SmallMediumLarge NarrowWideFluid
Inicio arrow Espectáculos arrow El ídolo que nace
El ídolo que nace PDF Imprimir E-Mail
Escrito por webmaster   
domingo, 13 de abril de 2008

Por Alberto Vieyra

  • El ídolo que nace
    2a. parte

(AMPRyT).- Desvelos, lágrimas y hambres forjaron a Pedro Infante.

 

Por Alberto Vieyra

  • El ídolo que nace
    2a. parte

(AMPRyT).- Desvelos, lágrimas y hambres forjaron a Pedro Infante.



El joven Pedro Infante en compañía de su novia María Luisa León Rosas, salió de la XEB de capa caida, después de que el incipiente cantante había reprobado su primer examen. Ambos lloraron aquella derrota y esa noche ninguno de los dos pudo dormir. Era la primera noche triste, que juntos pasaban.

 

Dejando atrás la profunda tristeza, se armaron de valor y volvieron con el ingeniero Luis Ugalde, para pedirle una nueva oportunidad para que Pedro cantara. Y corrió con tan buena suerte que se la dieron para el día siguiente.

 

“Si no canto bien mañana, buscaré trabajo en lo que sea”, le decía con desesperación Pedro a María Luisa.

 

“No será necesario, tu tienes que triunfar cantando, estoy segura y además, vas a ser muy famoso, entonces tal vez no me vas a querer como ahora”…. un beso de Pedro evitó que su amada concluyera la frase. “Eso nunca María Luisa, tu serás siempre lo primero en mi vida, si con el favor de Dios llego a triunfar,ha de ser para que lo disfrutemos juntos, como juntos hemos sufrido”.

 

Llegó el momento de la nueva oportunidad. La pareja de enamorados se levantó confiada en salir avante. Eran dos seres, pero sentimental y moralmente formaban uno solo. Para las once de la mañana estaba señalada la prueba de fuego para Pedro y no llegaron sin antes ir a la Iglesia de San José a rezarle a San Nicolás de Bari y al Señor del Santo Entierro, pues en ese momento se jugaba ni más ni menos que el futuro de ambos.

 

Llegaron a la estación y todo estaba dispuesto para escucharlo cantar. Había mucha gente congregada en torno a la “B” Grande de México.

 

Esa mañana Pedro cantó como nunca. Su voz emotiva de suaves inflexiones, se dejó oír interpretando “Nocturnal”. Los ojos de María Luisa miraban a Pedro a través del cristal y no se apartaban de él. A distancia le transmitía con su mirada todo lo que lo amaba, toda su fe en su triunfo. Él también la miraba fijamente y con sus expresivos ojos, le decía que saldrían airosos. El público congregado y los ejecutivos de la “B”, encabezados por B. Sancristóbal y el señor Morán, gerente y director respectivamente, no salían de su asombro pues nunca pensaron que Pedro les diera tal satisfacción ese día.

 

Por todos los ahí presentes, Pedro era aplaudido y felicitado. Salió del estudio y con una sonrisa cariñosa respondió a todas las muestras de afecto. Radiante, fue hasta su amada. Tomó sus manos y ambos sintieron que sudaban y estaban frías.

 

“¿Cómo la viste mi vida?”, le preguntó ansioso Pedro.

 

“¡Lindo Pedro, cantaste como nunca…precioso!

 

Momentos después escucharon una voz que decía: “al señor Pedro Infante lo esperan en la Dirección”. Al poco rato salió y en su cara se advertía la satisfacción del éxito y casi brincando como niño, le decía a su amada María Luisa:

 

“¡Ahora sí, gracias a Dios ya fui aceptado!” Me pagarán muy poco, pero no importa, lo urgente es trabajar y comenzaré mañana mismo ganando dos pesos por programa y cantaré cada tercer día.

 

Los dos se abrazaron efusivamente con aquella fuerza de ese amor joven y como si lo hubieran ensayado su primera exclamación fue: “¡Ya tenemos la renta asegurada…!”

 

Ese éxito lo celebraron caminando sin parar y se dieron cuenta dónde andaban hasta que estaban frente al Caballito de Manuel Tolsá, que antes se ubicaba entre Reforma y Bucareli.

 

Desde el día en que fue aceptado en la XEB, la primera preocupación de Pedro y María Luisa, eran sus ensayos. Por las mañanas estudiaba con el maestro Belloc, su especialidad era cantar boleros, ponía al hacerlo todo el caudal artístico que le había dado como herencia, su natal Sinaloa. Luego por las tardes después del programa radiofónico, pasaban horas y horas ensayando en su pequeño cuarto y con su vieja guitarra perfeccionaba las canciones que a veces cantaba sólo y en ocasiones a dúo pues María Luisa no cantaba mal las rancheras, desde aquella vieja cantina en Culiacán donde Pedro la conoció como mesera y de vez en cuando se echaba su palomazo.

 

Mucho se ha dicho sobre la oriundez de Pedro Infante. No faltan quienes aseguran que nació en el Barrio de la Merced, muy cerca de donde vió la luz también el güero Jacobo Zabludovzky y otros, que sostienen que era originario de Guamúchil, Sinaloa. Pero la verdad es que nació en Mazatlán el 18 de noviembre de 1917, a las 2 y media de la madrugada, en la Calle de Camichín número 508. Los primeros años de su vida los pasó en Guamúchil y por cuestiones de trabajo de su padre don Delfino Infante García, tuvieron que moverse al Culiacán de aquellas calles polvorientas todavía.

 

Desde que nació Pedro, fue para sus papás don Delfino Infante y doña Cuquita Cruz un mensajero de buena suerte, pues apenas contaba con tres meses cuando a su padre le ofrecieron un contrato para ir a tocar con su famosa orquesta “Estrella”, a San Francisco, California. A partir de ahí, el trabajo no le faltó al progenitor de Pedro como filarmónico, pues de eso sostenía a su familia, unas veces en Guamúchil, en Rosario, Mazatlán o Culiacán, donde a los 19 años conoció a la chorreada de sus amores, María Luisa León Rosas, aunque no faltan quienes aseguran que para entonces Pedro ya tenía una hija producto de un fugaz amorío en Guamúchil.

 

Mientras, su mamá doña Cuquita también contribuía con el gasto familiar, cosiendo ropa en su vieja máquina Singer mecánica de pedal. Cuando Pedro regularmente la acompañaba hasta altas horas de la noche, sobre todo cuando tenía que entregar alguna prenda confeccionada por ella, la veía tan cansada que él se tiraba en el suelo para moverle con sus manos el pedal de la máquina y que ella descansara un poco sus piernas. Desde entonces, Pedro se hizo la promesa de darle a su madre lo mejor cuando él triunfara. Y lo hizo.

 

En la Ciudad de México, Pedro tenía que pedalearle duro pero a la vida, para no ser uno más del montón.

 

Continuaba con su programa radiofónico en la “B” ganando dos pesos por programa, equivalentes a 24 pesos por mes, que no le alcanzaban más que para la renta del cuartito que habitaban en la calle de Ayuntamiento, donde pagaba 20 pesos mensuales, de tal modo que solo le quedaban 4 pesos para medio comer. Ambos habían adelgazado muchos kilos. María Luisa llegó a pesar 39 kilos  -sus piernas eran de fideo-. Él no se quiso pesar, pero su físico lo delataba y cayó gravemente enfermo a causa del congestionamiento e infección en el pulmón izquierdo. Los dos fueron atendidos en la Cruz Roja de Polanco, gracias a la recomendación de uno de esos seres buenos que siempre existen en todas partes.

 

Pedro seguía con mayor éxito  en su programa radiofónico, que comenzó a alternar con presentaciones durante un mes, en un centro nocturno llamado “Waikikí”, donde estrenó su primer smoking que le regaló el ingeniero Ugalde y unos zapatos de cartón acharolados que le costaron 9 pesos, pero como le quedaron chicos, los tuvo que remojar en alcohol y cuando los estrenó les salieron tremendas grietas, además de que rechinaban a cada paso que daba.

 

Corrían los primeros meses de 1939 y Pedro Infante le dijo un día su mujer que había sido invitado a una cena, cuando en realidad había sido invitado a un teatro llamado “Colonial”, en el que exitosamente se presentaba Jesús Martínez Palillo, de quien siempre se dijo que fue el cómico de la política mexicana, que hizo cera y pabilo de los méndigos políticos de aquella época. Fue Palillo quien ayudó a Pedro Infante a entrar a un concurso de canto en el que Pedro resultó ser el ganador. ¿El premio? Un traje a la medida.

 

Ya con su tacuche nuevo de color café claro, con el que se veía elegantísimo Pedro le propuso a su adorada María Luisa, casorio por las tres leyes como diría el vulgo –por el civil, por la Iglesia y por…la otra-, pero fue necesario que el ya medio famoso sinaloense, tuviera que pedir un préstamo a la radiodifusora para comprarle todo el ajuar a la novia, quien el día del bodorrio pasó las peores angustias porque sólo tenía un par de medias que había lavado en la víspera, pero como esa noche llovió a cántaros para el día de la boda seguían escurriendo. Tuvo que ponérselas mojadas porque Pedro llegó presuroso a avisarle que desde hacía media hora, el cura los esperaba en la Catedral.

 

…..continuará.

 

 
< Anterior   Siguiente >

Noticias en Video

Celebridades de Hollywood se unen en una campaña contra McCain

Mensaje de Calderón sobre muerte de Mouriño

Discurso Barack Obama Victory Speech

Encuesta de hoy

¿ Considera ud. que el gobierno federal disminuirá el indice de secuestros?
 
jueves, 04 de diciembre de 2008

Buscador