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Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
miércoles, 20 de agosto de 2008

 

  • El burro hablando de orejas

 

  • Pacto para legitimar a Calderón?

 

Por: Alberto Vieyra Gómez

AMN.- Se pelean las comadres y se dicen sus verdades. La aterradora criminalidad que azota al país y que exhibe a México como una nación sin ley en la que impera la corrupción, impunidad, el vacío de poder, la ingobernabilidad y la ausencia de un Estado que liquide la violencia, hace que los gobernantes reaccionen precipitadamente como perros y gatos y que unos a otros se echen la pelotita en esta peligrosa crisis. Están hechos bolas.

El gobierno federal que encabeza Felipe Calderón, gobernadores, diputados, senadores y colados no saben que hacer. Los más proponen acciones oportunistas, demagógicas y deschavetadas. Desde el gobierno azul se impulsa un pacto nacional contra la histórica inseguridad que vive México.

¿Un pacto para que? ¿Pacto para legitimar a Calderón? ¿Pacto con el diablo? ¿Para negociar y torcer la ley? ¿Qué no los pactos políticos se hicieron para violarse y de ello hay suficientes pruebas como los tristemente celebres pactos de estabilidad económica, creados a partir del gobierno de Miguel de la Madrid? ¿Un pacto para hacer que todo cambie para que todo siga igual? ¿Un pacto para hacerle al Tío Lolo? ¿Un pacto para negociar la ley y el Estado de derecho como suelen hacerlo las lacras sociales llamadas partidos políticos? ¿Un pacto para aplicar el Estado de derechueco?

¿Para que pactos si lo que hay que hacer es que el Estado mexicano en sus tres niveles ejecutivo, legislativo y judicial funcione, a través de la rigurosa aplicación de la ley y el Estado de derecho? ¿Pactar qué… si es su deber velar por la seguridad de todos los mexicanos y para ello los gobernantes cuentan con un instrumento que se llama aparato del Estado? ¿Por qué es cuestionable que antes de llamar a que las instituciones cumplan su responsabilidad se convoque a pactar, negociar y acordar el cumplimiento y respeto de la ley?

No, señores, no se hagan bolas. No se puede  negociar la ley, antes hay que  cumplirla, y menos se puede pactar la esencia del Estado. Eso se llama torcer la ley. Eso es actuar fuera del Estado de derecho. Esos pactos son temporalearos paleativos para ganar tiempo y una vez que pasen las tormentas como la actual crisis de criminalidad, todo mundo vuelve a  hacer su regalada voluntad y todo porque los pactos se hicieron para violarse. Esas prácticas son facciosas.

Hasta ahora, las medidas adoptadas con desesperación tendientes a poner fin a la violencia en México son muy frágiles por la ausencia de fiabilidad en los sistemas de seguridad y de ordenamiento legal. Un presidente de la republica que de manera populista y demagógica propone la cadena perpetúa cuando todos sabemos que ya existe y baste mencionar el caso de la mataviejitas, sentenciada a más de 300 años de cárcel, o como la pena de muerte que pregona un locuaz  diputado del PRI. Todos se hacen fuera de la nica.

Una inepta clase política que no sabe como funciona ni para que sirve el Estado y sus instituciones se enfrenta entre sí y en medio está un aterrado pueblo mexicano que no sabe a quien acudir para que garantice la seguridad de sus vidas y de sus bienes. Por un lado, Ortiz Mayagoitia arremete contra el ejecutivo y legislativo y estos le reviran diciendo que el burro hablando de orejas y le piden no lavarse las manos.

El presidente de la tremenda corte, Guillermo Ortiz Mayagoitia, le hizo a la Poncio Pilatos y se lavó las manos diciendo que el poder judicial es inocente.  ¿De deberás, de deberás el poder judicial es impoluto? Si eso fuera, otro gallo le cantaría a México, pero hasta los chiquillos saben que entre jueces magistrados y ministros de la Suprema Corte de Justicia impera la corrupción y la podredumbre.  De ello dan cuenta también estudios realizados por instituciones nacionales y extranjeras de prestigio como Transparencia Internacional,  en un estudio dedicado a los sistemas judiciales del mundo, al examinar el caso de México apunta sin ambages que “las principales causas de la impunidad en México dependen de la colusión  entre jueces, fiscales, policías y funcionarios de prisiones”.

Pero también está el informe de Amnistía Internacional que en su análisis sobre  la inseguridad en México subraya: que la corrupción es sencillamente escandalosa en toda la cadena del  aparato de justicia. Agrega que los investigadores de Voices Of México no dudan en afirmar que la corrupción se ha convertido en la bancarrota del sistema de justicia criminal, “porque permite un extremadamente nivel de impunidad, corrupción y no garantiza los derechos fundamentales ni de las victimas ni de los acusados”.

Amnistía Internacional nos remite a la revista Voices Of México de enero y abril pasado, una publicación del centro de investigaciones sobre America del Norte y la UNAM, en cuyo texto en ingles The direction of criminal justicie reform in México, de la autoria  de Miguel Carmonett, del Instituto de la UNAM para Investigación Legal y Enrique Ochoa Reza, constitucionalista de la Facultad de Leyes, sostienen “que un análisis del sistema de justicia criminal en México,  y sin temor a la exageración, demuestra que está en completa bancarrota. Ninguno de sus principales actores puede estar satisfecho de su actual funcionamiento”.

Ahora, si nos atenemos a estudios realizados por la ONU, la OCD y el foro económico de Davoz, en materia de impartición de justicia, México está por los suelos. Siempre entre los primeros lugares  de corrupción y los últimos en cuanto a eficiencia y credibilidad se refiere de nuestras policías, que se han ubicado en esos rubros en el lugar 119, de un total de 131 naciones estudiadas.

Pero el caso es que el señor Ortiz Mayagoitia se cura en salud, o mejor dicho cura en salud a jueces,  magistrados y ministros de la corte. ¿Deberás hay angelitos en el poder judicial? ¿Por qué fue destituido Jaime Cárdenas de un importante cargo en la judicatura federal, por el solo hecho de haber denunciado una podredumbre de corrupción que impera en las altas esferas del poder judicial, y hasta fue amenazado de muerte por esa mafia?

El caso es que todos, excepto la Suprema Corte de Justicia de la Nación, son culpables del aterrador clima de inseguridad que campea por todo México. Ortiz Mayagoitia, en un muy lucido discurso acusó a los poderes ejecutivo y  legislativo de ser los causantes de esa aterradora crisis que vive el país porque dijo “los diputados no hacen leyes adecuadas, útiles, claras, y precisas que permitan sancionar  los delitos, y que establezcan procedimientos ineludibles para que los jueces puedan determinar legítimamente castigos y sanciones”.

Recordó que el poder ejecutivo tiene la obligación de instituir una educación que sea la principal herramienta preventiva para evitar que cada vez más mexicanos incursionen en el camino de la criminalidad.

Ortiz Mayagoitia puso también el dedo en la llaga en los ministerios públicos y poco le faltó decir que la mayoría de los MP hacen las averiguaciones con los pies y que hay que mandarlos a la nocturna. Sostuvo que la mayoría de esas averiguaciones están mal integradas, lo que dificulta a los jueces dictar sentencias imparciales, objetivas e independientes. Ó sea que el flamante presidente de la tremenda corte   salio como la partera cuando es mala… siempre le echa la culpa a algo.

En mi tierra suelen  pronunciar una máxima que reza: “que desde que existen los pretextos, se acabaron los pendejos”.

 
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