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¿Puede fracasar el gobierno de Calderón? PDF Imprimir E-Mail
Política - Política
Escrito por Editorial AMN   
jueves, 28 de enero de 2010

 

  • Al establecimiento político sus errores comienzan a pesarle demasiado. Es una situación difícil que confirma que el gobierno no se ha consolidado en la dirección política del país. Carece de un plan general de gobernabilidad democrática.
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  • STRATEGOS CONSULTORES

¿Puede fracasar el gobierno  mexicano? Mantener la complicada marcha de laadministración ¿responde a las expectativas que generaron los grupos que apostaron por la continuidad política después del foxismo? ¿Cuáles son,  en esencia,  los factores estructurales de apoyo del establecimiento  calderonista?¿Está Washington satisfecho con la  hoja de ruta que han tomado los problemas de conducción y  de  gobernabilidad en México? ¿Tiene el PRI incentivos paramantener su alianza de facto con el gobierno? ¿Está el Ejército en condiciones de aceptar que sea la institución que sufra el mayor desgaste en una compleja guerra que a la distancia se observa  ya  sin camino de retorno? ¿Qué lecturas ofrece la estridencia política, la protesta sindical y la inconformidad social que han tomado derecho de residencia en el país? ¿Puede el gobierno sortear exitosamente un escenario de lenta recuperación económica? ¿Es sensatopensar que la marcha del país puede   ¿Puede fracasar el gobierno de Calderón?¿Es sensato pensar que la marcha del país puede mantenerse con los frágiles equilibrios de los últimos años?

 

El gobierno es un ente estructuralmente débil: carece de una relación orgánica con los círculos de poder del PRI; no ha resuelto la ruptura con el cónclavefoxista; hay distanciamiento con los cacicazgos sindicales que contribuyeronsignificativamente a su encumbramiento; y, la izquierda social sigue sin reconocer su legitimidad.

 

Al establecimiento político sus errores comienzan a pesarle demasiado. Es una situación difícil que confirma que el gobierno no se ha consolidado en la dirección política del país. Carece de un plan general de gobernabilidad democrática.  

 

¿A qué mecanismos puede recurrir para sortear la crisis estructural del sistema económico y de régimen político? Luego del estrepitoso fracaso de la estrategia militar, ¿qué sigue? ¿Más militarización o repliegue  del Instituto Armado? El PRI le está exigiendo rectificar el camino. En el Congreso, parlamentarios del Revolucionario Institucional han puesto de manifiesto que no comparten la estrategia presidencial que hace al Ejército víctima de una guerra en la que constitucionalmente no debe estar como principal frente de batalla.

 

Con Vicente Fox el Ejército sufrió el embate de la fiscalía especial para delitos cometidos en el pasado. Aunque no se llegó a resultados espectaculares, fueron años en que se cuestionó su papel en la lucha contra los movimientos subversivos de los años sesenta y setenta. Como entonces, ahora el Ejército sólo acata órdenes del gobierno civil, pero al PRI jamás se le habría  ocurrido juzgar alos militares como lo hizo el anterior gobierno del PAN.

 

La oposición en el Congreso pide al Ejecutivo alejarse del Ejército, lo que ensentido llano y práctico significa su claudicación. El gobierno está solo y hayquienes piensan ya en  la fatalidad del sexenio corto, más cuando se abre la peor línea de ruptura con el PRI el de las alianzas inconfesables entre la derecha y las izquierdas. Quieren derrotar al PRI con un exceso de pragmatismo. Pero lahistoria cuenta y más cuando se trata del Ejército.

 

En mayo de 2007, el PAN en la Cámara de Diputados quiso derogar la Ley de Neutralidad. Aprobó el dictamen en la Comisión de Defensa Nacional, pero el PRI se opuso. La derogación de esa Ley habría permitido a Estados Unidos utilizar el territorio nacional para desplegar sus operaciones militares geoestratégicas.  

 

 ¿Qué llevó al PAN a tomar esa iniciativa e impulsarla  en el Congreso? ¿Por qué intentó derogar una Ley que no estaba  relacionada con la agenda interna de ese partido?

 

El PRI tiene un problema de credibilidad en un segmento amplio del electorado mexicano, pero está reconstruyendo su relación con los factores reales de poder.

 

El PRI no sólo está demostrando que tiene suficiente músculo político, sino que posee claridad del escenario que mejor le acomodaría. Frente a la crisis inocultable de gobierno, hay un escenario que se construye a partir de pactos de poder entre diferentes factores. La finalidad sería ofrecer garantías y funcionalidad política en un contexto regional y global de cambios bruscos. Se trataría de mantener gobernabilidad interna y una alianza estratégica con Estados Unidos.

 

El PRI no es partido bisagra sino partido de gobierno. La reforma a la Ley del ISSSTE y la electoral lo confirman como la única organización capaz de generar los acuerdos políticos para reformar las instituciones. Se trata de un partido al que domina un grupo que sabe para qué es el poder y sabe también que el PAN no lo tiene.

 

Se vislumbra un reacomodo de factores reales de poder en torno al PRI que abren un escenario inédito para el mediano plazo: el de un acuerdo de facto para su regreso a Los Pinos aunque ahora el tema de las alianzas atípicas introduzca un ruido innecesario en ese mapa político.

 

Lo previsible es que las fuerzas reales de este país sigan en el proyecto de acotar al gobierno, a tal grado de que el verdadero factor de gobernabilidad y eficacia pública descansa crecientemente en el PRI.

 

Por otra parte,  la “guerra” contra el crimen organizado  lejos de mostrar la consolidación del gobierno, lo exhibe en su debilidad más extrema. No sólo representa una pérdida de  la estrategia, sino el inicio de reacomodos  que trastocan los equilibrios más sensibles de gobierno en varias entidades federativas.

 

El tema de la alianza entre el PAN y las izquierdas  demuestra, también, que el gobierno sigue en la búsqueda de apoyos estructurales que le permitan sortear la compleja situación que priva en el país.

 

¿Qué pactos debe proponer el gobierno a las fuerzas políticas del país? En la óptica de este Análisis, básicamente cuatro:

 

1.  Pacto nacional para el crecimiento a partir de una visión minimalista de la economía.

 

Se deben descartar las grandes reformas macroeconómicas. Es mucho lo que se puede hacer en el terreno de la microeconomía. Es allí donde se debe incidir, bajo un enfoque incremental de ajustes mutuos.

 

2.  Pacto nacional para reivindicar el Estado de derecho y la aplicación de la ley.

 

El gobierno requiere un consenso nacional para la aplicación de la ley. México no demanda una nueva Constitución, tampoco marcos legales diferentes. Lo que tiene debe aplicarlo. La observancia de la ley significaría un crecimiento adicional de la economía de por lo menos un punto porcentual del PIB. México podría crecer simplemente con que la ley se aplicara. Esto naturalmente demandaría quitar privilegios y, sin duda, provocaría nuevas fricciones políticas con sindicatos y grupos de poder económico. Sin embargo, este es el pacto que México más necesita y que menos se discute.

 

3.  Pacto nacional para establecer políticas de Estado que aseguren la viabilidad de México en el largo plazo.

 

Es tiempo de que el gobierno trascienda la coyuntura, para situarse ya en una visión estratégica, que justamente fue la que ofertó al país. El amplio horizonte se construye con políticas públicas e instituciones de Estado. Es fundamental un pacto nacional para la transición política y económica de México. Un pacto queesté más allá de cualquier interés de partido o de grupo.

 

4.  Pacto nacional para la creación de un nuevo orden político.

 

Es también urgente un consenso para visualizar los escenarios posibles y deseables del país en el largo plazo. El futuro de México está en la creación de nuevas instituciones y la emergencia de un nuevo régimen político. Esta es la base para ganar el futuro.

 

 

 

El gobierno echó mano del Ejército como único recurso para hacer frente al desafío del narcotráfico y del crimen organizado. La  estrategia fracasó y no hay plan de reemplazo.

 

El Ejército es el último recurso de la gobernabilidad y  la administración federal ya lo agotó. Más allá del Instituto Armado no hay nada. En estos momentos la pregunta fundamental es ¿cómo sorteará el Presidente  la segunda parte desu mandato con una fractura política con el PRI de pronóstico reservado y con problemas de gobernabilidad  colaterales que ya se registran?

 

Mientras el PRI fortalece los hilos de su poder desde el Congreso, el PAN entra a una zona de crisis envolvente que podría, incluso profundizar el colapso gubernamental. Al establecimiento político se le agotan las opciones de sobrevivencia: o rompe con el PRI para entrar a la definición de un nuevo modelo de gobernación o sigue sus dictados en detrimento del PAN y de la continuidad panista en el poder. En cualquier caso, su condición de debilidad estructural crea condiciones para el advenimiento del sexenio corto.

 

El gobierno tiene la posibilidad de que la descomposición social y política a raíz de la crisis de inseguridad genere una ventana de oportunidad que le permitareorientar la administración y plantear una nueva estrategia para el control efectivo de las variables políticas y económicas. El primer paso sería  que rectificara en su política de militarizar la seguridad pública, el segundo convocar a un Acuerdo para el Desarrollo Nacional.

 

Por razón de Estado, el régimen debe construir un puente de comunicación conAndrés Manuel López Obrador. La funcionalidad y persistencia en el poderdel grupo que actualmente  lo  detenta depende de su habilidad para acercarse al principal líder opositor del país. Si la incapacidad de comunicación política se mantiene y se agranda la distancia entre AMLO  y el establecimiento político, las circunstancias previsibles  son de mayor conflicto social.

 

A nadie escapa que el camino de reformar las instituciones es un proceso complejo y difícil que demanda talento político. La pregunta es si en el gobierno existe  esa orientación reformadora.

 

Afirmar que tenemos un gobierno reformador es tanto o más comprometedor  como desconocer la agenda de riesgos que el 2010 plantea al país.

 

Agotada la estrategia militar en el aspecto mediático, la administración se mueve hacia otra plataforma de sostenimiento. El esquema que a partir de ese momento se construye es el del gobierno reformador. ¿Lo es? Su mayor acierto es dejar hacer al Congreso.  En los últimos días propuso reformas racionales sin ningún sentido de la factibilidad. ¿Por qué el Presidente no operó la construcción de consensos en torno a sus nuevas iniciativas? La respuesta es simple: quiere exhibir al Poder Legislativo.

 

El gobierno quiere construirse una imagen de reformador, pero el contenidode su agenda no le ayuda a acreditar tal dimensión. Una administración monotemática que ha quedado atrapada en el discurso del combate al narcotráfico y que ha olvidado su  leit motiv  de campaña: la creación de empleos, tiene poco que ofrecer para la segunda mitad de su mandato.

 

La construcción de la gobernabilidad descansa en los medios de comunicación

y en una centralidad política básica.

 

El gobierno debe congeniar con un Congreso adverso y con un partidorenuente a asumir los costos de ejercer el poder. La administración parece enfilarse hacia una compleja disyuntiva: o abre la puerta de Los Pinos al PRI o enfrenta su virtual colapso.

 

Los errores del gobierno están ligados a dos factores principales: el primero, alhecho  de que los cambios propuestos no constituyen reformas de Estado. En otras palabras, las reformas hasta hoy aprobadas contribuyen al proceso de restauración política; el segundo error consiste en que la implementación de reformas responde a una lógica vertical y de centralismo político, una suerte de revolución desde arriba.

 

¿Es el nuestro un gobierno reformador? La administración carece objetivamentede los atributos para serlo. Sus reformas no promueven la igualdad socioeconómica; no existe en sus iniciativas una función de bienestar 

 

social, ni de interés público real. La estructura de sus propuestas está ligada a conveniencias de partido o de grupo.  El alto pragmatismo que impera en las alianzas anunciadas PAN-Izquierdas es ofensivo para el sentido común  de los ciudadanos.  Al carecer de liderazgo social,  el gobierno  depende de la estructura burocrática y del poder formal del Estado.

 

El gobierno está más cerca del perfil conservador: se opone a una reforma al modelo económico y acepta los esquemas corporativos de participación política. Un gobierno reformador es un promotor de cambios en la estructura social y económica; establece un equilibrio entre la economía y la política; separa y aísla los problemas que busca solucionar. Al gobierno reformador le caracteriza la destreza política.

 

“En la mayoría de los países sometidos a las tensiones y disensiones que implica la modernización (política), el método más eficaz de reforma es una combinación de la estrategia fabiana con  la táctica del blitzkrieg”. La primera se caracteriza por separar las reformas, avanzar gradualmente, cambio por cambio, reforma tras reforma, para evitar que las fuerzas opositoras al cambio se movilicen todas al mismo tiempo. Se considera un enfoque ramificado que oculta el objetivo central de la reforma. Por su parte, la táctica del  blitzkrieg  parte de explicitar todas las metas de la reforma, presiona en favor del mayor número de ellas y en este proceso moviliza a los grupos partidarios del cambio, pero también a los opositores a la reforma. Se considera un enfoque amplio que genera indefectiblemente un complejo proceso de conflicto y, en consecuencia demanda experiencia en la negociación política.

 

El gobierno le ha apostado al  blitzkrieg, es decir, ha  abierto todas las reformas al mismo tiempo con la idea de cosechar lo que se pueda. Dejar hacer al Congreso y asumir como propias sus iniciativas ha sido su manera de sobrellevar las circunstancias. El PRI es el verdadero hacedor de los contenidos del mayor número de iniciativas.

 

Por las condiciones en las que opera la maltrecha democracia mexicana, el gobierno equivoca la estrategia: la realidad recomienda la estrategia  fabianay no el  blitzkrieg, que supone contextos de  negociación estable, racional  y decontrol vertical.

 

Finalmente, un esquema de reforma que plantea la dispersión iene muchasproposiciones y pocas posibilidades de adopción. El gobierno ya no tiene capacidad de control del caos. En este sentido, las conclusiones centrales a partir de la reflexión hecha en esta obra podrían sintetizarse en las siguientes

consideraciones:

 

Primera.-  El gobierno no es un ente fuerte. Es, en más de un sentido, el espejo de la administración anterior: los mismos exabruptos políticos; los mismosexcesos discursivos; la misma manera de elevar artificialmente las expectativassobre las reformas; la misma manera de crear realidades paralelas; y, la misma incapacidad de ver los peligros de una realidad que se descomponeaceleradamente.

 

Segunda.-  La realidad del país demanda al gobierno una convocatoria para reconstituir el pacto social de la nación y dar salida institucional  a las tensiones acumuladas.

 

Tercera.-  El estilo personal reivindica la centralización política a nivel de la administración y la descentralización de decisiones a nivel de los poderes y órdenes de gobierno. Se impone, en más de un sentido, un asfixiante pragmatismo.

 

Cuarta.-  El sistema político mexicano no tiene ninguna salvaguarda democrática para garantizar  una alternancia de izquierda en el poder. El veto del régimen subsiste.

 

Quinta.-  Nuestro sistema político ha permitido que la transición se agote en la figura de la alternancia. Con el desplazamiento de la élite priista en el año 2000, los grupos que llegaron al poder apostaron a usufructuar sus instrumentos de control y manipulación.

 

Sexta.-  Nada está dicho sobre el futuro del país, sólo que hay factores que convocan ya a una extrema mesura. Un error de estrategia o de visión política, puede instalar el  inicio de un punto de inflexión histórica.

 

Séptima.-  La crisis en el PAN manifiesta que los dos grupos que hoy le dan vida a ese partido: el emergente calderonismo y el foxismo militante son ya dos expresiones políticas irreconciliables. El PAN recorre los caminos de la escisión.

 

En este complicado contexto, ¿cuál es la principal conclusión política? Que el gobierno se mantiene como el eslabón débil de un sistema autoritario yesencialmente corrupto. El poder real lo tienen los grupos de facto, las camarillas políticas y los monopolios privados. Esa debilidad deviene de una condición política: su estrecha legitimidad que lo lleva a aplicar estrategias extremas: primero la legitimidad de ejercicio con su “guerra” contra el narcotráfico; luego la estrategia  de la tensión  y ahora  el pragmatismo político que olvida doctrina y principios en aras del triunfo electoral seco y la derrota anticipada del PRI.

 

 

 
 
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