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Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
jueves, 05 de junio de 2008

 

  • *Calderón y el Llanero Solitito

 

  • * Estábamos mejor, cuando estábamos pior

 

Por: Alberto Vieyra Gómez

 AMN.- “Estamos mal, pero vamos bien”, solía decir con su ratonera filosofía Ernesto Zedillo Ponce de León. Y me recuerda también la filosofía popular que decía: “Estábamos mejor, cuando estábamos pior”.

Lo recuerdo por que hoy, el régimen calderonista, en sus encuestas pagadas inducidas e interesadas, asegura que va bien, cuando a los ojos de todo México, el país marcha mal.

Durante  18 largos meses,  el PRI y el factor militar han sostenido al gobierno calderonista que llegó al poder de manera poco ortodoxa. Sin embargo, los errores de Felipe Calderón han creado un ambiente de tensión y escepticismo en la población y al interior del Instituto Armado.

No hay deslealtad del Ejército, pero sí malestar por la extendida corrupción de los cuerpos estatales y municipales. A raíz de los últimos episodios contra las narco mafias, que han dejado saldos macabro contra el gobierno federal, entre los miembros del Ejercito comienza a proliferar la idea de que los muertos los está poniendo el Ejercito y los cuerpos policíacos que libran una guerra desigual contra los carteles.

Y es que en la percepción social se instala la idea de que el gobierno y el Ejército pierden la guerra contra el narcotráfico. Más aún, la opinión pública ha hecho suya la certeza de que la violencia ligada al crimen organizado se elevará en los próximos días a tal grado de poner en peligro la vida de la población civil, como ya se vio en Sinaloa y Ciudad Juarez. Para el Ejecutivo federal el riesgo mayor es que las Fuerzas Armadas caigan en una situación de escepticismo, desanimo y lleguen hasta la rebeldía. El problema radica en que Felipe Calderón no cuenta con estrategia de reemplazo. Si el Ejército se retira de las calles, colapsa el gobierno, pero si se mantiene, el conflicto y la violencia escalarán y se instalará, de hecho, la pretorianización del régimen.

Para los altos mandos castrenses, la idea de seguir en las calles para apuntalar al Ejecutivo Federal tiene ya un cúmulo de inconvenientes, principalmente en lo que se refiere a la violación de derechos humanos, a cargo de efectivos del Instituto Armado, por los cuales el gobierno calderonista recibe fuertes presiones de Washintong, a través del alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas –ONU-, que exige  un alto a dichas violaciones mientras que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se hace de la vista gorda. Pareciera que el objetivo de Washintong es desacreditar al Ejercito Mexicano para reducirlo a un mero cuerpo policiaco y posteriormente reemplazarlo por una fuerza de elite gringa hemisférica.

Diversos estudiosos y analistas coinciden  en que en unos cuantos meses, la alianza con el PRI quedará rota y Calderón solo contará con el Ejercito Mexicano y será acosado por el fantasma del interinato presidencial. Strategos Consultores  opina:

“Es inconcebible el actual gobierno sin el respaldo de las Fuerzas Armadas, “…es impensable y no tiene más de quién echar mano que del Ejército…el Presidente debería de calcular muy bien que es el Ejército el que le está ayudando a gobernar; es el Ejército el que le está dando espacios; es el Ejército el que le está dando un poco de capital político y de capacidad de movimiento; y que sin embargo, lo único que se está viendo simplemente son palabras” . ¿Tiene el Ejército el respaldo de los gobiernos civiles y del federal en la misma proporción en que éste se convierte en factor estructural de apoyo para el gobierno y para todo el régimen político? El problema es que al Instituto Armado el gobierno parece haberle cumplido sólo en el discurso.

A los riesgos naturales que supone el enfrentamiento directo, cuerpo a cuerpo, a nivel del suelo, de los militares contra los narcotraficantes, el Ejército suma la nada grata tarea de lidiar con estructuras al servicio del crimen organizado. El caso de Baja California es emblemático, pero no es el único. ¿Qué entidad puede estar hoy fuera de las redes del narcotráfico? Ésta es la cuestión de fondo.

El factor militar ofrece certidumbre en momentos en que prácticamente ninguna institución abona a favor de la confianza en el gobierno. En más de un sentido, la conducción del gobierno genera desconfianza y temor en amplios sectores sociales y grupos económicos. La ausencia de liderazgo y la persistencia en el déficit de legitimidad política acotan el margen de acción del Ejecutivo.

A lo anterior, se suman los efectos demoledores sobre la psicología social del fenómeno de la violencia ligada al narcotráfico y al crimen organizado. Un lamentable espectro de acontecimientos que sugiere que esa crisis ya se salió de control. Los grupos están sueltos y ajustan cuentas sin que ninguna autoridad fije límites o evite que se afecte la tranquilidad de las familias. Las plazas no se han recuperado, se pierden cada vez nuevos territorios. La realidad echa abajo el discurso gubernamental. En parte, esta es la razón por la que se registra una tendencia descendente en la popularidad y niveles de aceptación del primer mandatario.

La acción demoledora de los cárteles de la droga tiene en virtual estado de sitio a las entidades de la frontera norte del país. La cuestión de fondo es que el único recurso del gobierno para hacer frente a esta crisis, que es el Ejército, deja ya de ser efectivo. El colapso puede venir por la ausencia de estrategia de reemplazo, a menos que esa estrategia descanse en la asistencia militar directa de Estados Unidos, en el marco de la Iniciativa Mérida”.

A pesar de que el gobierno calderonista asegura de dientes pa’ fuera que va ganando la guerra al crimen organizado, para la mayoría de los mexicanos,  está guerra es como Irak para los gringos: está perdida. Para no ir muy lejos, el ex dirigente nacional del PAN, el yunquista Manuel Espino Barrientos, sostiene que “no tengo la percepción de que el gobierno este ganando al crimen”. No cabe duda, de que la perra es brava, hasta los de la casa muerde.

 
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