Política
Gobierno de minoria
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| Política - De Pe a Pa | |
| Escrito por Editorial AMN | |
| jueves, 16 de julio de 2009 | |
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AMN.- La degradación política en Méxicoes inocultable y alarmante. Desde la debacle electoral del 5 de julio, FelipeCalderón es el presidente del “haiga sido como haiga sido” más estructuralmentedébil por su cuestionado origen espurio. En otros tiempos del caos, los propiospanistas se habrían encargado de derrocar al régimen calderonista. En los tiempos del caos y de la era dela bala, bastaba con una asonada, un pronunciamiento militar o el golpe deEstado para echar de la presidencia de la república al ocupante en turno. Milagrosamente para México y gracias alas instituciones tan solidas que nos heredó el sistema priista y que permitenel autogobierno, es decir, que permiten que México se gobierne como el llanero solitito, Felipe Calderón sigue cobrandocomo presidente de México, pero los vacios de poder son inocultables y losllenan hasta los más chimuelos. A Calderón todos le disputan los espacios de poder.Algunos, como Vicente Fox lo tienen agarrado de donde más duele. Fox y ManuelEspino intentan quitarle el partido y con ello el control de su propiasucesión; el PRI eleva sus exigencias para sostener al gobierno desde elCongreso; y la facción de la llamada “Nueva Izquierda” en el PRD, espera otromilagro presidencial para que su líder, Jesús Ortega, no sea defenestrado. Es inédito lo que ocurre en México. Lopeor es que Calderón es incapaz de poner orden en tantísima degradación.Veamos: El jueves, The Washington Post vierte una severacrítica al Ejército mexicano por abusos en materia de derechos humanos,tortura, desaparición y violaciones sexuales a mujeres; nuevos ejecutados enChihuahua confirman el horror paramilitar y el asedio del crimen organizado; lalista de guarderías subrogadas del Seguro Social, que después de tres semanasse hace pública, exhibe los negocios inmorales de la clase política. Desesperado, Felipe Calderón oferta laapertura de su gabinete y promueve el esquema de la cohabitación. Más que elpartido, al Presidente le interesa ya salvar su gobierno. El jueves 9 de julio, el mismo rotativo norteamericano asientaen un reportaje: “El Ejército mexicano ha cometido actos de desapariciónforzada, tortura y allanamientos ilegales en la persecución denarcotraficantes…”. The Washington Post fue contundente en susaseveraciones; golpea la línea de flotación del Felipe Calderón. El viernes 26 de junio del 2009, elSecretario General de la Organización de Estados Americanos –OEA-, José MiguelInsulza se lanzó a la yugular del gobierno mexicano y sostuvo que “fracasa en México la lucha antinarco” Insulza asevera que en el combate contrael narco no solo se fracaso, sino que se privilegio la represión. “Esto generoun crecimiento en el número de adictos y los carteles se transformaron enpoderosas amenazas a la seguridad hemisférica”, dijo el secretario general dela OEA. Por su lado diversas organizaciones nogubernamentales y defensoras de los derechos humanos de México y Estados Unidoscomo la Human Rights Watch,documentan que en la lucha antidrogas, el Ejército Mexicano ha cometido excesosque van desde la tortura, desaparición de personas y asesinatos. Por su lado, El Pentágono norteamericano, el 4 de julio también le arrimaría laleña al régimen calderonista al alertar de un peligroso aumento de lanarcoinsurgencia, en la que los carteles operan con tácticas guerrilleras através del terrorismo al que someten a sus víctimas para obtener millonariasganancias. Todo el rigor de la campaña mediática recaeen el Ejercito Mexicano. En Instituto Armado saca la peor tajada. Abrir elexpediente de la participación de las Fuerzas Armadas en la guerra contra el narcoy hacerlo desde Estados Unidos para exhibir el rol del Ejército mexicanocomo presunto transgresor de la ley, es un factor que modifica la lógica delproceso político y obliga a reflexionar un eventual cambio de posición deWashington respecto a la “guerra” del Presidente contra los narcos. Todo mundo ve el fracaso de FelipeCalderón en su fallida e hipócrita lucha antinarco, menos él. Sigue terco comolas mulas en mantener al Ejercito en las calles deteriorando su imagen antepropios y extraños. Públicamente los discursos de Washingtonson de reconocimiento, en los hechos, se limita el apoyo al gobierno mexicano yse le exige transparencia. Que hoy esté el Ejército en el centro del debateinternacional debe preocupar a los generales y convocarlos a reflexionar suactual beligerancia en un frente de batalla esencialmente política. Si lasformas y el fondo se descuidan, la principal línea mediática y de gobiernopuede modificarse rápidamente. A los militares mexicanos no les gusta laexposición pública. Hoy, son la institución más expuesta y también la másvulnerable. El Ejército mexicano está en el centrode la controversia. No sólo por el caso que se ventila en la CorteInteramericana, sino por los señalamientos que se hacen desde los principalesmedios e instituciones de Estados Unidos. ¿No que a los politicastros mexicanosles importa mucho lo que diga la prensa y el gobierno de gringolandia? Pero para no ir tan lejos, basterecordar que hace una semanas, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos,documento un denso informe sobre violaciones a civiles en varios estados de laRepública en las que participan militares. Hoy mismo el debate se alimenta entorno a la conveniencia o no de mantener el fuero militar. La discusión pública sobre el InstitutoArmado nada tiene que ver con reconocer su papel en la “guerra” de Calderóncontra el narcotráfico, cuando debió privilegiar la economía y la creación deempleos, sino con prácticas de tortura,violaciones a los derechos humanos, opacidad institucional y, sobre todo, conun aspecto crucial en el que el alto mando castrense no está dispuesto a cederun ápice: el fuero militar. Para algunos analistas este fuero “…haservido para construir un sistema de justicia sin transparencia…no paracastigar delitos y abusos por parte de las fuerzas armadas”. Ese fuero, estodavía más ponzoñoso que el de diputados, senadores, gobernadores ypresidentes de la república que suelen usarlo solo como una patente de corsopara hacer barbaridades. El tema, es el más sensible para lasFuerzas Armadas. En el mes de febrero pasado, el secretario de la DefensaNacional, general Guillermo Galván Galván, fijaría la posición oficial alrespecto: “El fuero de guerra –órbita de la justicia militar- es plena garantíadel imperio de la ley. Nunca cobijo de impunidad. A partir del primer día deservicio y aún en situación de retiro, los soldados permanecemos sujetos a lasnormas que rigen la conducta civil y militar. Comportamientos que tenemos laobligación de acreditar todos los días, para disponer de autoridad legal ymoral hacia nuestros subalternos. Para aquellas voces que claman por abolir elfuero de guerra, les decimos: que éste, es la jurisdicción donde se previene elquebrantamiento de la disciplina militar y se ejercen penas ejemplares paraquienes la transgreden”. Lo menos que puede decirse del fueromilitar es que resulta un tema de controversia, insostenible frente a lasdenuncias de violación a derechos humanos y libertades civiles. Un asuntosensible, ciertamente pero no sólo para los militares, sino para la sociedad ensu conjunto. Pero lo que conviene precisar es el tamaño del desafío que hoytiene Calderón respecto al Ejército. Sería bueno que los altos mandoscastrenses se preguntaran: ¿Qué es más importante, el fuero militar o eldesprestigio del Ejercito Mexicano por incursionar en tareas que no les facultala Constitución? Que el Ejército Mexicano esté en elcentro de la controversia nacional e internacional; que sea señalado no por suheroica lucha contra los narcotraficantes mexicanos, sino por sus presuntasviolaciones a los derechos humanos y libertades civiles, lleva a reflexionar supapel en el diseño de los programas de seguridad pública nacional. El gobiernocarece de margen de maniobra y no cuenta con estrategia de reemplazo. Para FelipeCalderón los militares son todo. Si cambia la lógica de su administración,cambiará también la viabilidad de este gobierno. |
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