Espectáculos
Pedro y los grandes escándalos
| Pedro y los grandes escándalos |
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| Escrito por webmaster | |
| domingo, 20 de abril de 2008 | |
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Por Alberto Vieyra Por Alberto Vieyra
El incidente de Nueva York no causó mella en Pedro Infante, pero el olvido de la letra de María Bonita quedaría para el anecdotario, porque a pesar del lapsus brutus, el sinaloense invitó al escenario a
Cuando Pedro y su mujer regresaban a
Los periódicos seguían jeringando que Pedro continuaba en tórrido romance con su amante la señora Torrentera.
Una
mañana después de realizar una corta gira por Chiapas, Guatemala, El
Salvador y Cuba, Pedro confiaba a su mujer: “Sabes viejita, estoy
ayudando a una joven, Irma Aguirre Martínez … es una muchacha que
trabaja de extra y tanto Ismael Rodríguez como yo, la queremos ayudar”.
Como quien no quiere la cosa, ella metía –como dicen en mi rancho,
aguja pa’ sacar hebra-, “¡qué bueno Pedro!”…Y dime…¿es guapa?
Pues…es
mona y pinta como actriz. Muerta Blanca Esthela Pavón, veremos qué
puede hacer esa muchacha. Aunque te diré…¡Blanca Esthela era única…!
La
señora no inquirió más, pero su sexto sentido le prendía los foquitos
rojos, que no la dejaban ni dormir. Los periódicos comenzaban a ponerle
a Pedro el sello del mil amores. A cada rato, le inventaban amoríos con tal o cual celebridad femenina.
No
tardó mucho en confirmarle a su mujer, lo que ella ya sabía, cuando a
bocajarro un día le dijo: “¿Te acuerdas viejita, que te platiqué de
aquella muchacha que Ismael y yo estábamos ayudando…? Ya no se llama
Irma Aguirre, ahora se llama Irma Dorantes”.
“Me
parece mejor, Nene, pues podría confundirse con el apellido de Elsa y
Alma Rosa Aguirre”, le contestó ella, sintiendo que le taladraba el
alma aquella revelación, ya que llamadas anónimas la volvían a alertar
de que Pedro le ponía otra vez el cuerno.
Pedro
se convertía en un rey Midas. Se dedicó a comprar autos, guitarras,
trajes de charro, smokings de gala, zapatos, chamarras, camisas,
pistolas, relojes, joyas, centenarios y ropa en general, como si el
mundo se fuera a acabar, dando rienda suelta a su avaricia. Bien dice
el dicho: “aquel que no tiene y llega a tener, loco se quiere volver”.
Comenzó a construir otra casa en Coyoacán, compró una más en Yucatán,
pagaba al chas, chas miles de pesos por aviones chatarra y él, seguía volando. De nada servían sus juramentos ante
Dirigido por Ismael Rodríguez, Pedro filma una de sus películas consentidas, Sobre las Olas,
con Andrés Soler, Beatriz Aguirre, Bertha Lomelí, José Luis Jiménez y
la experimentada actriz Prudencia Griffel. Ensaya sin cesar. Noche tras
noche ponía los discos y él con violín practicaba la música, después
repetía los parlamentos de memoria, otra vez la música y así
diariamente hasta las tres o cuatro de la madrugada. En su casa la
servidumbre y su mujer, bueno, hasta sus perros salchicha, andaban como
caballos lecheros, pues Pedro apenas se acostaba y al poco rato ya
estaba de pie otra vez dale y dale con el violín y los parlamentos.
Por
cierto que dos de los grandes pasatiempos de Pedro Infante, fueron sus
perros –llegó a tener hasta media docena-, y los niños. Era un poco
como Pancho Villa, donde veía un chiquillo, se ponía a jugar con él
como un niño. Una vez cuando daba sus primeros pasos como cantante en
En
efecto, Pedro parecía un niño, o bien, era un niño grandote. Los
estudiosos del carácter dirían que Pedro era un hombre con infantilismo
crónico, que nunca quiso madurar. Esa doble personalidad le salía en su
vida sentimental, sobre todo cuando su mujer le pedía explicaciones de
su comportamiento. Ella lo definía así: “con Pedro no era posible
discutir, aparecía inmediatamente su segunda personalidad, ‘el Nene’,
el que haciéndose más pequeño, se decía inocente de todo y recomendaba
que se le reclamara a papá, pues él era un niño bueno y nada sabía…”
Así era Pedro. Un hombre cabal, que se transformaba tramposamente en un
niño.
Pedro
sale en uno de sus aviones rumbo a las Islas Marías, para filmar la
película del mismo nombre, dirigida pro Emilio el Indio Fernández, con
Esther Luquín, Rosaura Revueltas y Rodolfo Acosta. De ahí, tomaría su
viejo avión que en pleno Océano Pacífico tosió hasta en dos ocasiones,
pero llegó como si nada a reunirse a Culiacán con sus hermanas, para
luego seguir filmando El gavilán pollero, Las mujeres de mi general, Necesito dinero, A toda máquina, Qué te ha dado esa mujer, Ahora soy rico, Un rincón cerca del cielo y continuar con su serie radiofónica de Martín Corona, en
En octubre de 1951, cinco meses después de su segunda operación, inicia la filmación de Ahí viene Martín Corona y El enamorado, dirigidas por Miguel Zacarías con Sarita Montiel y Armando Silvestre.
Buena
parte de la filmación de ambas películas, se llevaron a cabo en
exteriores del Estado de Morelos. Infante, a pesar de estar tan cerca
del D. F., permaneció dos semanas sin ir a su casa. Un día le habló a
su mujer para decirle que se encontrarían en el kilómetro 32 de la
carretera México-Cuernavaca, él llegó montando un brioso caballo pero
al ver a su esposa, estalló en llanto como si fuera un chiquillo.
Inventó mil cosas, pero la verdad era que su infidelidad y sus
complejos de culpa lo delataban.
El
24 de diciembre de ese año, llegó a su casa a eso de las 8 de la noche.
Vestía humildemente un atuendo de campesino, con huaraches, jorongo y sombrero
de palma. Estuvo apenas unos minutos y pretextó que debía salir a
comprar juguetes para la niña. Regresó y volvió a inventar que tenía
que cumplir compromisos fuera de la casa. Regresó a las 5 de la mañana
y María Luisa estaba que se la llevaban los mil demonios. Para el fin
de año, los mismos pretextos. Pedro había dado un giro de 180 grados en
su casa. Andaba con la cola entre las patas.
A
principios del 52, una amiga de la pareja Infante-León, le llamó a
María Luisa alertándola sobre una nueva infidelidad de su marido. Le
decía: “¿Qué no sabe que su marido se acaba de divorciar de usted en
Morelos?” María Luisa sintió que el mundo se le venía encima, sin
embargo, tenía la esperanza de que fuera uno de esos tantos chismes que
le llegaban. Contrató un abogado para que corroborara la versión
que resultó cierta. Puso a Pedro como palo de gallinero, pero éste
siempre se camuflajeaba simulando ser el Nene que no sabía nada.
Finalmente soltó la sopa, pero ambos acordaron guardar silencio para
evitar el escándalo.
Tres
meses después, un periodista de Excelsior que averiguaba unos datos en
el Registro Civil en el Distrito Federal, fue enterado a través de un
empleado de que Pedro Infante se había divorciado tramposamente de su
esposa, en Tetecala, Morelos. El escándalo fue mayúsculo y se publicó a
ocho columnas.
María
Luisa León descubriría también, que fue suplantada por una rubia con
pasaporte gringo. Quiso divorciarse de veras, pero Pedro evadió siempre
hablar del asunto. “tú eres mi esposa, a ti te quiero”. Siempre la
desarmaba.
La
señora Infante logró anular el chapucero divorcio que se llevó a cabo
un día domingo –inhábil, por un juez que jamás apareció, igual que el
expediente-. El asunto llegó hasta
Filmaba la película Por ellas, aunque mal paguen,
con Silvia Pinal, Fernando Soler que se había convertido en su padre
adoptivo y con su nuevo amor, Irma Aguirre Martínez –Irma Dorantes-.
Un
día de abril de 1952, que María Luisa visitaba a un enfermo en el
hospital, Pedro llegó a su casa y al no encontrarla, le dejó un recado
avisándole que se llevaría las guitarras y otros instrumentos
musicales, así como ropa, prometiéndole que regresaría más tarde. Ese
día Pedro se fue de su casa, para vivir aquí y allá con sus otras
chorreadas y a veces sólo en su casa que había comprado en Cuajimalpa,
por la carretera México-Toluca.
Posteriormente
Pedro negociaría con María Luisa, verla a ella y a su niña adoptiva
Dora Luisa, tres o cuatro veces por semana. Así transcurrirían los
siguientes años, mientras él se consolidaba como uno de los grandes de
la cinematografía mexicana y filmaba Los hijos de María Morales, Dos tipos de cuidado
–donde se cumplió uno de sus grandes sueños: trabajar al lado del
Charro Cantor Jorge Negrete, que tenía fama de ser un déspota-,
filmaría después Reportaje, donde Pedro protagoniza a un periodista que investigaba casualmente, un accidente aéreo.
En
marzo de 1953, los periódicos anunciaban en primera plana el matrimonio
de Pedro Infante con Irma Aguirre Martínez, en Mérida, Yucatán.
Primero
se escondía de los reporteros, pero luego se dejaba retratar al lado de
su nueva chorreada, justamente en la intimidad de su casa en Mérida. Le
picaba la cresta a su esposa María Luisa con declaraciones como esta:
“sí, me casé y qué…soy muy feliz, ella es hacendosa y buena esposa
–refiriéndose a Irma Aguirre Martínez, quien ya se hacía llamar Irma
Dorantes-.
Entre
grabaciones de discos, filmación de películas y sus líos sentimentales,
llegaría el fin de año de 1956 cuando Pedro sale a una gira por Centro
y Sudamérica. Por teléfono le decía a María Luisa simulando ser un
niño, que tenía mucho pero mucho billete, que era inmensamente rico.
Pedro
Infante regresa de esa gira para descansar febrero y marzo en Mérida,
donde seguía piloteando de esa ciudad a Cozumel. El 9 de abril de 1957,
otra vez el escándalo.
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(AMPRyT).- El ídolo se comportaba como un niño tramposo e irresponsable.