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Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
miércoles, 16 de julio de 2008

 

  • El Estado policía

 

  • El Espionaje (primera parte)

 

Por: Alberto Vieyra Gómez

AMN.- Que escandalera con eso del espionaje político, tan antiguo como la propia humanidad.

Apenas el líder priista en el senado Manlio Fabio Beltrones y el yunquista ex dirigente nacional del PAN, Manuel Espino, se quejaron de ser espiados por el Estado policía o el gobierno federal en turno y se armó un lió de grueso calibre. Ardió Troya. Los priistas pintaron su raya del gobierno federal en turno.

Es bien sabido que  el derecho a la intimidad es uno de los más preciados por los seres humanos en general, y en todas las culturas del mundo. Intimidad en todas sus formas y espacios, pero sobre todo en los gobiernos que se precian de llamarse democráticos. El espionaje  es uno de los demonios que más comezón provocan entre las instituciones del Estado, particulares y la sociedad en general.

Todo mundo espía a todo mundo. ¿Acaso usted nunca espió a la novia, a la suegra,  a la esposa, al segundo frente, al jefe y hasta su vecino? ¿Qué no la señora de la casa  llega a contratar hasta detectives privados para espiar al marido, al amante etc.?

Y claro, hay de espionajes a espionajes. El espionaje militar y diplomático entre países es de grueso calibre. Un ejemplo de ello lo acabamos de ver en el rescate de Ingrid Betancourt y 14 rehenes más, entre ellos tres gringos, y para lo cual Estados Unidos y otras naciones desplegaron todo su poderío en materia de espionaje. Hay diplomáticos que son un dulce en su actuar cotidiano, pero en su gran mayoría son espías de las naciones a las que representan.

El  Estado policía, sea cual sea su color o sabor, nos espía a todos: a los partidos, a los políticos, principalmente cuando andan en busca del hueso, a los corruptos lideres charros del sindicalismo, a los dirigentes, lideres rezongones, grupos extremistas como la guerrilla, jerarcas y magnates de la empresa, a los cúpulos de las iglesias, a los periodistas, principalmente aquellos que figuran en las listas negras del régimen en turno, los deportistas, los artistas etc. etc.

Esa es la naturaleza de ese Estado policía. Es más, es su obligación espiar a todos. Eso ocurre aquí y en China. Hay de aquel Estado que no tenga un Estado policía. Por eso no deben sorprendernos  las revelaciones echas por el senador Beltrones -considerado el político más influyente y peligroso en el régimen azul de la ultraderecha-. Lógico que tiene que ser espiado hasta para ir al baño.

Pero mucho menos debe escandalizar la inducida y tramposa denuncia de ex dirigente nacional de los monjes azules Manuel Espino, a quien habrá que recordar aquella máxima que reza que  “cuando la perra es brava hasta los de la casa muerde”.

Pero el meollo del asunto es el origen del espionaje y el objetivo que se pretende al denunciarlo o al practicarlo. ¿Por qué Beltrones   lo denuncia y responsabiliza al gobierno de Calderón, y hasta le advierte que Espino “es un cuervo que le sacará los ojos”?

¿Será que este asunto de espionaje lo utilizará el PRI como estrategia para negociar con el gobierno calderonista en terminos más ventajosos la desnacionalizadora iniciativa de Felipe Calderón para la privatización de PEMEX, disfrazada de  “reforma energética”? ¿Cuál será el precio que Beltrones y el PRI pondrán para negociar esas ventajas? ¿Podría darse el caso de una radicalización del priismo  y hasta una posible alianza con el PRD, para que el PAN de Felipe Calderón  no tenga otra  más que sumarse a la reforma energética nacionalista que impulsaría el priismo?

No es ociosa la pregunta. La privatización de PEMEX da para eso y mucho más. Pero fuera de estas consideraciones habrá que insistir en que el espionaje que en México practica el Cisen y las fuerzas de inteligencia del Ejercito Mexicano es tan antiguo como la propia humanidad.

Mire usted, el espionaje lo sufrió el propio Jesucristo. ¿Que no fue Judas Iscariote, quien les dijo a los esbirros de Herodes que Jesús iría, a orar al Monte de los Olivos y que ahí lo podían pescar? ¿Qué no recibió por ese “trabajito” las famosas treinta monedas de la traición?

El imperio romano practicó entonces el espionaje utilizando a uno de los mismísimos apóstoles de Jesucristo.

Pedro Alexéievich, mejor conocido como Pedro El Grande, envió espías a toda Europa para que estudiaran minuciosamente el arte, arquitectura y los adelantos científicos  para llevar a cabo una extraordinaria transformación de Rusia. Hizo de San Petersburgo una joya arquitectónica mundial y que la población rusa pasara de sus viejas costumbres a las modernas maneras de Europa del siglo XVIII.

Pero para no ir tan lejos, en la cultura azteca, Cuauhtémoc el penúltimo emperador azteca fue asesinado por los soldados de Hernán Cortes, después de que un indio infiltrado escuchó  que Cuauhtémoc y demás prisioneros que serían llevados a Europa pretendían escapar antes de llegar a Yucatán. Este espionaje le costo la vida al emperador azteca que más dolores de cabeza propino a las hordas de Cortés llegadas desde la Extremadura, España, y el que más resistió con heroísmo para que la gran Tenochtitlan no cayera en poder de los conquistadores.

Está claro que a nadie le gusta ser espiado. Pero también está claro que el Estado policía, una de sus principales obligaciones es espiar a todos.

No son pocos los estudiosos e ideólogos que han ganado notoriedad por sus tesis sobre el espionaje. Por ejemplo, Roberto Bobbio, en uno de sus libros titulado El futuro de la Democracia publicado por la editorial Plaza Janes en 1985, advierte que “poderes ocultos de la democracia, como el espionaje, las razones de Estado y  las mentiras de Estado y su necesidad de operar en opacidad, genera conspiraciones e intrigas”.

Mas adelante concluye Bobbio: “no hay Estado democrático que haya renunciado al espionaje que por definición es un poder oculto. El problema no es el espionaje, sino el uso distorsionado de la información motivo de él”.

En México,  a través de su historia, el espionaje ha existido siempre. Por ejemplo, durante la revolución mexicana,  en el país había más espías que avispas en un avispero. Durante ese doloroso proceso de transición los espías de uno y otro bando pululaban por todos lados toda Europa y Estados Unidos tenían espías en México.

Se dió el caso de que  el alemán  Félix Sommerfeld –un haragán desertor  del Ejército alemán, gringo, japonés y fracasado en todo-, se convirtió en uno  de los más astutos y perversos espías que sirvió simultáneamente a más de seis amos. Primero fue director de la policía secreta de Francisco I. Madero, en Estados Unidos,  luego se convirtió en informante de Francisco Villa, al mismo tiempo que vendía información a Venustiano Carranza. Y por si fuera poco fungió como representante secreto de las arrogantes compañías petroleras inglesas y norteamericanas. Finalmente, era Félix el espía predilecto del emperador alemán  Guillermo II.

A partir  del invierno de 1914 cuando estallo la primera guerra mundial en Europa, México se convirtió en el eje del mundo. México fue detonador de la Primera Guerra Mundial.  El famosísimo telegrama Zimmermann  fue la gota que derramo el vaso, o mejor dicho fue la gasolina que incendio al planeta. El espionaje fue la piedra angular. Pero de ello  le hablare DE PE A PA en próximos capítulos.

 

 
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