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Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
lunes, 15 de febrero de 2010

 

  • Al morir don Luis Colosio se esfuma toda posibilidad de esclarecimiento del crimen de su hijo. Y es que don Luis era el único que solía ponerles banderillas en donde más duelen a los malosos y sin ambages, solía decir, cuando se refería al crimen de Lomas Taurinas, que “todos los caminos conducían a Los Pinos”. 
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  • Por: Alberto Vieyra Gómez

 

AMN.-Desde el pasado sábado 6 de febrero, cuando menos tres siniestros personajes de la vida nacional duermen a pierna tendida y sin tomar una sola gota de paciflorine o cualquier otro menjurge relajante para conciliar el sueño: Ernesto Zedillo Ponce de León, Carlos Salinas de Gortari y el francés José Córdoba Montoya. ¿Por qué? Veamos:

 

Víctima de neumonía murió don Luis Colosio Fernández y así el colosidio se perfila para seguir los pasos del caso Jonh F. Kennedy y muchos otros crímenes de estado. Y seguramente usted dirá: “uno menos”. Pues sí, pero no. Al morir don Luis Colosio se esfuma toda posibilidad de esclarecimiento del crimen de su hijo.

 

Y es que don Luis era el único que solía ponerles banderillas en donde más duelen a los malosos y sin ambages, solía decir, cuando se refería al crimen de Lomas Taurinas, que “todos los caminos conducían a Los Pinos”. Eso me dijo una vez, cuando era senador por Sonora y puse en sus manos un ejemplar de Los años macabros. Nunca más quiso hablar del tema. Sólo me dio un abrazo.

 

Pero don Luis dijo alguna vez a mi colega periodista Francisco Rodríguez: “Si me roban el reloj y después de unos días veo que usted lo trae en su muñeca, no me queda, sino pensar que usted fue quien se robó mi reloj” ¿Por qué decía esto el papá de Luis Donaldo? Lo decía porque así culpaba a Ernesto Zedillo de haber participado en el asesinato de su hijo.

 

Y es que Ernesto Zedillo fue beneficiario de dos tragedias: el crimen de Luis Donaldo y el dedazo de Carlos Salinas, aunque este se haya arrepentido para toda su vida de haberlo designado candidato presidencial sustituto en 1994, tras la macabra barbarie contra el candidato presidencial del PRI.

 

Para Salinas, Zedillo es el villano… cuando menos del llamado error de diciembre,  pues el ahora empleado de la globalización, proporcionó información privilegiada a inversionistas sobre una inminente macro devaluación en México, lo que desató una mayúscula fuga de capitales, al salir del país más de 9 mil millones de dólares, lo que provocó la catástrofe económica, que también fue producto de las altas tasas de interés en EU y sin faltar, por un gabinete presidencial de Zedillo de poca monta, que incluía a Jaime Serra Puche, como titular de hacienda y no a Pedro Aspe, quien según Salinas, garantizaba credibilidad y confianza ante inversionistas y organismos financieros internacionales.

 

En su librajo México, un paso difícil a la modernidad, de cuarenta capítulos, casi mil 400 páginas y con un peso de casi kilo y medio, Salinas nos dice: “Estoy convencido que, desde la presidencia, Luis Donaldo Colosio habría invitado a Pedro Aspe a permanecer en la Secretaría de hacienda, mucho más de lo que se supone ha padecido el país por la ausencia de Colosio y por el desplazamiento de Aspe”.

 

En dicho libro que fue retirado del mercado, a petición de una editorial canadiense, Salinas no baja a Zedillo de inepto, incapaz e irresponsable, además de traidor, “que tiene problemas con su origen” y eso lo hace ser un hombre rencoroso. ¿Qué quiere decir con eso de su “origen”? Pues nada, que el supuesto papá de Zedillo era postizo.

 

Salinas se dice arrepentido de haber designado a Zedillo como sucesor de Colosio, y no haber reparado en ese pequeño detalle de lo “rencoroso”. “Tiempo después –dice en el libro-, un ex colaborador mío me dijo, `debiste haber leído a Gregorio Marañón´. En Tiberio, historia de un resentimiento, Marañón escribió que el triunfo de alguien que alcanza el poder, lejos de curar al resentido, lo empeora, y es una de las razones de la violencia vengativa que el resentido ejerce estando en el poder“.

 

Y Zedillo, como todo buen resentido, nunca se curó y traicionó a Salinas. Culpable o no, entambó a su hermano incómodo Raúl durante 10 años, como responsable intelectual del crimen de José Francisco Ruiz Massieau, y para hundirlo urdió las más macabras y truculentas escenas, como fue el caso del cadáver del muerto de El Encanto y el uso de las siniestras artes del maleficio, a cargo de la llamada Bruja del Salinato, Francisca Zetina, La Paca.

 

De Manuel Camacho Solís, Salinas no dice ni pio. El ex regente de la ciudad de México suponía que él sería el candidato presidencial del PRI y como no lo fue, desde las montañas chiapanecas, donde fungía como comisionado para la paz, se dedicó a hacer la campaña contra la campaña, que dio al traste con el recorrido proselitista de Colosio. También Camacho Solís ya podrá dormir tranquilo.

 

Nada le salía bien a Colosio y pa´ colmo se encontraba en su ciclo número 7, que suele ser el más destructivo para los seres humanos, cuando están previos a cumplir años. Este 10 de febrero, Colosio habría cumplido 60 años y la campaña comenzó en enero, es decir, un mes antes de su cumpleaños.

 

Pero, Salinas también culparía a Zedillo de la debacle electoral del PRI en el 2000 y sobre el colosidio, simplemente dice que todo fue obra de un “asesino solitario”: Mario Aburto Martínez.

 

Así que muerto don Luis Colosio Fernández, ya no habrá nadie que se atreva a decir a Carlos Salinas que “está pelón saber quién mató al candidato”. Tampoco, don Luis podrá decir que fue la narco política y que “todos los caminos del crimen de Colosio conducen a Los Pinos”. Por eso, con la muerte de don Luis Colosio, es más que imposible saber a ciencia cierta quién mató al candidato presidencial. No faltará algún locuaz, que un día de estos, nos diga que Colosio se suicidó.

 

Como ocurre en todos los crímenes de Estado, la justicia suele ser ciega, torpe, y lo que usted le quiera añadir, sobre todo, cuando como en México, el colosidio fue manoseado por más de media docena de fiscales, entre ellos, el panista Antonio Lozano Gracia, quien sólo se prestó para echarle tierrita al asunto y decir a los mexicanos lo que había dicho el primer fiscal, Miguel Montes García, cuya sesuda conclusión rezaba que “todo fue obra de un asesino solitario”.

 

Don Luis Colosio se murió y el poder político no le hizo justicia.

 

-“Sí, justicia que se le ha negado a un hombre que se brindó con generosidad. Justicia que es el elemento que cohesiona a las sociedades, porque en torno de ella se forja la cultura, se escribe la historia, se repudian los actos que nos avergüenzan y se reconocen los hechos que nos engrandecen”, decía Colosio Fernández.

 

Pero, don Luis y la familia Colosio, tampoco vieron que la nueva clase gobernante panista, que tanto exigía su esclarecimiento, le hiciera justicia a los fregados desheredados de siempre. En el llamado discurso de la muerte, pronunciado el 6 de marzo de 1994, en el monumento a la Revolución y tras prometer que acabaría con los excesos de un ponzoñoso presidencialismo autoritario, Colosio hablaba de ese pueblo agraviado: “Yo veo a un México con hambre y con sed de justicia –frase del ilustre maestro de las frases célebres don Justo Sierra-, un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley, quienes deberían servirla”

 

Con voz bien impostada, como lo hacía cuando trabajó de locutor en la estación radiodifusora de Magdalena de Kino, Donaldo insistía: “Yo veo un México de mujeres que aún no encuentran las oportunidades que les pertenecen… Un México de empresarios de la pequeña y mediana empresa, a veces desalentados por el burocratismo, por el mar de trámites, por la discrecionalidad en las autoridades… Veo a un México de maestros y maestras, de universitarios, de investigadores que piden reconocimiento a su vida profesional, a la elevación de sus ingresos y condiciones favorables para el rendimiento de sus frutos académicos”.

 

Y Colosio siguió hablando del México de la desigualdad, de ese México injusto, de esa otra nación pobre y desamparada, la que no conocen, ni quieren conocer los ricos de esta patria mexicana y del capitalismo salvaje, ese que hoy, nuevamente ha puesto al mundo patas pa´ arriba con una severa crisis económica que amenaza con estallidos sociales.

 

Remataba Luis Donaldo “Yo veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobernantes que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota, que tienen esperanza y están dispuestos a sumar esfuerzos para alcanzar el progreso”.

 

Nada ha cambiado y por el contrario, los males ancestrales se han agravado en este México de la injusticia, la desigualdad, la corrupción y la impunidad.

 

 
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