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Un don Juan acorralado
| Un don Juan acorralado |
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| Escrito por webmaster | |
| miércoles, 16 de abril de 2008 | |
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Por Alberto Vieyra Por Alberto Vieyra
En su destartalada avioneta, Pedro Infante Cruz salió
a cumplir un contrato a Guasave, Sinaloa, en compañía de sus compadres
del Trío Janitzio Fausto Miller, Enrique Alonso y Ernesto Carrión.
Seguía cobrando 500 pesos por presentación, más sus gastos.
Casi
de madrugada y con ayuda de su amigo Ignacio Bórquez, que con sus
camiones y coches le iluminó la rústica pista, Pedro Infante intentó
despegar con su avioneta. Bórquez le aconsejaba
que no lo hiciera, que desistiera del viaje hasta el día siguiente,
pero Pedro no lo escuchó y al tratar de despegar con tan poca
visibilidad, ¡pácatelas!...cayó. Milagrosamente salió ileso, con leves
golpes en la barbilla y la frente. Los del trío, sólo con pequeños
golpes. De las guitarras, trajes y avioneta, nada más quedaron cenizas
y fierros retorcidos. Fue su primer estate quieto como aviador.
A
las doce del día siguiente, llegó Pedro a su casa. El viaje lo tuvo que
hacer por tierra. A bocajarro le contó a su esposa lo sucedido,
mientras con un pañuelo trataba de cubrirse la herida en la barba. Sin más, cayó de rodillas ante
Y salió como de rayo rumbo a los estudios para filmar Dicen que soy mujeriego, en compañía de Silvia Derbez.
Cuando
hubo lugar, lo primero que su mujer hizo fue recriminarle que siguiera
volando. “Pedro, no te expongas. Ya no vueles. Tu trabajo está aquí
pisando tierra. No quiero que lo vuelvas a hacer. Tu mamá sufre mucho,
hazlo por ella. Las personas que te alientan, no pueden estar
tranquilas así. Quienes te quieren, realmente tienen que aconsejarte
que no lo hagas. Tú eres artista, te debes al público. Cuídate para
ellos y para todos los que te queremos”.
Pedro
aprovechó la ocasión para recordarle, que su verdadera profesión era la
aviación. “Yo nací para ser aviador. De chico me llamaba mucho la
atención cuando veía pasar los aviones. ¿Te acuerdas cuando llegaron
los restos de Sarabia en aquella fortaleza americana y que fuimos a
encontrarla? Pues desde ese momento yo sentí que era mi vocación. Por
tí me hice artista. Viejita, si me toca morir, ni modo. Debe ser
hermoso morir como los pájaros: con las alas abiertas”.
“Si
llego a morir, lo primero que tú no debes olvidar que lo que realmente
me produce pavor, es cuando los muertos son bajados a esa parte tan
honda que es la tumba. Quiero tener un lugar en
La
vida seguía su curso. A Pedro se lo disputaban cada días más los
productores cinematográficos. El tiempo era cada vez más venturoso para
Pedro, su esposa, su madre y su padre a los cuales les había comprado
una casa en Lindavista. La mamá de su mujer vivió un tiempo con ellos y
en fin, todo sonreía.
Pero
un día María Luisa León recibió una llamada telefónica, que la alertaba
diciéndole: “señora su marido tiene relaciones con la bailarina L. T.
y…tiene una niña con ella”.
Aquella
llamada fue demoledora para María Luisa, que durante diez años había
vivido miseria, lágrimas, hambre, angustia, pero también había
aprendido a saborear las mieles del éxito de su marido y se sentía que
era todo para él hasta ese momento. Intentó no dar crédito a la versión
e hizo un gran esfuerzo por tratar de borrar aquella duda que le
carcomía el alma, pero a partir de entonces la invadió la desconfianza.
Le
volvieron a llamar por teléfono con el mismo chisme. Le decían: “si no
lo cree, vaya a tal dirección y constátelo usted misma”. Y María Luisa
se armó de valor y una tarde decidió ir al departamento que ocupaba
quien era una gran bailarina en el Teatro Follies, donde Pedro la había
conocido y se había enamorado de ella, que respondía al nombre de
Guadalupe Torrentera.
La
bailarina le abrió la puerta y la recibió. Conversaron largo rato y
María Luisa pudo comprobar que aquel chisme era verdad. Después de eso,
ya nada fue igual en su matrimonio con Pedro. Aquel ídolo de barro se
derrumbó en mil pedazos para la infeliz mujer, que había sido el poste,
el muro, el impulso y la fortaleza para su adorado Nene,
porque así le decía en la intimidad a Pedro, sobre todo a partir de
este suceso, en que el artista adoptó una ambigua doble personalidad
que sobre todo en situaciones de aprietos, lo convertían en un niño, o
en un nene, como él se autollamaba.
Pedro
andaba de gira y cuando regresó, encontró a su mujer muy cambiada. Él
parecía tarabilla contándole todo lo ocurrido en su viaje, sus éxitos y
lo bueno que era con él la gente.
¿Pero por qué lloras? Le preguntó él. No Nene,
es la alegría de ver que te acuerdas de mí…es por el anillo de
brillantes tan maravilloso que me trajiste…tu llegada, el cariño que me
dices de la gente… todo eso me emociona.
“¡Ah,
que mi vieja linda!, pero ya estoy aquí contigo…con mi Virgen del
Sagrado Corazón, ella nos da todo para ti, para mis viejos y para mí”.
María Luisa lo interrumpió: “¿Nada más?” ¿Para quién más?, pregunto él.
Su
esposa ya no pudo contenerse más y le soltó a bocajarro todo lo que
sabía. Pedro no hallaba donde meterse. Se sintió descubierto y otra vez
volvió a su extraño papel de nene, para que lo perdonara. Y lo
perdonó….¡¡¿?!!
Pedro
sale a Venezuela para una larga gira en la que es recibido como un
ídolo. Pero su llegada coincidió con el estallido de la revolución y
eso trastocó muchos planes. Siempre, donde quiera que se encontraba se
comunicaba con su esposa por carta, teléfono o telegrama. Mientras él
estaba en aquel país sudamericano, por su casa de Rebramen 728,
desfilaban muchos acreedores con letras firmadas por él. Había sido
fiador de una casa y le cobraban rentas atrasadas de un amigo
irresponsable, más otros documentos vencidos por unos muebles,
refrigerador, cocina, coche, avioneta, etc. etc.
A
tanto llegó el problema, que un día le embargaron a María Luisa su
camioneta y a Pedro uno de sus coches, un Lincoln convertible azul
marino y toldo blanco. Cuando Pedro se comunicó a su casa, su esposa le
dio tan desagradables noticias y éste, no tuvo más remedio que mover
sus palancas desde Venezuela. Le llamó por teléfono a
su amigo Legorreta el rico banquero, y éste en un dos por tres resolvió
todo y fue así como el matrimonio Infante León, recobró sus autos,
aunque claro está, Pedro ahora tenía que arreglárselas con el banco.
Y
dice un dicho que las tragedias nunca llegan solas. El 4 de marzo de
1949, la mamá de María Luisa que cumplía un año de vivir con ellos, a
las once y media de la noche murió en brazos de su yerno, víctima de un
paro cardiaco.
De capa caida, Pedro inicia el 17 de marzo de ese mismo año, el rodaje de El Seminarista,
con Silvia Derbez, Delia Magaña y don Arturo Soto Rangel. Para entonces
los empresarios de una automotriz, Antonio Matuk y Selem Tame se habían
convertido en sus promotores y representantes, que lo llevaron a cobrar
miles de pesos aunque previamente María Luisa un día que Pedro se
encontraba en la regadera, llegó a su casa el empresario Carlos Amador
a contratarlo por 700 pesos, para la noche del Grito de Independencia.
Ella le dijo que Pedro ya cobraba mil pesos. Carlos Amador no tuvo más
remedio que aceptar. Pero cuando María Luisa le comentó a su marido lo
sucedido, éste le dijo: “no seas bárbara, ¿yo cuando he cobrado eso?”
El
año del 49 fue de no me olvides para Pedro. La mañana del domingo 22 de
mayo de ese año, el artista se levantó a las 6 de la mañana para irse a
los campos de aviación de Balbuena. Lo fue a dejar su esposa.
Olvidándose del juramento que le había hecho a
“Está
bien Pedro…no quieres escucharme…es inútil que yo te siga diciendo que
no vueles…que Dios te cuide y ven pronto”, le dijo María Luisa, quien
aprovechó el día para muchas cosas y hasta le dio tiempo para ir a
Xochimilco y comprar flores para llevárselas a su mamá al panteón.
Cuando regresó, casi se infarta. Le dijeron que era urgente que se reportara con su marido.
“Estoy en Zitácuaro, viejita…perdí el rumbo, pasé por México y no lo ví”.
¿Qué pasó Nene, qué haces ahí?
“Me faltó gasolina y tuve que aterrizar de emergencia, lo iba a hacer en la carretera pero no pude”.
¿Pero dime Pedro, no te pasó nada?
“Estoy
bien, viejita, tengo un leve golpe en la frente”. Pero ella –con ese
sexto sentido que tienen las mujeres-, intuyó que estaba herido de
gravedad. Le dijo que se iría de inmediato para Zitácuaro, pero él la
atajó diciéndole que no era necesario, que mejor mandara a Chuy o a su
compadre.
La realidad, es que Pedro estaba gravemente herido y también una misteriosa dama que viajaba con él.
….continuará |
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(AMPRyT).- La vida le daba el segundo gran aviso.