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Política - Política
Escrito por Editorial AMN   
lunes, 01 de septiembre de 2008

 

 

  • Calderón, el peor informado

Por: Miguel Ángel García Rosales

Reflexiones.- Con la remoción de los dos subprocuradores de la Procuraduría General de la República, ordenada por el Presidente Calderón, el Procurador se hizo a un lado.

Al hacerse a un lado evitó que el cese llegara hasta él y no se hizo responsable de ellos porque ya estaban cuando él asumió el cargo. Si no los dos, cuando menos uno.

Para muchos opinadores la decisión de Eduardo Medina Mora de dejar al Presidente Calderón la decisión de nombrar a quienes deben ocupar esos cargos fue una medida muy atinada y sabia por parte del Procurador.

No lo pienso así.

Creo, más bien, que es una manera, fina, diplomática, de no asumir ninguna responsabilidad ya que en caso de que los nuevos subprocuradores, no cumplan con su misión, la responsabilidad de este nombramiento no será de Medina Mora Icaza sino del Presidente.

Buena forma de asumir o de llevar una gran responsabilidad.

Pero el caso del Procurador Medina Mora es sólo un ejemplo de lo que sucede en todo el país. Nadie asume sus responsabilidades.

Todos los gobernadores piden a la Federación que les ayuden, no sólo económicamente, sino también a gobernar. El crimen ha realizado lo que ellos no han podido, ni podrán: se ha organizado. Los gobernadores y sus camarillas están solos porque la sociedad los rechaza o los desprecia. Y este sentimiento es mutuo. Los gobiernos viven y sufren su propia soledad, su propia orfandad.

El gobernador de Chihuahua, después de pedir ayuda al gobierno federal y tras el envío de la fuerza federal, hoy protesta porque las medidas tomadas por la federación no han sido las adecuadas.

Surgen las protestas de personas y grupos en contra de la nueva misión que se le ha encomendado al Ejército Mexicano: como policía e impositor del orden.

Hoy, quienes pidieron la injerencia del ejército piden su salida. No meditaron las consecuencias de su solicitud.

Los hombres formados en la disciplina castrense tiene una mentalidad diferente a la de los civiles.

Ellos saben que en una guerra, como ha sido calificada la lucha contra el crimen organizado, caerán no sólo los criminales sino también gente inocente.

Toda decisión tiene sus riesgos.

Hoy que ven al ejército patrullar sus ciudades, mostrando su arsenal, el temor les invade. No han podido soportar vivir como en un cuartel. Una sociedad que sólo es un cuartel, ha dejado de vivir.

Pero el ejército tendrá un día que abandonar las ciudades en donde hoy se encuentra y ¿quién se hará cargo del orden? Ya no hay quien desee ser policía. Los que negociaron con los capos, no sólo por dinero sino por su vida misma, están hoy en la cárcel.

¿Ha visto usted como actúan los policías que salen en los noticiarios televisivos, cubriéndose la cara con pasamontañas? ¿será ahora parte del uniforme de los policías que mantengan el orden en las ciudades hoy ocupadas por el Ejército y la Policía Federal Preventiva?

Los días aquellos en que los policías eran temidos y respetados en las ciudades del interior del país han quedado muy atrás. El orden que existía, negociado con los capos o no, tolerado o no, mantenía una tranquilidad o paz en la sociedad.

¿Quién dejó crecer el problema? O ¿a quien se le salió de las manos?

En el momento en que se toma la decisión de enfrentarse al narcotráfico ¿se sabían, se conocían los riesgos? Había detrás del Presidente Calderón una mente poderosa que lo apoyara?

Recuerda usted cuando Carlos Salinas ordenó la detención de la Joaquín Hernández, la Quina, y conocedor de los riesgos que esto entrañaba se apoyó en un Secretario de Gobernación, de educación y formación militar pero con un gran trato civil reconocido por todos, como fue Fernando Gutiérrez Barrios; ¿Felipe Calderón tenía en su secretario de Gobernación un fuerte respaldo? ¿Lo tiene ahora?

No creo. Las consecuencias las vive la sociedad. El mensaje de que la guerra contra el narcotráfico es para que tus hijos estén protegidos no pudiera cambiarse por ¡protéjanme hoy, que de mis hijos me encargo yo! ¡para eso soy su padre!

 
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