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Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
martes, 26 de agosto de 2008

 

 

  • El acuerdo anticrimen y los zopilotes

 

  • ¿Y la foto de la legitimidad?

 

Por: Alberto Vieyra Gómez

 

AMN.- ¿Los vio usted a todos juntos y revueltos? ¿Vio usted a esa inepta clase política exhibiendo su incapacidad e insensibilidad? En el Pacto Anticrimen firmado en Palacio Nacional el pasado viernes 21 de agosto vimos  a una junta de notables, pero de notables ineptos, o  a una bola de gobernantes que parecían zopilotes.¿Qué no los zopilotes se dedican a planear? Allí estaban todos esos zánganos  tragas  de gorra gobernantes que cada 3 y 6 años se disputan nuestros dineros públicos a través de los cargos de elección popular. Sí, les pagamos para que cuiden a todos los mexicanos y nuestro patrimonio, así seamos potentados o sencillos habitantes. Pero no pueden.

Gobernadores, “lideres parlamentarios”,  integrantes del poder judicial, empresarios, magnates de los medios de comunicación,  ricos representantes de la sociedad civil y unos cuantos colados, busca chambas y caza fantasmas. Todos querían salir en la foto histórica, sobre todo porque en Palacio Nacional ya casi no se trabaja. El dios que vive en Los Pinos  anhelaba a toda costa la foto de la legitimación, pero se le cebó.

Ante esa insensible clase política, las palabras del empresario Alejandro Martí, padre del asesinado Fernando Martí fueron  cayendo una a una a raja tabla. Causaban comezón en cada uno de los asientos. Fueron autenticas nalgadas. Como un balde de agua helada cayó la frase “si no pueden, renuncien”.

¿Alguien de los funcionarios de los tres poderes del Estado reunidos ahí tendrá vergüenza y será capaz de renunciar? Pero viéndolo bien, lo mejor será que no se les vaya a ocurrir a todos renunciar en masa porque entonces le aseguro que se convertirían todos ellos en guerrilleros o en secuestradores potenciales. Nos saldría más caro el caldo que las albóndigas.

El discurso de Martí no tiene desperdicio. Quedara para la posteridad, pues entre otras llamadas de atención fue aquella de “¿Quién es más culpable, el criminal que hace o los funcionarios que dejan hacer?” y añadia: “Señor Presidente de la República, distinguidos invitados especiales, señores miembros de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, señor jefe de Gobierno, representantes de los gobiernos y de la sociedad civil.

Seguramente ustedes recordarán aquellas épocas de oro de México, donde los niños jugaban en las calles. Las calles, los parques públicos eran una extensión de nuestros hogares. A nadie le preocupaba que salieran a jugar nuestros hijos y nosotros mismos salíamos a pasear. ¿Qué nos pasó?

Con el tiempo empezamos a oír que a un amigo, a un pariente, lo asaltaban, lo robaban; que a trabajadoras después de salir de su oficina y subirse en una combi las violaban. A muchas de ellas que iban a los taxis o a los minitaxis a sus casas les robaban todo lo que tenían. ¿Cuántas veces no hemos oído que bandas van en las quincenas a las obras para saquear a los pobres albañiles que estuvieron trabajando todo el tiempo y quitarles su dinero?

Pero también ¿cuántas veces hemos oído que a microempresarios que han comprado con mucho esfuerzo su propio taxi y que su primera aventura empresarial es un cuchillazo en el estómago para robarle el carro? Eso es lo que hemos logrado y desgraciadamente, todo esto creo que ha pasado a ser el paisaje urbano de todos los mexicanos.

Lo vemos, leemos los periódicos, vemos los actos de delincuencia, ya no nos afecta. Lo único que nos afecta es el terror interno que tienen los mexicanos de salir a las calles. México hoy está en crisis de seguridad. Hoy México vive una de las peores épocas de la historia en ese tema.

Yo perdí a mi hijo. Estoy seguro que esta desgracia hizo que México ganara un hijo; porque la fuerza de Fernando y el gran sufrimiento de nosotros canalizándolo a lo positivo, decidimos que él desde allá nos ayude a todos a ser un México mejor, a no permitirnos nunca más a tener operaciones, leyes reactivas.

Recuerdo hace cuatro años tuvimos una marcha y quizá ocho años tuvimos un suceso que nos hizo cimbrar a la población. ¿Qué hicimos? Nada. Esto es producto de muchos años de indolencia, de irresponsabilidad, de dejar hacer y digámoslo claro también, de corrupción.

Todo esto lo hemos logrado y hemos logrado una palabra espantosa en este país que se llama: impunidad. En mis noches de dolor, siempre pensé, como seguramente muchos mexicanos pensaron: ¿Quién habrá matado a mi hijo? ¿Habrá sido ese engendro maligno, hijo de la impunidad o todos nosotros que con el paso de los años, nuestra irresponsabilidad y nuestra ceguera hemos creado lo que hoy estamos viviendo? ¿Quién es más culpable? ¿El que deja hacer o el que hace?

Señores, hoy es una oportunidad, me da mucho gusto oír que esta es la primera vez que sucede esto, pero no lo dejemos ahí. No queremos la sociedad mexicana cosas temporales, estaremos vigilantes. Tenemos que recuperar la confianza en las instituciones, en el Estado mexicano y en nuestro propio país.

No se vale dejar las cosas, esto tiene que ser para siempre. El dolor y la muerte de mi hijo me ha dado el honor hoy de poderme expresar ante ustedes en nombre de todos aquellos que han sufrido una pena como yo, en nombre de todos aquellos padres y madres y Fernandos, que existen miles en este país que no han tenido un foro como éste, hoy le doy gracias a Dios y a mi hijo, de que me permita hablar ante ustedes y les pida: señores, hay que comprometernos. No hay partidos políticos una vez que uno es electo. Nuestro único partido es México. Yo les digo y exhorto a todos los que están operando el cambio y depuración de policías.

Hagan conciencia, hagan sentirnos a los ciudadanos que las policías, los ministerios públicos y los jueces son gentes honradas y de honor, y que su fuerza y su voluntad haga que el corrupto se sienta desplazado. Señores si piensan que la vara es muy alta, si piensan que es imposible hacerlo, si no pueden, renuncien, pero no sigan ocupando las oficinas de gobierno, no sigan recibiendo un sueldo por no hacer nada, que eso también es corrupción. Nuestro país está lleno de jóvenes recién egresados de las universidades que requieren el trabajo de ustedes y que estaría gustoso con todo el entusiasmo de gente joven y limpia, nueva y no maleada de hacer el trabajo que ustedes no están haciendo.

Agradezco mucho. Realmente hago el propósito con ustedes de comprometerme, como se debe de comprometer la sociedad civil a encaminar y encauzar una nueva era del país en donde repudiemos la corrupción, en donde no seamos parte de ella y no seamos cómplices, que repudiemos al corrupto”.

 
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