Política
De Pe a Pa
Un mundo vagabundo
| Un mundo vagabundo |
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| Política - De Pe a Pa | |
| Escrito por Editorial AMN | |
| lunes, 01 de marzo de 2010 | |
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Quienes se aventuran a iniciar una nueva vida en otro país son los más jóvenes y educados. Sólo el 10% de quienes sueñan con emigrar tiene más de 35 años, mientras que el 22% tiene entre 15 y 34 años.
Por:
Alberto Vieyra Gómez
AMN.-Vivimos en un mundo vagabundo. Si viviera Francisco Gavilondo Soler Cri cri, nos diría que el planeta tierra debería llamarse el planeta queja. Y es que, mire usted, los güeritos quisieran ser prietitos, los prietitos quisieran ser rubios; las chinas quisieran ser lacias y viceversa; las rubias quisieran tener pelo quebrado y las morochas quisieran tener la greña de las güeritas; los gordos quisieran ser flacos, y los flacos quisieran tener más carnes; los altos quisieran ser chaparros, los chaparros quisieran ser altos, los pobres quisieran ser ricos y los ricos quisieran ser más ricos y los estudiosos e inconformes de todo y por todo quisieran irse a otro país, porque el suyo no les gusta por mil razones.
Se lo cuento, porque la empresa Gallup acaba de hacer una encuesta global, que me deja perplejo, pues arrojó que más de 700 millones de seres en el mundo –somos casi 7 mil millones de piochas que habitamos en la tierra-, son vagabundos, es decir, que son capaces de dejar su país con el fin de ir en pos del sueño americano y de mayores oportunidades en otras latitudes del mundo.
La encuesta realizada entre 2007 y 2008, en 135 naciones, arrojó que el 16% de la población mundial en edad adulta se quiere ir de su país. Esto quiere decir que 700 millones de personas, más que toda la población del continente americano, dejarían su país para siempre si tuviesen los medios para hacerlo.
Los investigadores de Gallup aclaran que estas respuestas reflejan aspiraciones más que intenciones, y que sólo una fracción de quienes desean emigrar lo hacen. Pero, en todo caso, las fuerzas que empujan a cientos de millones de personas a desear abandonar su tierra son lo suficientemente potentes como para que, en muchos países, el cómo, cuándo y adónde emigrar se haya convertido en un tema recurrente de las conversaciones cotidianas.
Según el estudio, una de las razones primordiales por las que la gente abandona sus países de origen es la inseguridad pública, salvo en casos extremos, donde la guerra o la carestía material hacen que marcharse sea la única forma de sobrevivir. El hambre. La emigración no es para todos.
Lo lamentable del caso, es que, en general, quienes se aventuran a iniciar una nueva vida en otro país son los más jóvenes y educados. Sólo el 10% de quienes sueñan con emigrar tiene más de 35 años, mientras que el 22% tiene entre 15 y 34 años. El 40% tiene educación secundaria o superior y sólo un 11% no terminó la secundaria. Pero el principal factor que define a quienes desearían mudarse a otro país es que tienen familiares y amigos que ya emigraron y con quienes se mantienen en contacto.
Gallup encontró que el 59% de quienes respondieron que les gustaría emigrar tienen o han tenido en los últimos cinco años un familiar viviendo en otro país, mientras que sólo el 13% no tiene a nadie en el exterior con quien pueda contar.
"¿Cuál es tu Plan B?" es una pregunta que en muchos países se hace con una trágica naturalidad. Todos saben que el Plan B significa irse del país. En Venezuela, Guatemala, Nicaragua o Ecuador, prepararse para la triste pero inevitable contingencia de tener que emigrar cuando la ya precaria situación se haga insoportable forma parte de la experiencia de la clase media.
Si bien la mala situación económica y la falta de oportunidades son fuertes motivaciones para emigrar, cada vez más la inseguridad personal -los frecuentísimos robos, secuestros y asesinatos- se convierte en el detonante de la decisión de abandonar la patria.
"Estoy dispuesto a no tener todo lo que me gustaría tener" -dice Arturo, un joven profesional guatemalteco-, "pero no quiero vivir con miedo de salir a la calle. Por eso me fui". Elena, que es venezolana, ingeniera industrial y la primera persona de su familia que obtuvo un título universitario, cuenta que decidió emigrar después de que la violasen... por segunda vez. "La primera vez fue muy traumática, pero decidí que no les daría el poder de cambiarme la vida. Me mudé de Maracaibo a Caracas. Un año después, saliendo del cine con mi novio, nos hicieron un secuestroexpress; nos tuvieron en un carro toda la noche obligándonos a sacar dinero de los cajeros automáticos, me violaron varias veces y a mi novio le dieron una terrible paliza. Eran militares. Pocos días después me fui a Miami, donde sigo ilegal, trabajo como camarera y vivo en un cuarto alquilado. No volveré más nunca".
Hace pocos días, Javier Aguirre, el entrenador de la selección mexicana de fútbol, anunció en una entrevista que se iría del país porque vivir en México se le hacía intolerable debido a la inseguridad.
Arturo, Elena y Javier Aguirre son el tipo de gente con la cual se construye una sociedad decente y próspera. ¿Decidieron ellos irse o su país los expulsó? No importa. El hecho es que sus respectivos países ya no cuentan con su talento. Y lo que más importa es que millones como ellos están pensado en irse, y que esos sueños de emigración atenúan su compromiso con su nación y acortan su horizonte temporal. Quienes piensan en emigrar no tienen muchas razones para tener proyectos de largo plazo en un lugar que quizás abandonen. Éste es el empobrecedor proceso que transforma a los ciudadanos de un país en meros habitantes de su territorio. Y cuando un país tiene más habitantes que ciudadanos, su futuro no puede ser bueno.
El ejemplo más patético en América Latina lo tenemos en México. Alrededor de 700 mil compatriotas cruzan anualmente el río bravo a partir del 2000, parámetro que refleja la desastrosa situación económica por la que atraviesa el país y la desesperación de millones de mexicanos, sobre todo, jóvenes que al salir de las universidades se encuentran un futuro sombrío y no ven la luz en el tenebroso túnel de la incertidumbre.
Cada año, México pierde a por lo menos 5 mil científicos y profesionales que emigran al extranjero por falta de oportunidades de empleo, aunque datos diversos sostienen que entre 2000 y 2010, han salido de México, más de millón y medio de jóvenes profesionales, lo que constituye todo un fenómeno de fuga de cerebros. Este peligroso fenómeno, le ha hecho ganar a pulso a México, el titulo de ser un país descerebrado.
De
acuerdo con estudiosos de la UNAM y cifras de la SEP, ese fenómeno ocurre desde
1970, pero desde hace nueve años se ha acelerado. Actualmente, unos 600 mil
mexicanos con alto nivel académico trabajan en otros países, especialmente en
Estados Unidos, indican los datos oficiales.
¿Qué gobernante será capaz de revertir este pernicioso fenómeno que nos condena a vivir en la era rupestre, y todo porque nuestros gobernantes lacayos de la Casa Blanca, del color o sabor partidista que sean, han sido incapaces hasta hoy, de hacer de México una nación de oportunidades y “bienestar para todos”, como rezaba el slogan de campaña zedillista?
Por lo pronto, el “Presidente del empleo”, vislumbra en su bola de cristal, o tal vez sus oráculos le dijeron que México será un paraíso -el paraíso que han prometido a los mexicanos en los últimos 27 años-, pero para el año 2030. Véase el cúmulo de demagogia que derrochó Felipe Calderón para hacer semejante predica “Para ello se tiene previsto que en 2030 se hayan creado más oportunidades de desarrollo, un país más independiente, libre y soberano (sic), con la seguridad pública y jurídica suficientes para dar certidumbre a sus habitantes, y en el que se protejan los derechos de cada uno de los mexicanos”. Hasta dentro de 20 años, Calderón ve a un México más justo y seguro. ¿De cuál jumó? ¡Jojojojo! |
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