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Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
martes, 30 de septiembre de 2008

 

 

  • ¿Cuáles son los enemigos de México?
  • Los 5 errores de Calderón

Por: Alberto Vieyra Gómez

AMN.- Son incontables los errores del Presidente, pero algunos resultan característicos de este gobierno:

1. Ante el fracaso, refugiarse en la sociedad. El discurso del Presidente que hace corresponsable al ciudadano de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado es un error porque evidencia la desesperación del gobierno y la incapacidad institucional que lo asiste. La referencia es un exceso retórico y un despropósito. Es el Estado quien debe proteger al ciudadano, no éste a aquél. Para proteger la vida y los bienes de las personas, es que surge el Estado. Si el gobierno es incapaz de ello, entonces quienes lo detentan deben reconsiderar su permanencia en el poder.

La convocatoria presidencial a la corresponsabilidad no hace más que mostrar el extravío y la desesperación del grupo en el poder. No se le puede exigir más sacrificios a una sociedad golpeada por la violencia criminal y víctima de la crisis económica. Esa convocatoria no repara, por ejemplo, en la orfandad del ciudadano, que no cuenta con la protección garantizada que el Estado brinda sólo a los altos funcionarios del gobierno. Felipe Calderón inició “…su valerosa guerra rodeado del Estado Mayor Presidencial y de ambientes de seguridad de la más alta tecnología”.

Él y su familia están protegidos, lo que en nada se parece a la triste realidad del ciudadano común, presa de la amenaza latente del crimen organizado y de una guerra que él no comenzó contra los cárteles de la droga. ¿Como denuncia un ciudadano común cuando sabe que no cuenta con la protección del Estado o que las mafias criminales están protegidas por el propio Estado, a través de funcionarios y policías de los organismos encargados de la procuración de justicia?

2. Colocar a sus adversarios políticos en el papel de auténticos traidores a la patria. Es un error del Presidente aprovechar la coyuntura para condenar a quienes, según su propia óptica, intentan dividir al país, enconar a la nación y fracturar la unidad de los mexicanos. El señalamiento del Ejecutivo va directo hacia Andrés Manuel López Obrador y su grupo compacto: Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Camacho Solís, José Agustín Ortiz Pinchetti, entre otros. A esta intención de equiparar una cosa con otra se suman periodistas que en su búsqueda de congraciarse con el poder enfilan su crítica contra AMLO.

 

Llegan a plantear una similitud de propósitos entre los cárteles de la droga y el movimiento de resistencia civil pacífica. Lo que todos o casi todos sabemos es que en alguna parte y algún grupo social, político o criminal, se cocina una suerte de golpe de Estado contra el gobierno federal. El golpe terrorista detonado en la capital michoacana pudo venir lo mismo de bandas criminales del narcotráfico y del crimen organizado, que de grupos radicales de tendencia político guerrillera –como las llamadas brigadas bolivarianas-, aunque no hay que descartar la mano de la propia ultraderecha panista y facciones poderosas interesadas en derrocar a Calderón.

 Hay muchos interesados en fomentar los odios y acentuar la pelea entre hermanos, que impulsan la idea de reventar al gobierno de Felipe Calderón Hinojosa y ‘mandan al diablo’ las instituciones golpistas como AMLO no pueden seguir jugando con el fuego de la desestabilización social, la promoción del odio, la caída del gobierno de Calderón. Ni Andrés Manuel López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrard y menos el resto de la claque del derrotado candidato presidencial puede seguir el juego de derribar al gobierno.

 Más claro ni el agua. Las cosas se dicen abiertamente. En un país como México, ese lenguaje es una abierta incitación para que grupos que le apuestan a las acciones directas en política y que se han colocado como defensores a ultranza del status quo lleguen incluso al linchamiento físico.

En consecuencia, el discurso presidencial acredita plenamente el error de querer igualar la acción del crimen organizado con la resistencia de un movimiento de oposición política nacional. Se equivoca el Presidente al confundir a sus adversarios políticos con los enemigos del país; no son lo mismo ni se les debe responder igual.

3. Explotar con fines políticos el valor nacional del patriotismo y de la unidad. El discurso de unidad nacional de  Calderón  no se inspira en un sano reconocimiento de diferencias, sino en la pretensión de dejar fuera y señalar como traidores a la Patria a quienes no comparten, por ejemplo, la idea de abrir el negocio petrolero a la inversión privada.

Con su discurso, el inquilino de Los Pinos se anticipa a la movilización nacional contra las reformas en materia petrolera. Está enojado porque no puede entregarles ese codiciado patrimonio a sus socios los gringos y espanofilos. En plena crisis por la inseguridad pública y la recesión económica, hacer patente la diferencia con ese conjunto de reformas legislativas, será suficiente para ser calificados de intentar dividir a los mexicanos. El propio René Arce dice que “AMLO tiene que acatar el llamado a la unidad nacional o será señalado como cómplice”.

 

4. Aplicar mecánicamente la lógica política de la reestructuración de apoyos. La teoría sugiere explotar los sentimientos y valores que unifican a un cuerpo social ante situaciones de crisis. Esto es lo que ha hecho el presidente Calderón cuando ensalza el patriotismo y califica de traidores a los criminales y narcotraficantes. Es exactamente el discurso que pronunció la cadete del Heroico Colegio Militar, Ingrid Berenice Martínez Murguía, en el acto de conmemoración del 161 aniversario de la gesta de los Niños Héroes de Chapultepec, el pasado 13 de septiembre. La cadete identificó a los nuevos traidores a la Patria:

 

“Enfrentamos todos los días a los nuevos traidores a la Patria, que inhumanamente siembran el miedo en la sociedad, acotan las libertades de nuestros compatriotas y pretenden que prevalezca el pánico, segando con saña la vida de nuestros propios paisanos.  No les importa envenenar a jóvenes, adolescentes o niños, ni ser lo más vergonzoso, repulsivo y denostable de nuestra sociedad. Tampoco miden el alcance de sus prácticas perversas, alevosas, sanguinarias y cobardes por los señuelos del dinero fácil.

Esos individuos que desean mantener privilegios y poderes fundados en el patrocinio de la violencia y criminalidad, pretenden también sembrar dudas, discordia y desconfianza sobre la determinación con que se enfrenta la felonía de sus actos. Sus hechos protagonizan acciones fratricidas en un camino sin retorno, de error, daño e ilegalidad. Ayer murieron mexicanos ante huestes extranjeras por defender lo nuestro, ahora manos y mentes criminales arrebatan vidas y patrimonio sobre sus hermanos de suelo, cielo y religión”.

Un discurso político puesto en voz de una cadete del Heroico Colegio Militar. ¿Tiene algún mensaje? Muchos, pero el principal es que el Ejército se confirma como institución fundamental de apoyo y respaldo a un gobierno civil en crisis.

Ante la pérdida de apoyo estructural de otros factores, las Fuerzas Armadas constituyen el verdadero pilar del gobierno. En la “guerra” que actualmente se libra en el terreno de la seguridad pública, el Instituto Armado ha identificado como traidores a la patria a los criminales y  narcotraficantes. ¿Cuál es el error del Presidente? Mantener al Ejército en el principal frente de batalla de la “guerra” contra el narcotráfico y el crimen organizado sin atender a la urgencia de contar ya con una estrategia de reemplazo.

5. La negativa del Presidente a reestructurar su gabinete. Una idea se impone frente a la dramática descomposición de la realidad: Felipe Calderón sucumbirá, a menos que en tiempo relativamente breve cambie a sus principales colaboradores, comenzando por los del área de seguridad y de procuración de justicia.

Los momentos que vive el territorio nacional requieren de otro tipo de hombres y no de aprendices, teóricos recién llegados, amigos,  encuestadores o simples burócratas enquistados en la nómina.

El señor Calderón no quiere aceptar lo evidente: “Buen porcentaje de lo que ocurre se debe a la falta de respeto que el crimen organizado tiene por la autoridad, pero sobre todo, por los hombres del Presidente. Para imponer la intolerancia a los criminales, como quiere Calderón, se necesita de otro tipo de personajes”. O se sabe qué es lo que hace al Presidente mantener a su equipo de colaboradores cuando es tan evidente su falta de resultados, el hecho es que si en este terreno no actúa con rapidez, la inercia de los acontecimientos acabará por opacar por completo su gestión y ayudará a quienes desde diferentes frentes ya piensan en su sustituto como una manera de dar salida a la actual crisis.

 
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