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Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
miércoles, 09 de julio de 2008

 

 

  • Salinas de regreso
  • Calderón y el paciflorine

 

Por: Alberto Vieyra Gómez

 

AMN.- El pelón de Dublín está de vuelta. El regreso de Carlos Salinas tiene a Felipe Calderón y a su impacientes “capos” vendedores de PEMEX, muy nerviosos. El tiempo se les acaba. La cuenta regresiva en el reloj los tiene con taquicardia y tomando altas dosis de paciflorine y prozac para poder conciliar el sueño porque la entrega de PEMEX a los gringos y espanofilos se ve cada vez más lejos. La guerra electoral rumbo al 2009 ya comenzó, mal por cierto, para el PAN.

Si Calderón y demás vendepatrias no logran privatizar a PEMEX este año, en el 2009 será ya demasiado tarde.

Y en los momentos más decisivos, el inquilino de Los Pinos y sus muchachitos metieron la pata practicándole “espionaje” al llamado vicepresidente de México, Manlio Fabio Beltrones,  al que espiaban hasta para ir al baño, aunque  la dependencia a cargo del gachupín Juan Camilo Mouriño manifestó inmediatamente  su “más absoluto rechazo a todo tipo de practicas ilícitas”. El Cisen también se dijo inocente paloma. ¿Si no fue el Centro de Investigación y Seguridad Nacional,  es urgente que gobernación revele quien o que institución más puede tener esa capacidad de practicar el espionaje del que se dice victima el senador priista Beltrones?

Mucho se ha dicho que entre el PRI y el PAN o el PRI y el gobierno de Calderón hay un acuerdo para privatizar PEMEX, pero los priistas descartan un nuevo periodo extraordinario de sesiones en el Congreso para legalizar la compra - venta de PEMEX. ¿Está el PRI haciendo tiempo para ganar las elecciones federales del 2009 y entonces con su mayoría absoluta  imponerla para aprobar su propia reforma una reforma nacionalista y no la que quieren Felipe Calderón, Reyes Heroles, Agustín Cartens y Mouriño?

Beltrones se muestra muy encanijao. No ha roto con el inquilino de Los Pinos, según el propio senador del tricolor, pero su molestia indica que el señor Calderón debe bajarle de espuma a su chocolate. Por el momento en el que se denuncia y  por los efectos que provoca en la agenda  del Congreso, el escándalo de espionaje a Manlio Fabio Beltrones y diez gobernadores de su partido, es el ingrediente que  faltaba para justificar la negativa del PRI a convocar a un periodo extraordinario y  aprobar la reforma petrolera. ¿Pero en que cabeza cabe meterse en terreno barrido cuando Calderón más necesita del PRI?

Llamarse a  ofensa con el asunto del espionaje  permite a las facciones dominantes  priistas llevar al periodo ordinario de septiembre el proceso legislativo de esa  reforma y elevar el costo político de la  transacción. El tema del petróleo se contamina con la discusión del paquete económico y de otras iniciativas como la  de Desarrollo Social y si faltar las elecciones del año que viene que serán vitales para el PRI y el PAN.

¿Quiénes están  detrás de este proyecto? ¿Qué grupo ha elaborado el mapa de ruta para obtener la mayor tajada de poder al negociar con un presidente estructuralmente débil? Tanto  el diseño como los alcances del proyecto tienen el signo inequívoco del ponzoñoso  salinismo,  una corriente que, de la mano del poderoso Manlio Fabio Beltrones, está de regreso en la política activa de México.

 Manlio Fabio Beltrones es parte de un  grupo político. En sus relaciones de poder  aparecen personajes como Carlos Salinas  de Gortari, que está de regreso en la  política nacional. Su formación se asocia con el emblemático Fernando Gutiérrez  Barrios, icono del viejo sistema priista.

Hace unos días, Manlio Fabio  confirmó que es factor crítico de la  coyuntura. En la boda de su hija, reunió no sólo al ex presidente Salinas, sino a personajes de la oposición como Carlos Navarrete, el número dos de los “Chuchos”; Graco Ramírez de esa misma corriente perredista; Dante Delgado y Luis Maldonado Venegas de  Convergencia; Jorge Emilio González y  Francisco Agundis del PVEM. Todos juntos y revueltos. Un evento social reunió a la crema, la nata y el jocoque de la política mexicana, entre ellos varios personajes siniestros y se convirtió en el acontecimiento político del año.

Entre los gobernadores que se dieron cita estuvieron Enrique Peña Nieto, del Estado de México; Miguel Osorio Chong, de Hidalgo; Fidel Herrera Beltrán, de Veracruz; Ivonne Ortega, de  Yucatán y José Reyes Baeza, de Chihuahua.

En la boda de la hija de Beltrones, todos convivieron con el próximo presidente de México.

Entre los neopanistas destacó Diódoro Carrasco, quien se mezcló con los panistas de viejo cuño como Diego Fernández de Cevallos y el emblemático Santiago Creel.

La presencia de Carlos Romero Deschamps, líder de los trabajadores petroleros de la República Mexicana, contrastó con la ausencia de Elba Esther  Gordillo Morales presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

La comitiva más numerosa fue la de los priistas: Beatriz Paredes Rangel, Roberto Madrazo Pintado, Emilio Gamboa Patrón, el grupo de gobernadores que ya se mencionó y, por supuesto, el  propio hermano del ex presidente: Raúl Salinas de Gortari, quien parecía pavo real y paseo su impunidad, pues la justicia mexicana – que la imparten los políticos y no los jueces-, no le probó nada en los trinquetes del salinato como ocurrió con los más de 100 millones de dólares depositados en Suiza y menos en el caso del asesinato de su cuñado José  Francisco Ruiz Massieu.

De los funcionarios federales de más alto rango se contó la presencia del procurador General de la República, Eduardo Medina Mora; del Secretario de Hacienda, Agustín Carstens; y, del de Gobernación, Juan Camilo Mouriño; también de Daniel Cabeza de Vaca,  subsecretario de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación y de José Luis Santiago Vasconcelos, Subprocurador Jurídico y de  Asuntos Internacionales de la PGR.

Del Poder Judicial de la  Federación destacaron el ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Guillermo Ortiz Mayagoitia y la ministra, Olga Sánchez  Cordero.

Hubo empresarios como Roberto González y Carlos Hank Rhon. También se dio cita José Luis Soberanes,  presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, donde labora Pablo  Escudero como Oficial Mayor, quien ya  es el esposo de Sylvana Beltrones Sánchez.

Si se consideran tanto el discurso político de personajes como Francisco Labastida como los acercamientos entre Juan  Camilo Mouriño y emblemáticos priistas  en el contexto de la boda de la hija del  senador Manlio Fabio Beltrones, la sospecha de Andrés Manuel López Obrador de creer que todo está ya  “cocinado” con relación a la reforma petrolera no resulta infundada.

En esta boda, viejas enemistades políticas se habrían superado como la de Carlos Salinas y Emilio Gamboa Patrón. La presencia de Juan Camilo Mouriño y  del propio ex presidente sugiere como  altamente probable que se hayan discutido asuntos del más alto nivel de la política nacional. Se habla ya de un  acuerdo para procesar la reforma a PEMEX. ¿Será todo producto del rating del senador Beltrones o realmente existe dicho acuerdo? Pronto lo sabremos.

 
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