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Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
martes, 17 de junio de 2008

 

  • ¿Quien pidió mariachis?

 

  • De Porfirio Díaz a Calderón

 

Por: Alberto Vieyra Gómez

AMN.- El demócrata Barack Obama afirma que si llega a la Casa Blanca, su prioridad en América Latina será México. Que creará empleos. ¿Y quien pidió mariachis? ¿Qué no los empleos los tienen que crear los presidentes de México? ¿Qué no el Banco de México debería tener entre sus principales atribuciones velar por el desarrollo de México en el país? ¿Pos’ quien manda en México, los gringos o los mexicanos?

Durante su campaña para lograr la nominación presidencial por el Partido Demócrata, el señor Obama también prometió que sí llegaba a la Casa Blanca, “daría por terminado el TELCAN con México, a menos que el gobierno mexicano decidiera renegociarlo”. ¿Son solo promesas de campaña electoral para ganarse el voto de millones de conacionales que radican en Estados Unidos y que no solo son fundamentales en la economía norteamericana, sino también parte fundamental en el antidemocrático y corrupto sistema electoral gringo que ha llevado a la Casa Blanca por la vía del fraude a una docena de mandatarios?.

Obama, como todos los que aspiran al poder en el país de las barras y las estrellas busca confundir a los mexicanos. Se exhibe como muy “cuate” de México. ¿Pero quienes son realmente amigos de México, los demócratas o los republicanos?.

La historia muestra que todos son iguales, cortados por la misma tijera. Demócratas y republicanos son unos jijos de la jijurria. No olvidemos nunca que los presidentes norteamericanos actúan siempre en defensa de sus empresas, empresarios, ciudadanos, militares, banqueros, de sus propios intereses y de sus propósitos nacionales. Son filibusteros y expansionistas por naturaleza.

Para no pocos estudiosos de la sociología política norteamericana como G. William Domhoff, “existe una clase superior estadounidense que posee la mayor parte de la riqueza nacional y que controla los poderes ejecutivo y judicial, pero además se encarga de preparar a sus nuevos miembros que gobernaran para dicha clase, conocida también a partir de 1945 como Los Ricos, Los Patricios, o  Los Propietarios, que son el verdadero y único poder en Estados Unidos”.

Así que no dejemos que el morocho Obama nos endulce los oídos con  promesas y más promesas de campaña electoral. No faltan los lorenzos y despistados mexicanos que me han asegurado que los demócratas prodigan “mayor afecto” y atención a México. Ponen como ejemplo a Abraham Lincoln -que fue republicano-, y que ha sido hasta ahora el presidente más narigón que ha tenido Estados Unidos.

Este cuate goza de cierta simpatía en México,  porque en su momento, se dijo “amigo” de Benito Juarez, aunque no se haya dignado en recibir con sus cartas credenciales al embajador mexicano Matías Romero. Le mandó decir a Juarez que le deseaba buena suerte en su defensa republicana frente a la agresión de Napoleón  y sus franceses, los ingleses y los españoles que se dejaron venir como fieras rabiosas porque en 1861, el Benemérito de las Americas decretó una moratoria al pago de la deuda externa mexicana. Como sabemos, Benito Juarez arregló con Inglaterra y España y solo los franceses siguieron su avanzada pero fueron derrotados el 5 de mayo en Puebla, a pesar de que el ejército francés era el mero chipocludo del mundo.

En el siglo XIX los presidentes mexicanos, solo conocieron a sus homólogos norteamericanos por carta o por telegrama. La relación “amistosa” entre unos y otros, se inició el sábado 16 de octubre de 1909. El año próximo se cumplirá un siglo de que por primera vez en la historia de ambas naciones, un presidente mexicano y un presidente norteamericano se entrevistaron oficialmente.

El archicondecorado Porfirio Díaz Mori, con su impecable uniforme militar tapizado de medallas, cruzó la frontera para reunirse con William Taft, en El Paso, Texas. Y pa’ que la cosa fuera pareja o reciproca, horas después, el mandatario gringo devolvía la visita en Ciudad Juarez, Chihuahua, donde el general Díaz lo agasajó con un banquetazo seguramente para que no se fuera hablando mal de los mexicanos.

A partir de aquella fecha los encuentros entre los mandatarios de México y Estados Unidos se han llevado a cabo de manera obligada y prácticamente ininterrumpida. Desde entonces, nuestros presidentes cuando van a Estado Unidos, invariablemente ¡van a Dallas…!.

Lo chistoso de aquel encuentro entre Taft y Porfirio Díaz fue que el viejo general oaxaqueño que ya iba en su séptima reelección se exhibía ante los mexicanos como un vil mentiroso. Le cuento porque: Derivado de un pleito que había tenido con el general Luis Terrazas –amigo de Benito Juarez y dueño de mas de 34 mil kilómetros del territorio chihuahuense-, el dictador había jurado y perjurado que  “mientras don Luis Terrazas viviera, y el fuera presidente de México, jamás pisarían territorio de Chihuahua”. El forzoso encuentro  con Taft confirmó aquella máxima de que “cae más rápido un hablador que un cojo”. Pero  todo sea por la “amistad” con los gringos y por la salud de la patria mexicana.

Este William Taft, republicano, que se decía “amigo” de México fue quien a través de su siniestro embajador en nuestro país Henry Lane Wilson, se encargaría posteriormente de derrocar y asesinar a Francisco Ignacio Madero Gonzalez, porque el llamado Apóstol de la Democracia no había cumplido con los gringos su promesa  de entregarle la industria petrolera mexicana a la Standard Oil Company, así como el ferrocarril del Istmo. Aparentemente, Madero había obtenido el apoyo efectivo de los Estados Unidos para llevar a cabo su revolución contra la dictadura porfirista, pero no hay documentos que avalen este supuesto hecho.

En la conjura para derrocar a Madero, Taft le escribiría a Knox: “Estoy llegando a un punto en que pienso que deberíamos colocar un poco de dinamita con el objeto de despertar a ese soñador que parece incapaz de resolver la crisis en el país del cual es presidente”.

Casi un siglo después, el candidato demócrata Barack Obama promete ser muy “amigo” de México. Nos dibuja un paraíso prometido con la creación de empleos y un TELCAN renegociado. Pero hoy, como ayer, el petróleo sigue estando en la codicia de los norteamericanos. Felipe Calderón se comprometió el 11 de noviembre del 2003 en la Jolla, California, a entregar la industria petrolera mexicana a las arrogantes compañías petroleras gringas y españolas, ¿si no lo hace, correría la misma suerte que Madero, aunque los gringos se digan “amigos”?

 
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