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Escrito por webmaster   
domingo, 20 de abril de 2008

Por Alberto Vieyra

  • Pedro y los grandes escándalos.
    6a. Parte

(AMPRyT).- El ídolo se comportaba como un niño tramposo e irresponsable.

 

Por Alberto Vieyra

  • Pedro y los grandes escándalos.
    6a. Parte

(AMPRyT).- El ídolo se comportaba como un niño tramposo e irresponsable.



El incidente de Nueva York no causó mella en Pedro Infante, pero el olvido de la letra de María Bonita quedaría para el anecdotario, porque a pesar del lapsus brutus, el sinaloense invitó al escenario a La Doña. Juntos cantaron una canción y aquello fue el delirio.

 

Cuando Pedro y su mujer regresaban a la Ciudad de México, él le decía jubiloso: “¡Viejita linda, vamos más que corriendo para millonarios!” En efecto, Pedro cobraba lo que quería, o mejor dicho, su representante Antonio Matouk. Para diciembre de 1949, como regalo de Navidad para su esposa María Luisa, le compró un Cadillac. “Pa’ que lo disfrutes y te luzcas con tus amigas”, le decía.

 

Los periódicos seguían jeringando que Pedro continuaba en tórrido romance con su amante la señora Torrentera.

 

Una mañana después de realizar una corta gira por Chiapas, Guatemala, El Salvador y Cuba, Pedro confiaba a su mujer: “Sabes viejita, estoy ayudando a una joven, Irma Aguirre Martínez … es una muchacha que trabaja de extra y tanto Ismael Rodríguez como yo, la queremos ayudar”. Como quien no quiere la cosa, ella metía –como dicen en mi rancho, aguja pa’ sacar hebra-, “¡qué bueno Pedro!”…Y dime…¿es guapa?

 

Pues…es mona y pinta como actriz. Muerta Blanca Esthela Pavón, veremos qué puede hacer esa muchacha. Aunque te diré…¡Blanca Esthela era única…!

 

La señora no inquirió más, pero su sexto sentido le prendía los foquitos rojos, que no la dejaban ni dormir. Los periódicos comenzaban a ponerle a Pedro el sello del mil amores. A cada rato, le inventaban amoríos con tal o cual celebridad femenina.

 

No tardó mucho en confirmarle a su mujer, lo que ella ya sabía, cuando a bocajarro un día le dijo: “¿Te acuerdas viejita, que te platiqué de aquella muchacha que Ismael y yo estábamos ayudando…? Ya no se llama Irma Aguirre, ahora se llama Irma Dorantes”.

 

“Me parece mejor, Nene, pues podría confundirse con el apellido de Elsa y Alma Rosa Aguirre”, le contestó ella, sintiendo que le taladraba el alma aquella revelación, ya que llamadas anónimas la volvían a alertar de que Pedro le ponía otra vez el cuerno.

 

Pedro se convertía en un rey Midas. Se dedicó a comprar autos, guitarras, trajes de charro, smokings de gala, zapatos, chamarras, camisas, pistolas, relojes, joyas, centenarios y ropa en general, como si el mundo se fuera a acabar, dando rienda suelta a su avaricia. Bien dice el dicho: “aquel que no tiene y llega a tener, loco se quiere volver”. Comenzó a construir otra casa en Coyoacán, compró una más en Yucatán, pagaba al chas, chas miles de pesos por aviones chatarra y él, seguía volando. De nada servían sus juramentos ante la Virgen del Sagrado Corazón.

 

Dirigido por Ismael Rodríguez, Pedro filma una de sus películas consentidas, Sobre las Olas, con Andrés Soler, Beatriz Aguirre, Bertha Lomelí, José Luis Jiménez y la experimentada actriz Prudencia Griffel. Ensaya sin cesar. Noche tras noche ponía los discos y él con violín practicaba la música, después repetía los parlamentos de memoria, otra vez la música y así diariamente hasta las tres o cuatro de la madrugada. En su casa la servidumbre y su mujer, bueno, hasta sus perros salchicha, andaban como caballos lecheros, pues Pedro apenas se acostaba y al poco rato ya estaba de pie otra vez dale y dale con el violín y los parlamentos.

 

Por cierto que dos de los grandes pasatiempos de Pedro Infante, fueron sus perros –llegó a tener hasta media docena-, y los niños. Era un poco como Pancho Villa, donde veía un chiquillo, se ponía a jugar con él como un niño. Una vez cuando daba sus primeros pasos como cantante en la XEB y como si estuviera allá en su pueblo de Guamúchil, se llevó a su primer perro salchicha que tuvo y en un descuido, ¡pácatelas!...su mascota fue atropellada y Pedro lloró como un escuincle durante muchos días.

 

En efecto, Pedro parecía un niño, o bien, era un niño grandote. Los estudiosos del carácter dirían que Pedro era un hombre con infantilismo crónico, que nunca quiso madurar. Esa doble personalidad le salía en su vida sentimental, sobre todo cuando su mujer le pedía explicaciones de su comportamiento. Ella lo definía así: “con Pedro no era posible discutir, aparecía inmediatamente su segunda personalidad, ‘el Nene’, el que haciéndose más pequeño, se decía inocente de todo y recomendaba que se le reclamara a papá, pues él era un niño bueno y nada sabía…” Así era Pedro. Un hombre cabal, que se transformaba tramposamente en un niño.

 

Pedro sale en uno de sus aviones rumbo a las Islas Marías, para filmar la película del mismo nombre, dirigida pro Emilio el Indio Fernández, con Esther Luquín, Rosaura Revueltas y Rodolfo Acosta. De ahí, tomaría su viejo avión que en pleno Océano Pacífico tosió hasta en dos ocasiones, pero llegó como si nada a reunirse a Culiacán con sus hermanas, para luego seguir filmando El gavilán pollero, Las mujeres de mi general, Necesito dinero, A toda máquina, Qué te ha dado esa mujer, Ahora soy rico, Un rincón cerca del cielo y continuar con su serie radiofónica de Martín Corona, en la XEW.

 

En octubre de 1951, cinco meses después de su segunda operación, inicia la filmación de Ahí viene Martín Corona y El enamorado, dirigidas por Miguel Zacarías con Sarita Montiel y Armando Silvestre.

 

Buena parte de la filmación de ambas películas, se llevaron a cabo en exteriores del Estado de Morelos. Infante, a pesar de estar tan cerca del D. F., permaneció dos semanas sin ir a su casa. Un día le habló a su mujer para decirle que se encontrarían en el kilómetro 32 de la carretera México-Cuernavaca, él llegó montando un brioso caballo pero al ver a su esposa, estalló en llanto como si fuera un chiquillo. Inventó mil cosas, pero la verdad era que su infidelidad y sus complejos de culpa lo delataban.

 

El 24 de diciembre de ese año, llegó a su casa a eso de las 8 de la noche. Vestía humildemente un atuendo de campesino, con huaraches, jorongo y  sombrero de palma. Estuvo apenas unos minutos y pretextó que debía salir a comprar juguetes para la niña. Regresó y volvió a inventar que tenía que cumplir compromisos fuera de la casa. Regresó a las 5 de la mañana y María Luisa estaba que se la llevaban los mil demonios. Para el fin de año, los mismos pretextos. Pedro había dado un giro de 180 grados en su casa. Andaba con la cola entre las patas.

 

A principios del 52, una amiga de la pareja Infante-León, le llamó a María Luisa alertándola sobre una nueva infidelidad de su marido. Le decía: “¿Qué no sabe que su marido se acaba de divorciar de usted en Morelos?” María Luisa sintió que el mundo se le venía encima, sin embargo, tenía la esperanza de que fuera uno de esos tantos chismes que le llegaban. Contrató un abogado para que corroborara la  versión que resultó cierta. Puso a Pedro como palo de gallinero, pero éste siempre se camuflajeaba simulando ser el Nene que no sabía nada. Finalmente soltó la sopa, pero ambos acordaron guardar silencio para evitar el escándalo.

 

Tres meses después, un periodista de Excelsior que averiguaba unos datos en el Registro Civil en el Distrito Federal, fue enterado a través de un empleado de que Pedro Infante se había divorciado tramposamente de su esposa, en Tetecala, Morelos. El escándalo fue mayúsculo y se publicó a ocho columnas.

 

María Luisa León descubriría también, que fue suplantada por una rubia con pasaporte gringo. Quiso divorciarse de veras, pero Pedro evadió siempre hablar del asunto. “tú eres mi esposa, a ti te quiero”. Siempre la desarmaba.

 

La señora Infante logró anular el chapucero divorcio que se llevó a cabo un día domingo –inhábil, por un juez que jamás apareció, igual que el expediente-. El asunto llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

Filmaba la película Por ellas, aunque mal paguen, con Silvia Pinal, Fernando Soler que se había convertido en su padre adoptivo y con su nuevo amor, Irma Aguirre Martínez –Irma Dorantes-.

 

Un día de abril de 1952, que María Luisa visitaba a un enfermo en el hospital, Pedro llegó a su casa y al no encontrarla, le dejó un recado avisándole que se llevaría las guitarras y otros instrumentos musicales, así como ropa, prometiéndole que regresaría más tarde. Ese día Pedro se fue de su casa, para vivir aquí y allá con sus otras chorreadas y a veces sólo en su casa que había comprado en Cuajimalpa, por la carretera México-Toluca.

 

Posteriormente Pedro negociaría con María Luisa, verla a ella y a su niña adoptiva Dora Luisa, tres o cuatro veces por semana. Así transcurrirían los siguientes años, mientras él se consolidaba como uno de los grandes de la cinematografía mexicana y filmaba Los hijos de María Morales, Dos tipos de cuidado –donde se cumplió uno de sus grandes sueños: trabajar al lado del Charro Cantor Jorge Negrete, que tenía fama de ser un déspota-, filmaría después Reportaje, donde Pedro protagoniza a un periodista que investigaba casualmente, un accidente aéreo.

 

En marzo de 1953, los periódicos anunciaban en primera plana el matrimonio de Pedro Infante con Irma Aguirre Martínez, en Mérida, Yucatán.

 

Primero se escondía de los reporteros, pero luego se dejaba retratar al lado de su nueva chorreada, justamente en la intimidad de su casa en Mérida. Le picaba la cresta a su esposa María Luisa con declaraciones como esta: “sí, me casé y qué…soy muy feliz, ella es hacendosa y buena esposa –refiriéndose a Irma Aguirre Martínez, quien ya se hacía llamar Irma Dorantes-.

 

Entre grabaciones de discos, filmación de películas y sus líos sentimentales, llegaría el fin de año de 1956 cuando Pedro sale a una gira por Centro y Sudamérica. Por teléfono le decía a María Luisa simulando ser un niño, que tenía mucho pero mucho billete, que era inmensamente rico.

 

Pedro Infante regresa de esa gira para descansar febrero y marzo en Mérida, donde seguía piloteando de esa ciudad a Cozumel. El 9 de abril de 1957, otra vez el escándalo. La Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró nulo su matrimonio con Irma Aguirre Martínez, alias Irma Dorantes. Pedro no daba la cara ni al sol. Se refugió en su casa y a María Luisa le había dicho que no vendría a México esa Semana Santa, que esperaría a que se diluyera el escándalo, pero después se sabría que Pedro fue presionado por “Irma Dorantes”, para que viajara a la Ciudad de México a encarar el problema que la exhibía como una cualquiera….Ese 9 de abril, a Pedro Infante le quedaban siete días de vida….

 

…continuará.

 

 
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