SmallMediumLarge NarrowWideFluid
Inicio arrow Espectáculos arrow Las mieles de la gloria y el primer aviso.
Las mieles de la gloria y el primer aviso. PDF Imprimir E-Mail
Escrito por webmaster   
lunes, 14 de abril de 2008

Por Alberto Vieyra

  • Las mieles de la gloria y el primer aviso
    3a. Parte.

(AMPRyT).- Los primeros 20 pesos que Pedro cobró como artista.

 

 

Por Alberto Vieyra

  • Las mieles de la gloria y el primer aviso
    3a. Parte.

(AMPRyT).- Los primeros 20 pesos que Pedro cobró como artista.



A las doce del día de aquel primero de julio de 1939, doce días después de su enlace civil, Pedro Infante Cruz y María Luisa León Rosas, eran recibidos en la Catedral Metropolitana con la marcha nupcial y el Ave María, a cargo de un violinista muy amigo de Pedro. El sacerdote Rosendo R. –así lo identificaba María Luisa-, fue el encargado de llevar a cabo el enlace religioso, por el que los contrayentes no pagaron ni un solo centavo.

 

Ella lucía un sencillo traje de lino gris perla -que había sido transformado de hombre para mujer, que le había regalado a Pedro el compositor Rafael Hernández-, zapatos nuevos y una pequeña mantilla blanca, regalo de una de sus madrinas y sus medias mojadas. Él, su traje café que se había ganado en un concurso de aficionados, invitado por el cómico Palillo, camisa blanca, zapatos negros y sin bigotito.

 

Después de la ceremonia, los contrayentes fueron invitados por uno de sus padrinos, a un almuerzo en un restaurantito por el rumbo de Peralvillo.

 

La vida de la feliz pareja –hasta ese momento-, siguió su curso. La carrera de Pedro seguía en ascenso. En la XEB había tenido cuando menos dos aumentos consecutivos de 50 centavos cada uno por programa, para totalizar 3 pesos por programa cada tercer día. Pedro comenzaba a recibir nuevas ofertas de trabajo.

 

Uno de sus testigos de matrimonio civil, trabajaba en el Salón Maya del Hotel Reforma y un día lo invitó a cantar, aprovechando que el dueño estaría presente con su familia para presenciar la variedad. La invitación funcionó y Pedro fue contratado para trabajar durante algunos meses, en los que hizo amistad con todo mundo incluyendo los cocineros, quienes todas las noches le ponían itacate para él y su esposa. Exquisitas piernas con papas al horno, ricas carnes asadas, pollo almendrado, etc. Comenzaron a ponerse robustos y colorados los dos. Atrás comenzaban a quedar las penurias.

 

Una noche Pedro llegó a su casa feliz y levantó a su mujer, diciéndole que tenían que viajar de madrugada a Tampico, Tamaulipas. Había sido contratado por Enrique Serna Martínez, dueño de una radiodifusora que le ofreció pagarle 20 pesos diarios durante un mes. Fue su primera gira de delirio, muchas tardes salió en hombros y su mujer tuvo que regresarse sola al hotel. Fueron tratados como reyes. El contrato se prolongó por dos meses. Se ganaron mil 200 pesos.

 

Cuando regresaron a la aplastante Ciudad de México, dejaron el cuarto que ocupaban en la Calle de Ayuntamiento y por 27 pesos mensuales, rentaron un cuarto en la Calle de Ernesto Pugibet No. 74 Bis.

 

Jesús, el hermano de María Luisa, llegó por esos días a pasar unas vacaciones con ellos, pero llegó para quedarse y les fue de mucha utilidad, pues le sirvió de chofer, tapadera y hasta de maestro de ceremonias.

 

Para poder comprar su primer traje de charro, Pedro tuvo que pedir otro préstamo a cuenta de su trabajo. Compró el más barato que encontró, era negro igual que el sombrero, con bordados blancos, botines negros, camisa blanca y un moño con rayas negras y blancas. Le asentaba perfectamente bien.

 

Tuvo su primera oportunidad en el cine como extra, en la película Un burro y dos baturros, que nunca se exhibió, igual que un cortometraje en el que también fue contratado como cantante. Pedro Infante comenzaba a codearse con la crema, la nata y el jocoque de la sociedad mexicana. Una noche que acudió a una cena, un banquero le hizo un préstamo para que diera el enganche y  adquiriera sus muebles en el Palacio de Hierro, al mudarse a un modesto departamento en Paseo de la Reforma, en el que pagaría de renta 90 pesos al mes.

 

Ocurrió algo muy chistoso. Había dado ya el enganche y quedaron de entregarle los muebles al día siguiente. Pedro y María Luisa tiraron a la basura todos telebrejos con que contaban para recibir sus muebles nuevos. Pero sucedió un pequeño y gran detalle. No les entregaron los muebles porque por error del empleado de la tienda departamental, nos les informó que requerían de un aval. Así que hasta que Pedro lo consiguió, llegaron los muebles. Mientras, tuvieron que dormir como el pavorreal…..sí, en el suelo, como cualquier animal. ¡Ah!... pero cuando llegaron los muebles, se pusieron a brincar como niños. Se tiraron en la cama y jugaron a los almohadazos. Por primera vez desde que llegaron de su natal Sinaloa en junio del 38, dormían en cama propia y recordaban con horror aquella cama atestada de chinches del primer cuartucho que rentaron.

 

Entre la renta, los préstamos que le hacían en la chamba y los abonos que tenía que cubrir al Palacio de Hierro, Pedro un día se vió sin un centavo. Llegó el enérgico abonero, pero el deudor se tuvo que disculpar y decirle que por esa vez no le pagaría puesto que no tenían ni para comer ese día.

 

Corría el año de 1940 y Pedro fue contratado para cantar en  el Auditórium de San Antonio, Texas. Su éxito fue delirante. Cantó como si esa vez quisiera entregarle su corazón a cada mexicano que lo escuchó aquel 16 de septiembre, en que conmemoramos los mexicanos nuestra Independencia nacional.

 

A su regreso, acudió a otra cena y nuevamente se encontró con su amigo banquero de apellido Legorreta, quien le volvió a prestar dinero para dar el enganche de su primer automóvil, que fue un Ford convertible modelo 1937, de color marrón y crema, cuyos abonos eran módicos. Vinieron las broncas porque el departamento de Reforma no contaba con estacionamiento, por lo que tenía que estacionarlo en la calle y para que no se lo robaran, Pedro y María Luisa lo agarraron como dormitorio al igual que Chuy, hermano de ella. De milagro no se murieron por las emisiones de monóxido de carbono.

 

Los éxitos del ya famoso cantante seguían en el Hotel Reforma. Fue ahí donde el señor Eduardo Quevedo lo contrató para la que sería su primera película: “ La Feria de las Flores” dirigida por José Benavides, en cuyo elenco figuraban además, María Luisa Zea, Estela Inda, Fernando Fernández y el protagonista Antonio Badú, que fue ni más ni menos quien apadrinó a Pedro y desde entonces, los unió una entrañable amistad. Los honores habrá que otorgárselos a Eduardo Quevedo quien tuvo la visión de darle la primera oportunidad en cine, a aquel muchacho sencillo que tiempo después se convertiría en uno de los artistas mejor cotizados y más queridos de México.

 

La carrera fílmica de Pedro fue meteórica. Después de la Feria de las Flores vendría Jesusita en Chihuahua en el mismo año de 1942, dirigida por René Cardona. El 4 de noviembre de ese año, filmó la tercera al hilo: La Razón de la culpa, al lado de Blanca de Castrejón y la hermosísima Ma. Elena Marqués.

 

El 19 de febrero de 1943, arranca la filmación de Arriba las mujeres, con Antonio Badú y Amparo Morillo. El 17 de marzo de ese mismo año, Pedro inicia la filmación de Cuando habla el corazón, con Víctor Manuel Mendoza, María Luisa Zea y Susana Cora. El Ametralladora, película que rechazó Jorge Negrete, se la dieron a Pedro junto con Víctor Manuel Mendoza.

 

Después vendrían Mexicanos al grito de guerra, Viva mi desgracia, acompañado por María Antonieta Ponds, Carolina Barret y Alfredo Varela. A Pedro le comienzan a llover contratos. Contra su voluntad tuvo que aceptar uno para la XEW, que le ayudó a escalar la cima de la gloria. Comienza a grabar discos. En la RCA Víctor graba un vals muy hermoso, Mañana que fue un fracaso. Meses después, pasa a formar parte del elenco de discos Peerless y su director el alemán Don Guillermo Konhauser a quien Pedro le decía papá, puso tanta fe en él, quien cada día ponía más entusiasmo y sensibilidad artística, un fenómeno que asombraba, pues en una encerrona en el estudio era capaz de grabar dos o tres discos sin siquiera haber ensayado y a la primera.

 

Ya medio famoso, Pedro realiza otras tres giras acompañado por su inseparable Trío Janitzio, una por Monterrey contratado por Enrique Serna Martínez y dos por Estados Unidos que comprendía Texas y Los Ángeles, California. A su regreso, se compró otra vez en abonos su segundo carrito, un Packard color negro con toldo blanco.

 

Seguía cincelándose como actor de cine. En 1944 filma Escándalo de estrellas, con Blanca Amaro y su paisano Alfonso Ruiz Gómez. Inicia 1945 trabajando con Víctor Manuel Mendoza y Blanca Estela Pavón –quien como él murió calcinada en un accidente aéreo-, Cuando lloran los valientes. Miguel Zacarías lo contrata para la película Si me han de matar mañana, con Sofía Álvarez y René Cardona. Luego vendrían Los tres García y Vuelven los García, con Marga López, Abel Salazar, Víctor Manuel Mendoza y la abuelita del cine mexicano, doña Sara García, dirigidos por Ismael Rodríguez.

 

Con otro préstamo que le hizo su amigo el banquero Legorreta, compró su primera casa en Rebsamen número 728, que curiosamente era la única casa que había en esa cuadra, pues entonces la Colonia Narvarte era todavía la periferia de la Ciudad de México. Diez mil pesos mensuales tenía que pagar de la hipoteca.

 

Pero Pedro Infante, venía tomando clases de piloto aviador desde algunos años atrás. Así que para sus giras, pidió otro préstamo para comprarse a escondidas de María Luisa, una vieja avioneta en la que viajaba con su Trío Janitzio, la cual le dio el primer gran susto de su vida.

 

….continuará

 
< Anterior   Siguiente >

Noticias en Video

Celebridades de Hollywood se unen en una campaña contra McCain

Mensaje de Calderón sobre muerte de Mouriño

Discurso Barack Obama Victory Speech

Encuesta de hoy

¿ Considera ud. que el gobierno federal disminuirá el indice de secuestros?
 
martes, 06 de enero de 2009

Buscador