una elección controvertida y para muchos abiertamente
fraudulenta, que lo equipara al usurpador Victoriano Huerta Márquez? ¿Calderón
es confiable aún para el PRI? La respuesta es No.
El
análisis de Strategos Consultores de
esta semana nos ofrece en diez puntos, muchas luces sobre la perversidad o
posible ingenuidad de Calderón:
“En primer lugar, debe anotarse que la ruptura
no es a cuenta y riesgo del PAN, sino del Presidente de la República. En Acción
Nacional ninguno de sus dirigentes tiene autonomía de gestión. Quien manda en
ese partido es Felipe Calderón. Lo que presenciamos es una más de sus acciones
de confrontación. Lo hizo con los empresarios; lo hizo con los magnates de
Teléfonos de México; lo hizo con el PRD en el caso de los alcaldes con
presuntos nexos con el narcotráfico -un teatro que ya se le cayó-. Ahora lo hace
con el PRI. Mide la reacción del viejo partido, pero el golpe ya lo dio. El daño
está hecho…
En
segundo lugar, la alianza que promueve el Presidente de la República entre el
PAN y las fuerzas de izquierda que ni siquiera le reconocen el estatus de mandatario
legítimo no tiene otra justificación que la de impedir el retorno al poder
presidencial del PRI. El proyecto contempla coaliciones atípicas en 2010, pero
también en el 2012. Se habla ya de un candidato común de la izquierda y la derecha…
En
tercer lugar, el partido bisagra que más pierde es el PRD. No tiene presencia
nacional, pero va unido a la derecha en unos estados y al PRI en otros. No hay
manera de salvar su caída libre. Si algo faltaba para que este partido tocara fondo
en las próximas elecciones, Jesús Ortega se empeñó en hacerlo. El Chucho mayor
podría ser recordado como el enterrador de ese partido. La pregunta es ¿a qué
juega Jesús Ortega cuando cree ganar con la permanencia de la derecha en el
poder? ¿Qué pactos tiene con el partido del Presidente que lo llevan a ser el
político más entusiasta de las alianzas con el PAN? ¿De veras Acción Nacional
ha gobernado mejor que el PRI? ¿Eso cree Jesús Ortega? ¿Qué lo impulsa a ayudar
a la derecha a congraciarse con los dueños del dinero y conservar el poder?...
En
cuarto lugar, hay que apuntar que los cálculos que hace el Ejecutivo federal
parten de falacias. 1) de poco o nada le servirá su alianza con los perredistas
de la llamada Nueva Izquierda. Esa facción no es referente electoral en el
país; 2) enfrentar a la mafia priista con aprendices de la política puede acelerar
la degradación de la institución presidencial; 3) fracturar ahora el pacto que
le permitió asumir el poder es aceptar la tesis del sexenio corto; y 4)
intentar la continuidad del proyecto político es ignorar la realidad, a menos
que la estrategia sea llevar a sus límites la fractura nacional y el uso
político de las Fuerzas Armadas mexicanas. El Ejército, por lo pronto, guarda
ya sus reservas respecto al grupo en el poder…
En
quinto lugar, está una obviedad: Calderón actúa tarde y lo hace mal. No es
posible que a la mitad de su gestión se haga consciente de los errores de su administración
y del vacío en el que ha caído su partido. Dar ahora un giro de 180 grados
puede dejar al PAN como el gran perdedor de un proceso en el que aún se le ubica
como actor relevante. La acción
presidencial denota nerviosismo y falta de claridad. Si la ruta se mantiene, se
le hará un gran favor al PRI. Frente a la ciudadanía, los adversarios del viejo
partido, son los que mejor lo redimensionan en la agenda público-política.
Mejor, imposible para el PRI.
En
sexto lugar, debe tenerse presente que la estrategia presidencial de tensionar
los resortes con el PRI, a quien beneficia directamente es a Manlio Fabio Beltrones.
El factótum del PRI tiene ahora todo el espacio para impulsar su propia reforma
política y su candidatura presidencial. O Felipe Calderón es su aliado o no
mide los efectos colaterales de sus decisiones. Dentro del PRI, el resto de jugadores ven con reserva el fortalecimiento de Manlio Fabio. Alimentan la tesis de
que no gana una elección. Hay encuestas y columnistas que cierran ese circuito.
Federico Berruelo, apunta en esa dirección. En su artículo del domingo pasado
en Milenio diario escribe: ―Hace unas semanas Alejandro Moreno de Reforma, uno
de los encuestadores más confiables, corroboró que con el único candidato con el
que el PRI perdería sería Manlio. La guerra interna contra el senador parece tener
el escudo protector del Presidente. Si Felipe Calderón hace esto de manera
consciente para que en 2012 el candidato de su partido enfrente al supuesto adversario
más débil del PRI, está haciendo bien las cosas. Pero si estos cálculos no
aparecen, entonces Manlio Fabio es beneficiario de los errores del Presidente.
En
séptimo lugar, lo que vemos no es más que la puesta en marcha de una estrategia
de tres camarillas políticas incrustadas en el poder de un régimen estructuralmente
débil y corrupto, que ven amenazados sus privilegios: 1) la del SNTE que domina
Elba Esther Gordillo; 2) la del ex presidente Ernesto Zedillo; y 3) la de Los
Chuchos en el PRD. Nunca como en los gobiernos panistas, Elba Esther Gordillo
controló tantos espacios de poder: el ISSSTE, la Lotería Nacional, la subsecretaría
de Educación Básica, diputaciones y senadurías, un partido político nacional.
Nunca un ex presidente de México había gozado de tanta influencia y prestigio
como Ernesto Zedillo. Nunca como ahora una organización de izquierda se había
declarado partidaria de la derecha más atrasada, intolerante, corrupta y autoritaria.
En
octavo lugar hay que anotar que el proyecto aliancista del 2010 no es más que
un experimento político de la derecha. Calderón busca una cesión anticipada de
poder que garantice a él, a su familia y a su grupo compacto, un retiro
tranquilo del poder, con absoluta impunidad.
En
noveno lugar, Jesús Ortega, en su transparente medianía, no se ha dado cuenta de
que el proyecto aliancista es, sencillamente, indefendible. Sus argumentos más
que ingenuos son una expresión de vacío intelectual cuando dice que `para
cruzar la calle, no se necesitan principios sino dos piernas´.
Sigue
Ortega: ‘No estamos haciendo alianzas estratégicas con el PAN, sino apoyando ¡frentes
insurgentes opositores! Llegar a un arreglo con Acción Nacional en contra de
estos señores de horca y cuchillo constituye una lucha progresista’. Si no tiene
razón, que la PGR interponga una demanda
de inconstitucionalidad en su contra, y que los señores de horca y cuchillo ya
no le inviten a la lucha progresista contra los gays, las lesbianas, las organizaciones
indígenas, el SME, el gobierno del DF, López Obrador, el Estado laico, y para qué
seguir con las demás causas de avanzada del PAN a las que con gusto se sumará
el PRD de Jesús Ortega.
Y, en décimo lugar, el Presidente de la República debe reconocer que no ay Congreso, Parlamento o Poder Legislativo en el mundo que apruebe las iniciativas de sus adversarios sin un trabajo previo de negociación y de convencimiento. No hay ninguna lógica racional en la idea de que, sin mayoría parlamentaria, el Presidente tendría una aprobación automática de sus iniciativas. Eso no ocurre en política, ni en México ni en Estados Unidos. Véase si no el proyecto de reforma sanitaria de Barack Obama. Cuando su partido pierde la mayoría en la Cámara de Representantes, el proceso de aprobación se para, porque los republicanos la vetan. ¿De dónde entonces sacó Felipe Calderón que el Congreso aprobaría, sin ninguna operación política de por medio, su propuesta de reforma política? Lanzarla como lo hizo al Poder Legislativo dominado por la oposición es despreciar la representación parlamentaria. Si a
esto se agrega su nueva guerra política contra los
partidos y en específico contra el PRI, el resultado no podría ser otro que el
veto a su iniciativa. ¿Esto es lo que quería el Presidente?”.
Porque
dígame una cosa ¿ ¿De
veras, de veras, Acción Nacional ha gobernado mejor que el PRI? ¿Eso cree Jesús
Ortega y demás engaña bobos?
No,
mire usted, el PAN con sus 70 años de vida –ya chochea- no aprendió a gobernar.
Desde el 2000, cuando Ernesto Zedillo entregó de manera pactada el poder a
Vicente Fox, el PAN adoptó una perversa doble ambigüedad: se tiró de a muertito
y no supo actuar como partido en el poder
y menos supo ser partido de oposición. Es más, todavía no aprende a ser un
partido de oposición. El PAN, con todas las células extremistas de la
ultraderecha que en él militan, se convirtió en una lacra social, al
privilegiar el encono y la división entre los mexicanos, bajo la falaz mentira
de que el PRI era “el peor de los males que le pudo haber ocurrido a México”.
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