Sociedad
El color humano
| El color humano |
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| Sociedad - Sociedad | |
| Escrito por Editorial AMN | |
| miércoles, 27 de enero de 2010 | |
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AMN.- Aunque se asocian y se vinculan, el racismo no fue la
causa de la esclavitud y tampoco a la inversa. La esclavitud murió y el racismo
sobrevive, incluso en las sociedades más democráticas y sofisticada, aunque
jamás podrá revivir al esclavismo. No se trata de un trabalenguas sino de una
compleja dialéctica social.
El racismo es una especie de comodín ideológico, una
justificación reaccionaria y pseudo científica que alimentó la idea de las
razas superiores intentando justificar el rechazo social y la segregación de
los esclavos emancipados cuando, al cesar la esclavitud fue preciso integrar al
negro a quien la sociedad blanca no tuvo otra alternativa que reconocer la
igualdad jurídica.
Los traficantes negreros llamaban “piezas” a los esclavos
a quienes los dueños de plantaciones ubicaban al mismo nivel que a los
animales, consideración de la que no escaparon las negras (entre 5 y 10 % de
los esclavos) con las que fornicaban “ad líbitum”, ni los hijos nacidos como
resultado de aquella relación forzada.
Los esclavos negros no eran odiados por su amos porque
nadie odia a sus bestias de trabajo que, a pesar de que pudieran hablar,
aprender complicados oficios, desempeñar funciones como mayorales y ayudas de
cámara, coser, tocar instrumentos musicales, incluso declamar poemas, eran
socialmente contenidos y alejados de los blancos por la formidable barrera
social que constituía la esclavitud. Un esclavo músico que amenizaba las veladas de los blancos no era
aplaudido como un talentoso artista, sino exhibido como una criatura
pintoresca.
Se cuenta incluso que las señoras blancas no consideraban
como infidelidad los lances sexuales de sus maridos con las esclavas ni
sancionaban a sus hijos varones por conductas que eran juzgados más desde el
punto de vista de la higiene como un acto sucio que por sus connotaciones
morales o familiares. Por esa razón los mestizos nacidos de aquellas aventuras,
no eran asumidos ni siquiera como hijos bastardos.
En determinadas crónicas de India se cuenta que en
algunas haciendas donde el número de notables blancos era relativamente
elevado, la cantidad de criaturas mestizas era tan notoria que llegaron a
crearse mitos acerca de la existencia de “esclavitud blanca”. La decoloración
del esclavo era más visible en Estados Unidos donde los colonos ingleses,
irlandeses, alemanes y de otros países eran notoriamente más pálidos que los
españoles.
Cierta vez un ilustrado cura jesuita me comentaba que el
lado negro se comportaba de modo más humano. Según él entre las esclavas
poseídas y embarazadas no eran raros los suicidios y la historia alcanzaba
perfiles sublimes cuando negros varones jóvenes y orgullosos, en cuya entorno
cultural la virginidad de la mujer era una condición, por amor y por
solidaridad asumían como a sus mujeres a aquellas desdichadas muchachas y a los
nacidos en tan tristes circunstancias como hijos.
Como una curiosidad de tipo cultural, el padre me
comentaba que, debido a que los esclavos eran traídos de diferentes regiones de
África, hablaban lenguas distintas y no se entendían entre sí, aprender el
idioma del déspota, castellano, portugués o inglés se convirtió en la más expedita
opción para comunicarse. Me hubiera gustado —decía él —asomarme a un barracón
para escucharlos hablar en la lengua de Shakespeare o en la de Cervantes.
No obstante su proceder, condicionados por circunstancias
económicas y respaldados por la ideología dominante, los dueños de esclavos
eran humanos que no escapaban a la influencia de los componentes culturales y
religiosos que hacen surgir sentimientos como los de paternidad y de afecto
hacia la madre de los hijos, cosa en la que de hecho convertían a las esclavas
que, sin poder negarse a recibir la obra de varón, amaban entrañablemente a sus
hijos a los cuales debían proteger del triste destino a que sus padres blancos
los condenaban.
Tal vez ese complejo proceso en el cual deben haber
intervenido la contradictoria situación de hombres libres que engendraban
“hijos” esclavos en los cuales seguramente se manifestaron sentimientos de
culpa o cargos de conciencia, probablemente influyó en que, precisamente el fin
de la esclavitud comenzara por la liberación de los “vientres”. Las leyes de de
“vientres libres” se aplicaron en todos los países iberoamericanos y
precedieron a la abolición de la esclavitud.
Al menos respecto a los negros, el racismo comienza a
mostrar sus componentes más degenerados, precisamente cuando termina la
esclavitud con la cual cayó una barrera social que durante cuatrocientos años
contuvo al negro, lo alejó y lo excluyó, “protegiendo” a la sociedad blanca de
su invasión.
Explotar al negro, mantenerlos en los barracones y
castigarlos cuando desobedecían no generaba un odio tan visceral como tener que
asumirlos como iguales, permitirles entrar en sus escuelas y en sus salones,
alternar con ellos en barrios, comercios y espectáculos, incluso no poder
impedir que las mujeres blancas los amaran. La incapacidad para asimilar el
cambio llevó a las élites blancas a concebir y a aplicar la segregación racial.
La cultura latinoamericana y caribeña, sincrética y
mestiza ha sido enriquecida por el sufrimiento intrínseco en las historias de amor
y de ira generadas por la actitud de una sociedad que no pudo sostener más la
esclavitud pero que se negó a aceptar su derrota vengándose en el negro. “El
Derecho de Nacer”, de Félix B Cainet, se integró a la cultura hispana por su
capacidad para sintetizar una dramática historia de odio/amor a la que Rubén
Blades puso música al contar el romance de una joven blanca con un trompetista
negro, incluso hoy, hasta en la Casa Blanca de Washington, saben de eso.
En ningún lugar el proceso de sustituir la exclusión que
naturalmente provocaba la esclavitud por la segregación legalizada, fue tan
“perfecto” como en los Estados Unidos donde después de una guerra civil, la
muerte de un presidente como Abraham Lincoln, la adopción de una Enmienda a la
Constitución que prohibió la esclavitud y otra que otorgó el derecho al voto a
los negros, la segregación racial más absoluta sobrevivió durante casi cien
años.
Los relatos sobre Ku, Klux Klan, las anécdotas del
escuadrón aéreo Tuskegee, formado por aviadores negros norteamericanos que en
una unidad segregada combatieron por su país en los cielos de las II Guerra
Mundial y cuyos aviones llevaban la cola pintada de rojo para que en el aire
fueran identificados por los racistas pilotos alemanes; las terribles humillaciones
que soportó Jackie Robinson, primer beisbolista negro en las Grandes Ligas; la
magnífica entereza de Rosa Park y el martirologio de Martin Luther King, me
hacen polemizar con quienes restan importancia al hecho de que un negro sea
Presidente de los Estados Unidos, significado que es todavía mayor porque aquel
líder ascendió al sitio donde se encuentra con el compromiso de cambiar esa
sociedad. Tal vez no lo logre y su merito se reduzca a habérselo propuesto que,
dicho sea de paso, no es poca cosa.
No obstante, por su origen económico y social, las
circunstancias descritas y otras para las que no tengo espacio, hacen del
racismo asociado al negro, un fenómeno diferente a otras expresiones no ligadas
al color, como por ejemplo el
antisemitismo. Cuando Hitler concibió la “solución final” para exterminar
físicamente a los judíos, no se refería a una raza ni a un color, sino a una
cultura, un modo de concebir el mundo y de vivir la fe.
No obstante, en cualesquiera de sus formas y con
cualquier contenido el racismo es abyecto, despreciable y debe ser combatido y
erradicado.
*Jorge Gómez Barata (Camagüey 1946) – Cuba… Reside en Ciudad
Habana, Cuba… Periodista y profesor.
Graduado del Instituto Pedagógico y colabo-rador de medios cuba-nos y
extranjeros. En su columna, el autor incluye —además de artículos exclusivos
para CubAhora (http://www.cubahora.cu) —
materiales suyos publicados por el diario mexicano !Por Esto!, las emisoras
‘Radio Habana Cuba’ y ‘Radio Taíno’, y otros difundidos por la Agencia
ecuatoriana ‘ALTERCOM’ y por la Agencia Rusa de Información ‘NOVOSTI’.
Actualmente es Director Regional de la Agencia de Contrainformación
ArgosIs-Internacional en la Rep. de Cuba (http://espanol.groups.yahoo.com/group/ArgosIs-RepCubana)...
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