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Radiografía de la sociedad del buey PDF Imprimir E-Mail
Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
jueves, 03 de junio de 2010

Vestidos con una moda que dista mucho de serlo, desfajados, arrugados, con los tenis sueltos, micro-faldas, aretes en el ombligo, en los labios, la lengua, los pezones y los labios vaginales, que demuestran cómo se autodestruyen esos seres humanos, peinados "despeinados" con abundante gel que asemejan muchas veces ser peinados con alambres de púas, o rendir culto a la despersonalización, pintándose el cabello de mil colores, como el bote de pintura para el grafiti, que nunca falta en la mochila. Así es la sociedad del buey.

Por: Alberto Vieyra Gómez

AMN.- Un amigo lector de esta columna, el psiquiatra Cesar Mella, me envía lo que podría ser la radiografía de la sociedad del buey:
En las mañanas, hay que llamarlos varias veces, para llevarlos a la escuela. Se levantan con un genio de los dos mil demonios, pues se acuestan muy tarde hablando por teléfono, viendo tele, jugando el play o chateando.
No se ocupan de que su ropa esté limpia, no arreglan sus cosas de la escuela, y mucho menos ponen un dedo en nada que tenga que ver con arreglar algo en el hogar.
Idolatran a sus amigos y viven poniéndoles 'defectos' a sus padres, a los cuales acusan a diario de que 'están chocheando' y no entienden nada de modernidades. Que se quedaron en el siglo pasado, que no entienden a la chaviza, que son unos anticuados, porque prefieren la música de los Beatles, de Teen Tops, Rebeldes del Rock, Napoleón, José José, Leo Dan, Angélica María, Ana Gabriel, Juanga, el Buki, Los Temerarios, La Sonora Santanera, en lugar de estar en onda con el reggaetón, el pop rock, hip-hop, electrónica, o la sonidera, para andar con el estéreo a todo lo que da, escandalizando por donde quiera que circulan y todavía le dan a todo volumen cuando llegan a sus casas para que todo mundo sepa que ya llegaron.

No hay quien les hable de ideologías, de moral y de buenas costumbres, pues consideran que ya lo saben todo, y que son unos "fregones" y por ello se sienten la divina envuelta en huevo. Sienten que pueden comerse la lumbre a puño.

Hay que darles su 'semana' o `mesada´ casi obligatoriamente y por adela, de la que se quejan amargamente y a cada rato, porque "eso no me alcanza", y aparte, siguen pidiendo más dinero el resto del mes.
Si son universitarios, siempre inventan exámenes raros o paseos de fin de semana, que lo menos que uno sospecha es que regresarán con un embarazo, atascados de bebidas embriagantes o habiendo fumado un "churro" de marihuana -los más sanos-.
Definitivamente estamos rendidos y la tasa de retorno se aleja cada vez más, pues aún, el día en que consiguen un trabajo hay que seguir manteniéndoles, y dejándolos vivir en nuestra casa.
Me refiero a un segmento cada vez mayor de los chicos de capas medias urbanas que bien pudieran estar entre los 16 y los 26 años y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos, constituyen un verdadero dolor de cabeza.
¿En qué estamos fallando? Para los nacidos entre los años cuarentas y setentas, el orgullo reiterado es que se levantaban de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo, que tenían que limpiar la casa, lavar los trastes, que lustraban sus zapatos, algunos fueron limpiabotas y repartidores de periódicos, otros llevaban al sastre o a la modista la ropa que elaboraba mamá. Vendíamos bocadillos, chicles de a veinte centavos, pedíamos volos en las iglesias, lavábamos coches, le hacíamos de cerillos en las tiendas de autoservicio, cargábamos tamañas bolsotas del mandado en los mercados, vendíamos frituras que se realizaban en casa o teníamos un pequeño salario en la iglesia en donde ayudábamos a oficiar la misa cada madrugada, ayudábamos a la vecina a tirar basura, hacíamos "mandados" por una propina, o hacíamos toda aquella tarea que nos indicaran nuestros padres "sin chistar" -porque ¡hay de aquel que lo hiciera!-. ¡Esa era cultura del esfuerzo! Hoy, es la vida fácil.
Lo que le pasó a nuestra generación es que elaboramos un discurso que no nos dio resultado: "Yo no quiero que mi hijo pase las penurias que yo pase. Yo quiero para mis hijos una vida digna, sin tanto esfuerzo. Yo quisiera tenerlos en un nicho para que nada les pase y nadie los toque”.
¿Usted por qué tiene lo que tiene? Porque le costó esfuerzo, sacrificios, se chingó. Así es como se aprende a valorar los esfuerzos de los padres, y no acostumbrar a nuestros hijos a recibir todo con sólo estirar la mano, creyendo que se lo merecen todo y de paso, no valoran este sacrificio.
Nunca conocieron la escasez, se criaron desperdiciando todo, creyéndose el centro del universo. A los 10 años ya habían ido a Disney World dos veces, a Hollywood para ver el mundo mágico de Disney, habían ido todas las veces que habían querido a Six Flags, o a los mejores balnearios, que tienen mar artificial con olas gigantes, habían celebrado sus cumpleaños con tamaños pastelotes y juegos inflables, a cuya tertulia invitaban a todo un regimiento. Ya exigían ropa "de marca", comprada en las mejores tiendas para presumir a su novio o novia. Cuando nosotros a los veinte no sabíamos lo que era tener un pasaporte, haber salido a dan un paseo en trajinera por Xochimilco o las pirámides de Teotihuacán, menos íbamos a conocer la pirámide de Chichen Itza o las playas de Cancún. A las 10 de la noche era un horario adecuado para regresar a casa.

El 'dame' y el 'cómprame' siempre fueron generosamente complacidos y ellos se convirtieron en  habitantes de una cómoda pensión, con todo incluido: TV, DVD, equipo de sonido, Internet, comer en la cama, ropa limpia y planchada, refrigerador lleno, comida chatarra a la hora que se les pegue la gana, previo berrinche, recogerle el reguero que dejan porque siempre se les hace tarde para salir y aparte siempre se regresan por algo que se les olvidó.

Luego, pretendimos que fuera un hogar y exigimos. Entonces, nos preguntamos, ¿por qué nuestros hijos se aíslan, no comparten con nosotros, por qué no se comunican? ¿Cualquier cosa es mejor que sus padres o una actividad familiar?

Vestidos con una moda que dista mucho de serlo, desfajados, arrugados, con los tenis sueltos, micro-faldas, aretes en el ombligo, en los labios, la lengua, los pezones y los labios vaginales, que demuestran cómo se autodestruyen esos seres humanos, peinados "despeinados" con abundante gel que asemejan muchas veces ser peinados con alambres de púas, o rendir culto a la despersonalización, pintándose el cabello de mil colores, como el bote de pintura para el grafiti, que nunca falta en la mochila.Pero, lo más grave, usan un lenguaje lisiado, desastroso, totalmente inadecuado, en el que con una sola palabra repetida en más de un centenar de veces en pocos minutos, como es el socorrido término de “guey” pa´ acá, “guey” pa´allá, “guey” pa´ acullá, que lo usan para todo e ignoran al mismo tiempo que el idioma español es el más hermoso y más completo del mundo.
¿Quién les suministro todo eso a nuestros hijos? Nosotros mismos, solitos y sabiendo que no estaba bien. No les enseñamos el buen gusto por la música, por la comida sana y nutritiva, por el buen vestir, el bien hablar, el sano principio de compartir con los demás los dones de la vida, y menos les enseñamos valores fundamentales como el respeto, la equidad de género, honestidad, fidelidad, lealtad, solidaridad, responsabilidad, amistad, amor y humildad.
Al final, se marchan a la conquista de otros mundos, porque en México no pudieron conseguir los satisfactores soñados en una economía injusta que fue diseñada para que no haya crecimiento de las naciones y en cambio, mucho sufrimiento en los pueblos. Se van en busca de una pareja y vuelven al hogar divorciados, o porque la cosa 'se les aprieta' en su nueva vida.

Tenemos que replantear todo, para evitar el desastre de la patria mexicana. Tenemos que trabajar mucho para forjar a la nueva sociedad con valores que la unan y no que la dividan, como parece ser el propósito de los gobernantes, de una economía globalizada y de unos partidos políticos que lejos de cohesionar a la sociedad, se han convertido en lacras sociales para dividirla y enfrentarlaLos que tienen hijos pequeños, pónganlos a lavar los carros y a limpiar sus zapatos, que ayuden a todo. Hay que enseñarlos a que todo se gana con esfuerzo en la vida. Y algo muy importante: hay que mantenerlos siempre en terapias ocupacionales, para alejarlos de los opios de la televisión: el futbol, las telenovelas, las caricaturas y los juguetes violentos. Que no tengan acceso a la apología del crimen que hace la llamada caja idiota y la desnacionalizadora radio, para evitar que llegue a sus ojos, sus oídos y su boca, la comida chatarra, que ha provocado en México el gran desastre de salud pública, pues por ello somos campeones mundiales en obesidad infantil y segundo lugar a nivel global, en obesidad de adultos.

 
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