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Escrito por webmaster   
jueves, 10 de abril de 2008

Por Alberto Vieyra

  • La tercera es la vencida
    7a. y última parte.

(AMPRyT).- La muerte de Pedro Infante conmocionó a México.

 

Por Alberto Vieyra

  • La tercera es la vencida
    7a. y última parte.

(AMPRyT).- La muerte de Pedro Infante conmocionó a México.



A las 7 de la mañana con 40 minutos del lunes 15 de abril de 1957, en la pista 10 del Aeropuerto de Mérida, Yucatán, el Capitán Piloto Aviador Víctor Manuel Vidal Lorca, anunció a la torre de control: “listo para despegar”. Se trataba de un viejo aparato de 4 motores modelo Liberator, que sirvió durante la Segunda Guerra mundial como transporte de carga, con matrícula XA-KUN, de la línea aérea Transportes Mexicanos, S. A., con destino a la Ciudad de México, llevando a bordo al Capitán Piloto Aviador Pedro Infante Cruz, como copiloto de la nave; y como piloto a quien fuera su maestro, Víctor Manuel Vidal Lorca, con 10 mil horas de vuelo y al mecánico Marcial Bautista.

 

El viejo avión despegó, pero “perdió sustentación” a unos 20 metros de altura. Piloto y copiloto, hacían esfuerzos desesperados por estabilizar la nave, que no respondió. Escasos minutos después, cayó impactándose en el patio trasero de una casa que tenía  una tiendita llamada “Socorro”, situada entre las calles 55 y 84, de la blanca Mérida,  donde alcanzó a cinco personas, entre ellas, una humilde muchacha que se encontraba en el lavadero que perecieron instantáneamente. El avión, cargado se asegura con 24 toneladas de pescado, cortes de casimir y otros artículos de importación, comenzó a arder en llamas.

 

Minutos después, al lugar del siniestro llegaban bomberos y uno de ellos al rescatar uno de los cuerpos calcinados, descubrió accidentalmente la pulsera grabada con el nombre de Pedro Infante, más el adorno de dos alas que simbolizaban la licencia de Pedro como Capitán Piloto Aviador. De inmediato, la locura se apoderó de los presentes que no pudieron evitar gritos de delirio, mientras la noticia se extendía como reguero de pólvora primero en Mérida y luego en todo México.

 

A las 8:15 de la mañana, el locutor Humberto Rodríguez de la estación de Radio XEMH de Mérida, Yucatán, daba a conocer el trágico suceso. Decía: “¡Boletín especial…el cantante Pedro Infante ha muerto en un accidente aéreo..!”

 

Aquella fatídica mañana del 15 de abril de 1957, el joven locutor Luis Alberto Rivas Aguilar –hoy presidente del Grupo Radiofónico Rivas, de Yucatán-, vio cómo los bomberos rescataban los cuerpos quemados, entre ellos el de Pedro Infante. Fue Rivas Aguilar quien grabó en el lugar de la tragedia, testimonios de la gente que vio cómo el avión en el que perdió la vida el ídolo de Guamúchil, caía y segundos después del impacto, se convertía en un infierno. El joven locutor, fue quien transmitió esos pormenores a la XEW, donde a las 11 de la mañana con 12 minutos, el locutor Manuel Bernal interrumpió su programa “El tío Polito”, para dar a todo México la terrible noticia que paralizó al país y metió a más de 50 millones de mexicanos en una virtual depresión. Decía el Declamador de América: “este lunes 15 de abril de 1957, Pedro, nuestro amado Pedro…se ha confirmado, ha muerto en Mérida, Yucatán”. A partir de ese momento Luis Alberto Rivas permaneció enlazado con la XEW.

 

El parte oficial de la compañía aérea decía: “hoy a las 7:54 horas, el avión XA-KUN de TAMSA –Transportes Aéreos Mexicanos, S. A.-, desplomose después de despegue normal, aproximadamente seis millas noroeste aeropuerto Mérida. Ningún sobreviviente por fuerte impacto, explosión gasolina”.

 

El reporte de la secretaría de Comunicaciones y Transportes, no coincide en la hora. Sostenía que el siniestro había ocurrido nueve minutos antes, es decir, a las 7:45.

 

El Capitán Alberto Solís, asesor técnico de TAMSA, informaba también a la prensa que la nave transportaba una remesa de pescado, que iba con 24 mil 300 kilos de peso, es decir, no iba sobrecargada y se ignoraba la causa del accidente. La realidad es que ese viejo aparato de la Segunda Guerra Mundial, le había dado a Pedro ya varios sustos. Un día llegó a su casa todo espantado diciéndole a su esposa: “Qué crees viejita, que me llevé el susto de mi vida, ya casi para llegar a México me falló un motor y el tren de aterrizaje no bajaba, pero afortunadamente ya estoy aquí”. Eso ocurría a finales de 1956. También se sabría que aquel viejo aparato, sólo estaba autorizado a volar en viajes cortos, pues había tenido ya un accidente.

 

Testigos presenciales juran y perjuran que el cuerpo de Pedro Infante que medía en vida 1.80 mts., se redujo a 88 cms. Fue llevado al Hospital Terán, en cuyo anfiteatro se embalsamó y luego sería velado en la casa que le regaló a Irma Aguirre Martínez –Irma Dorantes-, en la Calle 79, hoy Avenida de los Itzaes, en Mérida.

 

La primera en enterarse de la muerte de Pedro, fue su esposa María Luisa León, poco después de las 9:30 de la mañana. La madre del ídolo doña Refugio Cruz, sus hermanos Ángel y José, así como sus hermanas Rosario, Carmen y Socorro que estaban en la Ciudad de México, no paraban de llorar. La madre y la familia de Pedro, vivían en Sierra Vista No. 68, Colonia Lindavista. Pedro les había regalado esa casa y de hecho, era él quien  sostenía a casi toda la familia.

 

Se dieron varias versiones de cómo fueron enterados los familiares del cantante. Una, que fue a través de María Luisa; otra, que fue un empleado de la línea aérea de nombre José, que se comunicó con las hermanas que vivían en Mazatlán, que eran Refugio, Consuelo y Concha. Dicen que la madre de Pedro lloró cinco horas sin parar y casi al borde la histeria. Desde que supo la noticia y hasta que Pedro bajó a ese lugar que tanto pánico le producía –la tumba-, la señora sufrió más de diez desmayos.

 

Daría inicio la disputa por los restos de Pedro. María Luisa exigía que se velaran en su casa de Rebsamen 730 en la Colonia Narvarte, pero se asegura que la madre de Pedro le llamó telefónicamente para decirle: “ya que usted lo retuvo en vida aún contra su voluntad, déjelo ahora con su madre”. María Luisa lo negaría toda su vida. Pero la realidad es que doña Cuca no quería bien a la esposa real de Pedro, pues le tenía tirria porque por ella, Pedro dejó su natal Sinaloa para venir a seguirla al Distrito Federal.

 

Por su parte, Irma Aguirre Martínez –Irma Dorantes-, con la que Pedro solía vivir unos días y otros con otra, se dirigió a la ANDA para hablar con Jaime Fernández, entonces el líder y con Ángel, hermano de Pedro para juntos viajar a Mérida para el traslado del cadáver. Desde que apareció en público, Irma no dejaba de llorar y cuando vio a los periodistas clamaba: “¡vivo me lo querían quitar, muerto nadie se atreverá”! Cuando Irma, Jaime y Ángel llegaron a Mérida a eso de las 16:30 horas, a la joven actriz la culpa le calcinaba el alma, pues en todo momento repetía: “yo lo presioné para que regresara a la Ciudad de México a encarar el escándalo por el fallo de la Suprema Corte de Justicia que anulaba nuestro matrimonio, yo lo maté”.

 

En el gimnasio de su casa de Mérida, fue velado Pedro y ahí, Irma le puso en al ataúd de madera, que luego sería cambiado en el Distrito Federal –en Gayoso- por uno metálico, un crucifijo de piedra con incrustaciones de oro. A toda costa quería lavar su culpa.

 

La gran olvidada fue otra de las amantes de Pedro: la bailarina Guadalupe Torrentera, con quien procreó tres hijos.

 

Según informes periodísticos, Pedro habría ganado a lo largo de su carrera, alrededor de 10 millones de pesos; cinco por las películas, tres por giras y presentaciones diversas y dos por sus 368 canciones grabadas. Pedro grabó 161 discos, que constituyen todo un récord aún en la actualidad. En 1943 cuando grabó aquellos valses de Rosalía y Mañana, que fueron un fracaso en la RCA, cobró 30 pesos. Su última canción grabada fue Ni el dinero ni nada y Pedro ya cobraba 15 mil pesos por cada disco.

 

Su filmografía consta de 45 películas, 16 de ellas dirigido por su gran maestro Ismael Rodríguez.

 

Para acabar con la disputa por el cadáver de Pedro, Jaime Fernández dijo que Pedro le pertenecía a la ANDA y los funerales serían en el Teatro Jorge Negrete, le gustara o no a la familia.

 

Por el Teatro desfilaron según un periodista, más de un millón de personas y otros calcularon que el día de su sepelio fue despedido por millón y medio. La policía tuvo que intervenir ante los tumultos. Hubo 43 heridos, 7 de ellos graves y cuando menos un centenar de golpeados. Una joven de nombre de Alicia Jasso cayó al suelo y la multitud pasó sobre ella. Vivió muchos años para contarlo.

 

En el plano internacional, la muerte de Pedro cayó también como balde de agua fría. En Estados Unidos hubo decenas de personas que sufrieron síncopes cardíacos. En Venezuela, una muchacha de 18 años de nombre Josefina Vaica se suicidó; en Puerto Rico pedían a gritos sus canciones y en México no se diga. Un diario recibió más de 6 mil cartas y nadie hablaba de otra cosa que no fuera la leyenda de Pedro.

 

A pedro se le enterró en la fosa 52 del lote 126, en el Panteón Jardín junto a su padre don Delfino y cerca de la tumba de Blanca Esthela Pavón y de la de Jorge Negrete.  

 

De los demás muertos en el famoso accidente del 15 de abril de 1957, no se supo nada…

 

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