Política
De Pe a Pa
Otra vez la barbarie
| Otra vez la barbarie |
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| Política - De Pe a Pa | |
| Escrito por Editorial AMN | |
| martes, 29 de junio de 2010 | |
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AMN.- En la década de los veintes del siglo XX, el país fue gobernado por una de las oligarquías más sanguinarias del México post independentista y post revolucionario: la oligarquía sonorense, encabezada por Plutarco Elías Lucero Calles, Álvaro Obregón Salido, Benjamín Hill, Abelardo L. Rodríguez y al y tal, quienes se sentían los salvadores de la Revolución Mexicana y como habían estudiado en escuelas pochas en EU, creían ser los primeros tecnócratas. Durante el reinado de esa sanguinaria oligarquía sonorense, fueron asesinados en México 8 mil 200 mexicanos, entre ellos, el Presidente Venustiano Carranza Garza, Francisco Villa, el general Francisco Serrano, el propio manco de Celaya, y muchos más que estorbaban en el objetivo de lograr sentarse en la silla presidencial. Eran los tiempos de la bala y cuando hablaban las pistolas. La oligarquía sonorense llegó a acuñar una infame filosofía que ultrajaba a los mexicanos de aquel entonces, pues como ellos se consideraban hechos a mano y bordados en oro, por haber estudiado en EU, los habitantes, principalmente, del centro y sur del país, eran la gran “indiada” de México. ¿Por qué traigo a la memoria estos hechos de sangre y de barbarie? Muy simple: en la era de los regímenes de la derechona panista, esa barbarie que se creía no se volvería a repetir en México, ha sido superada con creces. Ha vuelto la era de la bala y nuevamente las pistolas hablan y de ello hace apología del crimen una desnacionalizadora televisión. Baste decir que hasta enero del 2010, según el informe secreto del régimen calderonista, enviado al senado de la República, sumaban 23 mil 700 ejecuciones a manos de las grandes mafias del narco crimen y se cree que en este momento sobrepasan los 25 mil. ¿No es esto una catástrofe que nos exhibe ante el mundo como una sociedad bárbara y con un Estado fallido? También se creía que los crímenes políticos de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI y el secretario de ese partido, José Francisco Ruiz Massieu, en 1994, serían los últimos de ese México bárbaro. Pero no. La violencia política es el PAN nuestro de cada día. La violencia ha sido el sello distintivo en las campañas electorales en los 12 estados en los que habrá comicios para renovar las gubernaturas dentro de 5 días. Un primer aviso de las mafias -¿o de un Estado gangsteril y mafioso?- ocurrió al inicio de la campaña en Chihuahua, cuando la caravana del candidato a gobernador del estado más grande de México -con casi 258 mil kilómetros cuadrados-, Cesar Duarte, fue tiroteada aparentemente por militares, pero felizmente no hubo desgracias que lamentar. El jueves 13 de mayo, el candidato panista a la alcaldía de Valle Hermoso, en Tamaulipas, Mario Guajardo Varela fue asesinado a tiros y encontrado en una de sus empresas. Tamaulipas, la meca del cártel del Golfo y los Zetas se ha caracterizado en los últimos seis años por ser un estado políticamente violento. El 29 de noviembre del 2007, el ex presidente municipal de Río Bravo, Juan Antonio Guajardo Anzaldúa, murió al recibir varios disparos junto a cinco personas que lo acompañaban, entre ellos su hermano Juan de Dios. En 2004, un precandidato del PRI a la alcaldía de Méndez, Rafael Barrientos, fue asesinado también a balazos, cuando viajaba de San Fernando a esa comunidad. La barbarie en Tamaulipas, volvió a enseñar ayer su rostro fiero, cuando Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI al gobierno de Tamaulipas, fue asesinado a balazos en la carretera Ciudad Victoria-Soto La Marina, junto con su jefe de escoltas, tres guardaespaldas y el diputado local Enrique Blackmore. El atentado a balazos ocurrió a la altura del Parque Científico y Tecnológico Tecnotam, cuando la comitiva de campaña se dirigía al aeropuerto Pedro José Méndez, de Ciudad Victoria, para continuar los cierres regionales de campaña que inició la víspera en la zona sur del estado. La matazón ocurrió, pues, en plena ciudad, y nadie que dé razón de los sicarios a los cuales parece habérselos tragado la Tierra. En el lugar, a unos 10 kilómetros al oriente del aeropuerto, fueron encontradas las dos Suburban en donde viajaba el candidato, su comitiva de campaña y sus escoltas. ¿Qué nos dice esta barbarie? No deja lugar a dudas de que el Estado, depositado en un gobierno de extracción panista no sirve. Ese Estado no es capaz de garantizar en lo más mínimo, las vidas y los bienes de los mexicanos. En México impera la ley de la selva, la ley de la bala. No hay gobierno. ¿Hasta cuándo el régimen del “haiga sido como haiga sido”, entenderá que la absurda e hipócrita lucha que mantiene contra los cárteles del narcotráfico sólo ha convertido a México en una nación que se desangra dramáticamente? ¿Ese es el precio que quiere la actual oligarquía gobernante y todo por obedecer ciegamente los dictados de los halcones de Washington, que todos los días ordenan que la guerra contra las drogas se lleve a cabo en territorio azteca y no en el suyo, donde existe una narco sociedad estimada por Hillary Clinton, la secretaria de Estado norteamericana, en más de 35 millones de narcodependientes? ¿Tiene sentido que siga esa lucha, que ha llevado a México otra vez a la barbarie? ¿Hasta dónde se quiere llegar? ¿Esa oligarquía gobernante querrá llevar a México a un estado de excepción y cancelar las próximas elecciones presidenciales, a sabiendas de que los candidatos no tendrán ninguna seguridad de que terminarán vivos la campaña electoral? ¿De qué sirve la virtual militarización de algunas entidades de la República? ¿Qué perversos intereses oligárquicos son los interesados en llevar a México por esa hoja de ruta? ¿Acaso los casi 14 mil empresarios de filiación panista que no pagan impuestos, porque costearon la campaña presidencial del actual inquilino de Los Pinos, y lo sentaron en la silla presidencial, mediante una guerra sucia sin precedentes y “haiga sido como haiga sido”, después de dividir a los mexicanos? ¿Está la mano pachona y metichona del Tío Sam, creando esta insana ebullición política, a sabiendas de que el PAN no podrá refrendar la presidencia de la República para el 2012? ¿Tiene sentido que continúe esa absurda lucha anti crimen? ¿Por qué no pactar con la mafia, si ello ocurre en todas las democracias del mundo? ¿Qué no en Nápoles, donde impera La Camorra, “la política es camorra y la camorra es política”, y todos viven bien y no hay matazones como en México? ¿Qué no el régimen priísta recurrió a las reglas de oro no escritas entre el Estado y la mafia? ¿Había la barbarie que hoy impera? No, simplemente cuando algún mafioso trastocaba alguna regla de oro no escrita, su cadáver era encontrado en el río Tula y Arturo Durazo Moreno, y el llamado policía político de México, Fernando Gutiérrez Barrios, se las sentenciaban a otros, que si trastocaban esas reglas de oro, correrían la misma suerte y lo más interesante es que se sabía quiénes eran y en dónde estaban esas mafias. Hoy, esas mafias parecen haberse incrustado en la médula del Estado mexicano.
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