Política
Un pillo de tiempo completo
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| Política - De Pe a Pa | |
| Escrito por Editorial AMN | |
| miércoles, 23 de julio de 2008 | |
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Por: Alberto Vieyra Gómez AMN.- La guerra de los poderes ocultos con su ariete de la extrema derecha yunquista, Manuel Espino Barrientos, tiene dos propósitos fundamentales: primero, acabar con el poder que el régimen calderonista le ha dado al coordinador del PRI en el senado Manlio Fabio Beltrones Rivera, a quien se busca eliminar en la carrera presidencial rumbo al 2012 y segundo, debilitar a Felipe Calderón y hacerle manita de puerco para que El Yunque regrese al asalto del poder. El 2009 es un año electorero y es el mejor momento para que muchos miembros extremistas de la secta clandestina político religiosa, El Yunque, puedan negociar con Felipe Calderón posiciones fundamentales en
Pero, ¿quiénes y por qué golpean a Manlio Fabio Beltrones? ¿Cuál es la lectura política de hacerlo en los momentos más comprometidos del proceso legislativo concerniente a la reforma petrolera del inquilino de Los Pinos que representa al panismo doctrinario? ¿Por qué dejar actuar desde la clandestinidad a grupos y facciones del sistema que abiertamente le apuestan a la fractura del proyecto político del senador priista? ¿Por qué si el gobierno no tiene nada que ver en el escándalo de espionaje, la hechura del expediente del ex gobernador de Sonora tiene todas las características de un documento oficial de la inteligencia civil mexicana? Un par de posibles respuestas deben inquietar al senador: la primera, que desde el poder se tendría ya la certeza de que Manlio Fabio es prescindible en la aprobación de las iniciativas sobre PEMEX; la segunda, que lo que está detrás del escándalo de espionaje es evitar la entrega del poder al PRI desde Los Pinos, y menos aún a quien según Manuel Espino es “un pillo de tiempo completo” La fase de Manlio Fabio todopoderoso parece llegar a su fin. El régimen calderonista soñaba con sacar a flote sus cinco iniciativas en materia de privatización de PEMEX en un periodo extraordinario sesiones durante el mes de agosto, pero el escándalo sobre el espionaje practicado por el Cisen a Beltrones, su familia y los hombres de su primer círculo, dieron como resultado que el sonorense reventara dicha posibilidad. Algunos analistas y observadores políticos, como Strategos Consultores coinciden en que el origen del espionaje denunciado por el senador priista puede estar entre los grupos, las facciones y las camarillas políticas formadas en el viejo régimen priista y que actúan a sus anchas, debido a la debilidad estructural del actual gobierno, que no controla absolutamente nada de lo que hacen o dejan de hacer estos grupos que le apuestan a las acciones directas en política y que hoy emergen de los sótanos del poder para fracturar el proyecto político del senador Beltrones, a quien ubican como principal amenaza a sus intereses. Claro que también la ultraderecha yunquista le pone aderezo, calificándolo como ”un peligro para México”, estrategia que podría hacer de Beltrones un mártir o una victima y convertirlo en presidente de México, o al menos en otro Peje. En este contexto se inscribe la ofensiva mediática contra Manlio Fabio que encabeza Manuel Espino, pero que tiene todos los tintes de ser una acción envolvente de régimen. ¿Podría la acción de un solo hombre conseguir las ocho columnas, en su edición dominical, de los principales diarios de circulación nacional? La omisión sistemática del gobierno para controlar y fijar límites a esas expresiones de la parapolítica sería parte de la estrategia. En el fondo, lo que los adversarios de Manlio Fabio estarían buscando sería demostrarle al presidente Calderón que el senador es prescindible aún para el procesamiento legislativo de la reforma a PEMEX. En otras palabras, esos grupos quieren destruir el mito en el que se ha convertido la supuesta omnipresencia y omnicompetencia del emblemático sonorense. En más de un sentido, a Manlio Fabio le estaría pasando algo similar a lo de Andrés Manuel López Obrador: a temprana hora alertó a sus opositores potenciales, quienes forman ya un frente común para detenerlo. ¿Qué va hacer Manlio Fabio frente a esta prematura descomposición de su proyecto? En primer lugar, decir lo que ya está declarando: que el affaire del espionaje no implica ruptura con el establecimiento calderonista; en segundo lugar, confirmar su posición de aliado fundamental del proceso de reforma legislativa a PEMEX; y, en tercer lugar, colocar al frente del Cisen a un personaje afín, que sea pieza clave en los próximos procesos electorales y, particularmente en el 2012. Hasta ahora, Guillermo Álvarez, titular del Cisen ha dado sobradas muestras de ser un personaje frívolo y protagonista dedicado en cuerpo y alma a conceder entrevistas a medios de comunicación nacional y extranjeros violando con ello todas las reglas de oro no escritas de lo que debe ser el titular del espionaje del gobierno federal: discreto. Si Manlio Fabio provocara una ruptura política con el presidente, beneficiaría a sus adversarios quien al verlo alejado del poder, montarían una campaña letal, políticamente hablando, contra su persona. Más bien, a partir del escándalo de espionaje, Manlio Fabio recompondrá sus alianzas internas y externas para hacer frente, en los próximos meses, al reacomodo interno en el PRI y a las amenazas externas de quienes, apoyados en esos expedientes, mantendrán su asedio. El enemigo potencial de Beltrones no lo es tanto Espino y El Yunque sino el enemigo que está en casa: el PRI. El frente interno es tanto o más dañino que el externo. Manlio Fabio requiere una estrategia para reforzar su liderazgo político, lo que pasa por el refrendo de la lealtad de los senadores a su persona, pero no basta con eso. Demanda un pronunciamiento a su favor de los mandatarios del PRI y aún de los mismos diputados federales y locales. ¿Podrá Manlio lograr este respaldo? Hasta ahora se ha visto tibio y más bien pareciera a tenerse a su poder. Si lo logra, habrá ganado en esta embestida que sus adversarios le prepararon; si no lo logra, se convertirá en un personaje tan estructuralmente débil como el propio Felipe Calderón. |
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