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El asesino de John Lennon PDF Imprimir E-Mail
Espectáculos - Espectáculos
Escrito por Editorial AMN   
martes, 15 de julio de 2008

 

  • “Chapter 27”

 

  • El mensajero de la muerte

 

Por: Alfredo Hidalgo

Fotograma Crítico.-  Según  las leyendas oficiales, de noticieros de “buen nombre”, documentos confidenciales “bien establecidos”, archivos de gobierno  “políticamente correctos”, John Winston Lennon, fue asesinado por un matón solitario, enfermo, loco y obsesivo con la figura que admiraba. Este tipo se llama -como más de 535, 000 páginas  lo reportan  en el buscador de Google por páginas encontradas- Mark David Chapman.

    Es increíble como una entidad humana, que sólo tiene como “mérito” entre comillas, el oprobio engendrado de mensajero de la muerte, quien toma su calibre .38 y asesta seis tiros en contra de otra entidad humana, tenga más repercusión, más fama que millones de diligentes ejemplos de vida, e incluso le dediquen su propia cinta hollywoodense, siendo un simple sicario embaucado, elevado al nivel de una celebridad.

    Efectivamente era un trastornado mental, con los típicos problemas de la  infancia desintegrada, y la comprobada disfunción mental, pero con cero antecedentes penales y ninguna trayectoria de destreza gangsteril, ni mucho menos. Aunque debemos recordar que existe información clasificada, que cuando un gobierno –sobretodo gringo- quiere encubrir, lo hace con 110% de efectividad.

    A ojos vista, la noticia que modificó al mundo el 8 de diciembre de 1980, en esa noche acre para la música pop, la paz mundial y el activismo político de los jóvenes, nos hablan de una conspiración del FBI para eliminar al activista incómodo, al que hacía temblar a la “seguridad” nacional de Estados Unidos. Por ende, es lógico pensar, y de botepronto, que el gobierno norteamericano asesinara al pacifista inglés, porque dicha nación tiene entre sus consignas innatas la promoción, el negocio y la generación de la guerra, como parte del “espíritu” belicoso implícito en un estadunidense clásico. Por lo tanto había que exterminar al extranjero comunista y hippie, que corrompía a los adolescentes.

    La idea de la conspiración es reforzada por el canal independiente Discovery Channel, en su documental “La muerte de John Lennon”, donde incluso menciona que Chapman, atravesó importantes aeropuertos portando un arma entre su vestimenta, con varios indicios de que la misma CIA haya preparado la coartada de un clásico asesino solitario, para no manchar más la sucia historia de este país. Pero la versión oficial –obviamente, que jamás reconocerá su verdad- indica que Mark David Chapman le disparó seis balas al exbeatle, de los cuales cuatro impactaron en su cuello y espalda. Más nunca dicen por qué lo hizo. Suena más ridículo, absurdo e inverosímil que una película de Schwartzenegger, pero aún así, es la interpretación que la ciudadanía poco afecta por revisar un diario, y  la que forjan  las mayorías silenciosas, es a la que engañan los medios que he mencionado al principio de esta columna.

    Y uno de estos medios, quizás el más poderoso e influyente sobre la popularidad mundial: el cine, lleva a las pantallas gigantes  “Chapter 27” o como se ha titulado en español “El asesino de John Lennon”, un título por demás elocuente, que remite al famoso capítulo-oscuro objeto del deseo-obsesión que el maniático texano quería escribir, sobre una supuesta inspiración de la novela “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger, ya que esta contiene sólo 26 capítulos.

    Esta es una película que llama la atención por dos cosas, la primera es porque la caracterización que realiza Hollywood con Jared Leto es impresionante, pues este subió y bajó casi 30 kilos,  prácticamente de un día para otro, pero nadie sabrá si fue Adobe Photoshop, látex a la Eddie Murphy o el Mac Donald’s big size,. Y la segunda, sólo para conocer un poco al individuo que los servicios secretos de la CIA utilizaron para su impecable magnicidio perfecto, como ya lo habían realizado con otros embaucados para eliminar a John F. Kennedy, Edward Kennedy, Martin Luther King,  Salvador Allende, Che Guevara  y otras decenas de personalidades alrededor del mundo, dentro y fuera de los Estados Unidos.

    Así podemos adentrarnos en este chivo expiatorio, el cual suele emplearse como coartada, cuando hay que encubrir un crimen magnánimo, y limpiar la sangre que se corroe en las entrañas de una sociedad confundida. Muy similar el personaje, por cierto a nuestro Mario Aburto, a quien también le adjudicaron en su momento locura, desintegración familiar, paranoia y una lindura de parafernalia de misterios sobre su biografía, antes que aceptar la participación gubernamental para asesinar a Luis Donaldo Colosio, quien sería presidente en lugar de Ernesto Zedillo.

     Todo, como siempre, con el afán de marear la opinión pública y generar una cortina de humo, para que cuando las aguas se hayan enfriado, entonces sí sacar ciertas verdades ante una nueva generación postrera. Son encubrimientos deliberados en su momento,  por “tratarse de temas de seguridad nacional”. En fin, el truquito que hasta un niño de kínder podría memorizarse en este milenio avezado ya en tema de corrupción extrema,  lo que en mexicano se acostumbra a decir “dar atole con el dedo”.

    “Chapter 27”, es una película que llama el interés por el morbo que generan los misterios típicos de conocer la mecánica, la idiosincrasia y mentalidad contralógica, de los psicóticos que asesinan porque “una  voz les habla”. Más bien para, cotorrear un poco con las historias de trastornados perfectos que inventa la cúpula del poder, y la masifica por medio de sus corifeos medios de comunicación.  Historias que una sociedad termina tragando, por causas de la máxima de Goebbels, el lunático lugarteniente de Hitler, quien dijo que una mentira hay que decirlas mil veces para que se conviertan en realidad.

    Por lo tanto esta película dirigida por el debutante Jarett  Schaeffer, escrita por él mismo y producida por el musicólogo Bob Salerno, es el argumento que se ha manejado en estos 28 años transcurridos, como la versión válida, que verdaderamente ya resulta complicado rechazar para un ciudadano promedio. Es un guión romántico, que sólo aportará la oportunidad de negocio en Hollywood y su fructífera taquilla, cosa que ya sucedió. Sin embargo, podríamos sacar algo positivo en este filme, recrear los ambientes trágicos de aquel lejano 1980, cuando recién habían elegido presidente al ingrato Ronald Reagan, pues sólo un mes antes había tomado posesión y sólo 3 meses después habría sido atacado por otro supuesto maniático. En este documento de imágenes podríamos reflexionar acerca de la historia de los Estados Unidos, mientras se nos presenta la oscura mentalidad de un Chapman, en la versión oficial del establishment, la obra maestra de los verdaderos asesinos, la CIA y el FBI.

    De hecho existe una investigación seria al respecto de Fenton Bresler, quien en su libro “¿Quién mató a John Lennon?”, detalla como en los procedimientos de sabotaje, emplean lo que se conoce como “Candidato de Manchuria”. Se trata de seleccionar cuidadosamente al individuo adecuado para ocuparlo como gatillero, se le contrata por sus antecedentes demenciales y esquizofrénicos, que sean maleables para poderlo moldear, proteger, incluso alentarlo psicológicamente hacia un magnicidio.

    De hecho, se les apoya íntegramente con las fuerzas del orden, detectives, policías encubiertos, logística, facilidades para delinquir y preparación para encontrar los tiempos precisos, el modo y el escenario para ejecutar la acción final. Son procedimientos clásicos de los servicios secretos del gobierno. No es ningún mito y es aplicable contra todos aquellos personajes que tratan de movilizar a las masas, justo como lo hacía John Lennon. También han existido otros estudios serios y completos, como el de Salvador Astucia “Reflexionando el asesinato de John Lennon” de año 2004, donde se enfatizan las incontables contrariedades entre los reportes del FBI, los policiacos, la posibilidad de que haya sido otro el asesino, Fred Seaman del staff de Lennon, e incluso las omisiones que tuvo el mismo Fenton Bresler.

    Por lo tanto, ha quedado establecido quién asesinó realmente al exbeatle, el móvil del mismo, y cómo operan los grandes magnicidas estadunidenses, ayer, ahora y mañana. El único misterio es saber los nombres exactos, el número de serie del arma, y la mecánica detallada. Sin embargo, no es necesario saber nimiedades cuando se comete un sangriento crimen contra la dignidad del hombre.

    Pero, sí es un necesario preámbulo para disfrutar mejor esta película pop, donde también aparece Lindsay Lohan como una admiradora que cruza algunos diálogos con el asesino.  Obviamente que los nuevos cinéfilos jóvenes, sin una introducción histórica o semblanza  sobre este rockstar británico, pensarán que en realidad existió un romántico Mark D. Chapman, con sus complejidades humanas, pensamientos seudofilosóficos, justificaciones egocéntricas, motivaciones ajusticiadoras y falsos redencionismos, como se muestra en “Chapter 27”.

    Por ello, es imprescindible en esta ocasión,  empaparse un poco sobre quienes fueron en realidad John Lennon, Mark D. Chapman, Fenton Bresler y Salvador Astucia, o por lo menos la presente crítica cinematográfica como referente y apreciar el argumento en su real dimensión, sin malformaciones tendenciosas que oculten más la verdad.  Además, si no asimilamos dicho preámbulo, se correrá el riesgo de generar apologías de personajes parásitos –aunque sean ficticios-, que representan lo más sucio, ruinoso, miserable, y enfermizo que produce nuestro mundo ambicioso y su torcido maquiavelismo, por conducto del  sistema gubernamental de seguridad. ¿No sería más provechoso que ofrecieran protección a los ciudadanos en contra de los psicópatas de cuello blanco, quienes trafican, lucran, comercian, y exterminan seres humanos inocentes, a manera de guerras, holocaustos, epidemias, invasiones, enajenaciones, sin límites y sin restricciones de ningún tipo? Con un simple dibujito aritmético hasta un bebé podría comprender que los ciudadanos pagan sus impuestos, los gobiernos administran la caja y están obligados a responder por la seguridad pública de sus gobernados.

     Por ello, es necesario mantenerse atentos a seleccionar los filmes que se vendan como históricos, sobre hechos reales y sobre situaciones de la vida real. Es obligatorio saber el quid o la trama nodal que motiva a fotografiar con ficción un hecho, y en cuanto al político, habrá que revisar versiones de distintas fuentes, porque entramos al terreno peligroso de la fe, como la religión. La diferencia está en que la religión redime tus pecados cuando ya no estás  y en cambio la política lo hace cuando ya no estás…con el sistema. Como a John Lennon y compañía, quien por cierto decía que la vida era todo aquello que te sucede, mientras estamos empeñados en otros planes. Y yo digo que si no eliges los planes del demiurgo oficial, entonces te vuelves un completo outsider, un borrado social, a la gente la borran matándola de hambre, y a las celebridades, matándolas de veras.

 
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