Sociedad
Haití: La lección de Haití
| Haití: La lección de Haití |
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| Escrito por Editorial AMN | |
| lunes, 18 de enero de 2010 | |
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La noticia nos tomó a todos por sorpresa. Muchos escuchábamos con frecuencia informaciones sobre huracanes y grandes inundaciones en Haití, pero ignorábamos que el vecino país corría riesgo de un gran terremoto Por: Fidel Castro
AMN.- Desde
hace dos días, casi a las 6 de la tarde hora de Cuba, ya de noche en Haití por
su ubicación geográfica, las emisoras de televisión comenzaron a divulgar
noticias de que un violento terremoto, con magnitud de 7,3 en la escala
Richter, había golpeado severamente a Puerto Príncipe. El fenómeno sísmico se
había originado en una falla tectónica ubicada en el mar, a sólo 15 kilómetros
de la capital haitiana, una ciudad donde el 80% de la población habita casas
endebles construidas con adobe y barro.
Las
noticias continuaron casi sin interrupción durante horas. No había imágenes,
pero se afirmaba que muchos edificios públicos, hospitales, escuelas e
instalaciones de construcción más sólida se reportaban colapsadas. He leído que
un terremoto de magnitud 7,3 equivale a la energía liberada por una explosión
igual a 400 mil toneladas de TNT.
Descripciones
trágicas eran transmitidas. Los heridos en las calles reclamaban a gritos
auxilios médicos, rodeados de ruinas con familias sepultadas. Nadie, sin embargo, había podido
transmitir imagen alguna durante muchas horas.
La
noticia nos tomó a todos por sorpresa. Muchos escuchábamos con frecuencia
informaciones sobre huracanes y grandes inundaciones en Haití, pero ignorábamos
que el vecino país corría riesgo de un gran terremoto. Salió a relucir esta vez
que hace 200 años se había producido un gran sismo en esa ciudad, que
seguramente tendría unos pocos miles de habitantes.
A las
12 de la noche no se mencionaba todavía una cifra aproximada de víctimas. Altos
jefes de Naciones Unidas y varios Jefes de Gobierno hablaban de los
conmovedores sucesos y anunciaban el envío de brigadas de socorro. Como hay
desplegadas allí tropas de la MINUSTAH, fuerzas de Naciones Unidas de diversos
países, algunos ministros de defensa hablaban de posibles bajas entre su
personal.
Fue
realmente en la mañana de ayer miércoles cuando comenzaron a llegar tristes
noticias sobre enormes bajas humanas en la población, e incluso instituciones
como Naciones Unidas mencionaban que algunas de sus edificaciones en ese país
habían colapsado, una palabra que no dice nada de por sí o podía significar
mucho.
Durante
horas ininterrumpidas continuaron llegando noticias cada vez más traumáticas de
la situación en ese hermano país. Se discutían cifras de víctimas mortales que
fluctúan, según versiones, entre 30.000 y 100.000. Las imágenes son
desoladoras; es evidente que el desastroso acontecimiento ha recibido amplia
divulgación mundial y muchos gobiernos, sinceramente conmovidos, realizan
esfuerzos por cooperar en la medida de sus recursos.
La
tragedia conmueve de buena fe a gran número de personas, en especial las de
carácter natural. Pero tal vez muy pocos se detienen a pensar por qué Haití es
un país tan pobre. ¿Por qué su población depende casi en un 50 por ciento de
las remesas familiares que se reciben del exterior? ¿Por qué no analizar
también las realidades que conducen a la situación actual de Haití y sus enormes
sufrimientos?
Lo más
curioso de esta historia es que nadie pronuncia una palabra para recordar que
Haití fue el primer país en que 400.000 africanos esclavizados y traficados por
los europeos se sublevaron contra 30.000 dueños blancos de plantaciones de caña
y café, llevando a cabo la primera gran revolución social en nuestro
hemisferio. Páginas de insuperable gloria se escribieron allí. El más eminente
general de Napoleón fue derrotado. Haití es producto neto del colonialismo y el
imperialismo, de más de un siglo de empleo de sus recursos humanos en los
trabajos más duros, de las intervenciones militares y la extracción de sus
riquezas.
Este
olvido histórico no sería tan grave como el hecho real de que Haití constituye
una vergüenza de nuestra época, en un mundo donde prevalecen la explotación y
el saqueo de la inmensa mayoría de los habitantes del planeta.
Miles
de millones de personas en América Latina, África y Asia sufren de carencias
similares, aunque tal vez no todas en una proporción tan alta como Haití.
Situaciones
como la de ese país no deberían existir en ningún lugar de la Tierra, donde
abundan decenas de miles de ciudades y poblados en condiciones similares y a
veces peores, en virtud de un orden económico y político internacional injusto
impuesto al mundo. A la población mundial no la amenazan únicamente catástrofes
naturales como la de Haití, que es sólo una pálida sombra de lo que puede
ocurrir en el planeta con el cambio climático, que fue realmente objeto de
burla, escarnio y engaño en Copenhague.
Es
justo expresar a todos los países e instituciones que han perdido algunos ciudadanos o miembros con motivo de
la catástrofe natural en Haití: no dudamos que realizarán en este instante el
mayor esfuerzo por salvar vidas humanas y aliviar el dolor de ese sufrido
pueblo. No podemos culparlos del fenómeno natural que ha tenido lugar allí,
aunque estemos en desacuerdo con la política seguida con Haití.
No
puedo dejar de expresar la opinión de que es hora ya de buscar soluciones
reales y verdaderas para ese hermano pueblo.
En el
campo de la salud y otras áreas, Cuba, a pesar de ser un país pobre y
bloqueado, desde hace años viene cooperando con el pueblo haitiano. Alrededor
de 400 médicos y especialistas de la salud prestan cooperación gratuita al
pueblo haitiano. En 227 de las 237 comunas del país laboran todos los días
nuestros médicos. Por otro lado, no menos de 400 jóvenes haitianos se han
formado como médicos en nuestra Patria. Trabajarán ahora con el refuerzo que
viajó ayer para salvar vidas en esta crítica situación. Pueden movilizarse, por
lo tanto, sin especial esfuerzo, hasta mil médicos y especialistas de la salud
que ya están casi todos allí y dispuestos a cooperar con cualquier otro Estado
que desee salvar vidas haitianas y rehabilitar heridos.
Otro
elevado número de jóvenes haitianos cursan esos estudios de medicina en Cuba.
También
cooperamos con el pueblo haitiano en otras esferas que están a nuestro alcance.
No habrá, sin embargo, ninguna otra forma de cooperación digna de calificarse
así, que la de luchar en el campo de las ideas y la acción política para poner
fin a la tragedia sin límite que sufren un gran número de naciones como Haití.
La jefa
de nuestra brigada médica informó: “la situación es difícil, pero hemos
comenzado ya a salvar vidas”. Lo hizo a través de un escueto mensaje horas
después de su llegada ayer a Puerto Príncipe con refuerzos médicos adicionales.
Tarde
en la noche comunicó que los médicos cubanos y los haitianos graduados de la
ELAM se estaban desplegando en el país. Habían atendido ya en Puerto Príncipe a
más de mil pacientes, poniendo
a funcionar con urgencia un hospital que no había colapsado y utilizando casas
de campaña donde era necesario. Se preparaban para instalar rápidamente otros
centros de atención urgente.
¡Sentimos
un sano orgullo por la cooperación que, en estos instantes trágicos, los
médicos cubanos y los jóvenes médicos haitianos formados en Cuba están
prestando a sus hermanos de Haití!
Fuente: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/01/15/la-leccion-de-haiti/
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| Modificado el ( lunes, 18 de enero de 2010 ) | |
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