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Escrito por webmaster   
miércoles, 18 de abril de 2007

  • Pedro pateba la suerte
    5a. Parte.

(AMPRyT).- La frente de Pedro y su segundo frente, le daban dolores de cabeza.

 

  • Pedro pateba la suerte
    5a. Parte.

(AMPRyT).- La frente de Pedro y su segundo frente, le daban dolores de cabeza.



El avión bimotor quedó clavado en medio de una milpa de maíz cerca de Zitácuaro, Michoacán. Milagrosamente Pedro Infante y su acompañante que respondía al nombre de Guadalupe Torrentera, salvaron el pellejo. Él, con una fractura en la frente y de no haber sido porque recibió auxilio de un boticario en una vieja farmacia del lugar, habría sido fatal pero ella salió ilesa, con un susto que la llevó al hospital.

 

Los periódicos en la Ciudad de México de aquel lunes 23 de mayo, hablaban de lo peor. Decían que si Pedro sobrevivía, quedaría sordo, paralítico y medio ciego.

 

Chuy, el cuñado de Pedro y un compadre de éste, trasladaron a ambos la misma tarde del domingo 22 de mayo de 1949 a la Central Quirúrgica de la Ciudad de México, donde Pedro fue operado esa misma tarde, pero la intervención resultó fallida pues el día 24  tuvo que entrar de nuevo al quirófano. Cuando su esposa María Luisa llegó al hospital, le dijeron de sopetón: “su marido está muy grave. También está aquí su acompañante, pero ella no tiene casi nada”. Fue hasta entonces, cuando a María Luisa le cayó el veinte, de que Pedro había salido a Acapulco acompañado de ella y no del chamaco que limpiaba el avión como él le había hecho creer.

 

Pedro Infante estaba al borde de la muerte. La presión arterial era de 80/40 y el pulso era de 120 y 30 de respiración. El shock podría producirse de un momento a otro. Deliraba. Cuando vio a su mujer le dijo: “viejita en el auto que traía hay dos bicicletas, una para ti y otra para Chuy, sáquenlas por favor”. ¿Cuáles bicicletas?...eran puras alucinaciones.

 

Por el hospital desfilaron decenas de periodistas, fotógrafos y gente del medio artístico y sin faltar sus promotores Antonio Matouk y Selem Tame. Sin dilación, el ya prestigiado médico neurocirujano Manuel Velasco Suárez –que fue gobernador de Chiapas y suegro de Manuel Camacho Solís-, a las doce del día de ese 24 de mayo sometió a Pedro a una segunda intervención quirúrgica que duró ocho horas, que lo mantendría alejado de toda actividad durante casi un mes.

 

El parte médico que se dio a conocer a los medios de comunicación, decía: “Pedro Infante de 32 años, casado, actor, originario de Mazatlán, Sinaloa. El 22 de mayo de mil novecientos cuarenta y nueve por la tarde, al hacer un aterrizaje forzoso con el avión que manejaba, sufrió un serio traumatismo cuando su cabeza chocó contra el tablero del propio avión, produciéndose una herida que iniciándose en la parte media de la frente, se extendió hasta la implantación superior de la oreja izquierda, descubriendo el hueso fracturado en múltiples fragmentos, algunos de los cuales se hundieron penetrando las meninges y lacerando el encéfalo. A pesar de esta severa condición, el paciente no perdió la conciencia, sino en forma muy fugaz y parcial, pues logró salir del avión y caminar por su propio pie hasta que unas personas lo llevaron a una farmacia donde personalmente, pidió que se le hiciera un vendaje compresivo y se le aplicó antitoxina tetánica. Durante la curación, el paciente sufrió una ligera lipotimia. Viajó a México en automóvil y al llegar a la Central Médica, el médico que lo recibió hizo el aseo de la herida y para cohibir la profusa hemorragia, suturó conjuntos separados de seda cogiéndose todos los planos y dejando una canalización. Se le transfundieron 400 cms. de sangre. La mañana del 23 el paciente estuvo somnoliento y aparecieron algunas manifestaciones confusionales, que más tarde se hicieron sistemáticamente delirantes. Ya para entonces, es llamado el neurocirujano, doctor Manuel Velasco Suárez, quien encontró fenómenos motores involuntarios, automáticos y rítmicos en la mano derecha del paciente, con miclonía y contractura en flexión del pulgar, así como respuesta prensora.

 

Valuados estos fenómenos como equivalentes jacksonianos y existiendo un aumento evidente en la actividad refleja profunda en todo el lado derecho e identificando los trastornos del lenguaje con fenómenos disfásicos, se ordenó un estudio radiológico estereográfico de cráneo, comprobando fractura de cráneo deprimida con hundimiento y penetración de esquirlas en la región frontal del lado izquierdo, ligeramente delante de la sutura coronal y a dos centímetros de la línea media como de tres centímetros por lado.

 

Se decidió practicar intervención quirúrgica el 24 de mayo, bajo anestesia general entubada –Dr. Maquíbar, el Dr. Manuel Velasco Suárez, asistido por los doctores Izaguirre, Salvador Ahued y Sánchez-,  expuso de nuevo la herida, hizo amplio aseo de la misma removiendo coágulos hasta descubrir la fractura deprimida y practicó esquirlectomía, encontrando algunos fragmentos de hueso penetrados y que habían lacerado la meninge y la corteza cerebral del lóbulo frontal izquierdo.

 

Se abre la meninge, que se suturó después de comprobar que no existe hematoma subdural. Por las condiciones del tejido mortificado pericraneano y haber controlado algunas partículas de cuerpos extraños, el doctor Velasco Suárez, decidió no hacer plastía de inmediato y suturar exclusivamente los planos blandos, sujetando al paciente a un tratamiento intenso de antibióticos”.

 

El profesionalismo del médico, la vitalidad de Pedro, la esmerada atención de enfermeras y la fe en Dios, pero sobre todo el deseo de vivir, hicieron el milagro.

 

Pedro salió con cabeza de rodilla y para estar a tono, decidió que a Dora Luisa –su hija adoptiva-, también la raparan que’s que porque tenía pelo de ángel…

 

En ese 1949, la tragedia se ensañó con Pedro. A principios de ese año, estando él de gira en Venezuela, su segunda hija biológica –Graciela Margarita que procreó con su amante Guadalupe Torrentera-, falleció a causa de poliomelitis bulbar. Cuando Pedro regresó de Sudamérica, cayó en una gran depresión y solo se levantaba para ir a visitar la tumba de su niña.  En marzo del mismo año, muere su suegra;  y en mayo,  la vida le reprochaba no solo ser un don Juan, sino su testarudez por insistir en convertirse en un famoso piloto de aviación. La vida le daba todo  a manos llenas como artista, que según él no era su vocación y lo castigaba para hacerlo desistir de que su obsesión por volar, no era su verdadera vocación.

 

No cabe duda, dice un dicho, “que no hay que patear la suerte” y otro, “cuando Dios da, hasta los costales presta”…

 

Los accidentes que Pedro había sufrido piloteando viejos aparatos, se convirtieron en chunga entre el medio periodístico, en donde de manera irónica ya se decía que un famoso productor cinematográfico, le preparaba una película con el título de Ando volando bajo. Pero Pedro no solo andaba volando bajo con los aviones, sino con su mujer que estaba como agua pa’ chocolate porque desde 1946, le ponía el cuerno descaradamente con la bailarina Guadalupe Torrentera.

 

Pedro no quería agarrar el toro por los cuernos y cada que María Luisa le sacaba el tema, él se hacía el niño o el nene para sacarle al bulto, diciéndole: “No hables nada de eso viejita… tú eres mi esposa…eres muy buena y te quiero. No hables nada de eso, además, ya sabes que me duele mucho la cabeza”. Y en efecto, los dolores de cabeza y de oídos por el avionazo, eran persistentes y fueron mitigados hasta 1951 cuando lo volvieron a operar. El mismo doctor Velasco Suárez le implantó una placa de vittalium de 6 centímetros de diámetro, con amarres de hilos de plata con los cuales suturó la frente del sinaloense, que le quedó totalmente plana, pero los dolores de cabeza que le dieron sus chorreadas, con nada se los quitaban y le duraron hasta el día de su muerte.

 

Convalecía apenas del segundo estate quieto, cuando Pedro volvía a los sets cinematográficos para filmar La oveja negra y No desearás la mujer de tu hijo, con Fernando Soler, Dalia Iíguez, Amalia del Llano, Carmen Molina y Andrés Soler.

 

El accidente aéreo le dejó como herencia aparte de las cicatrices,  una diabetes. Pedro dejó de ser un tragón. Comenzó a disciplinarse en su alimentación y en su trabajo. Desayunaba solo jugo de naranja, un par de huevos y párele de contar, porque además, se volvió medio vanidoso y solía decir a su mujer que “con esa alimentación se vería bien porque la cámara cinematográfica engorda”.

 

Para el día de su santo el 29 de junio,  Pedro estaba como si nada y por su casa de Rebsamen desfilaron amigos, artistas y cobradores. Uno de sus invitados de lujo fue el charro cantor Jorge Negrete. Se esmeró en atenderlo, Jorge era el líder de la ANDA y había que quedar bien con él. Le pidió a su mujer que le hiciera unos exquisitos tamales sinaloenses –que mi vieja que también es de Sinaloa, se pinta sola para hacerlos-, y hasta le exigió que le pusiera itacate pa’l camino.

 

“Muy ricos tamales, señora…pero dígame hablando de otra cosa, ¿cómo aguanta usted a este diablillo?...La pregunta llevaba jiribilla, pero María Luisa atajó: “Pedro es muy bueno y a usted lo estima mucho”…

 

Al final de la pachanga, Jorge se despidió muy agradecido diciendo: “ha sido un placer señora, venir a su casa… Pedro sabe de mi aprecio por él”.

 

Después Pedro saldría a otra gira por Texas y Nueva York. Fue en la llamada Ciudad de los Rascacielos, a donde acudió a verlo en una de sus presentaciones, La Doña, María Félix. Después de saludarla, Infante le dedicó la canción María Bonita, pero era tanta su emoción y los nervios, que por primera vez en su carrera artística, equivocó la letra.

 

…continuará

 

 
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