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Sociedad - Sociedad
Escrito por Editorial AMN   
jueves, 04 de septiembre de 2008

 

 

  • La marcha, ¿emotiva?
  •  Que sigue

 

Por: Miguel Ángel García Rosales

Reflexiones.- Miles de personas, con ropa blanca, caminaron por las avenidas más importantes del Distrito Federal y de algunas ciudades del interior del país.

El clamor de todos: ¡ya basta a la inseguridad!  Algunos recogieron las palabras pronunciadas ante las autoridades por Alejandro Martí: ¡si no pueden, renuncien!

Recuerdo aún el ¡ya basta!, del sub comandante Marcos que recorrió el mundo el primero de enero de 1994.

Un ¡ya basta!, que sirvió para nada. Hubo acuerdos, reuniones, tours, compromisos de las autoridades, promesas de resolver el problema en quince minutos. Se formaron comités para apoyarlos. La mayoría de ellos ha desaparecido.

El ¡ya basta!... se lo llevó el viento

¿Y los indígenas? Igual o peor.

Esta manifestación del sábado pasado, ¿cuánto días durará en los medios? Mientras tanto, los asaltos continúan. Y continuarán.

Pero, reflexionemos unos instantes:

Usted, como padre o madre de familia ¿cumple con sus obligaciones?

¿Es empresario? ¿paga salarios justos? ¿O les regatea hasta el último céntimo a sus trabajadores?

¿Usted trabaja en el sector público? ¿Cómo es su desempeño? ¿Es de los que llega a trabajar o de los que hace sólo antigüedad y evita la fatiga?

¿Es funcionario? ¿Su chofer se queda en casa y le lleva a los niños a la escuela y a la señora al Super?

¿Está en el puesto adecuado o sólo porque es amigo del jefe?

¿Denuncia la corrupción que hay en ella o se hace de la vista gorda por el temor de perder la chamba?

Así pudiéramos ir señalando una a una las obligaciones que cada uno de nosotros tenemos y veríamos que sería grande el número de los que, no sólo no cumplen sino que estorban el buen funcionamiento del país.

El país, la República, está dividida en grandes y pequeños cotos. Se prohíbe la entrada a extraños.

Un ejemplo que hoy vive el país y que se ve y trata en los medios de comunicación como algo normal: el rescate de la Universidad de Guadalajara de la posesión y manejo de un hombre y su camarilla.

Raúl Padilla y su pandilla han mantenido en su poder por varios años a la Universidad.

Raúl salido de la vieja dirigencia Feguista, de aquella belicosa y golpeadora Federación de Estudiantes de Guadalajara que tuvo sus peores momentos en la década de los setenta con la muerte de Hermenegildo Romo García y de Fernando Medina Lúa.

Se quedó como cabeza visible de un grupo que se niega a dejar ese centro de estudios.

El rector ya se amparó para mantenerse en su puesto, pero Padilla no quiere perder el control. El gobernador y el presidente municipal lo apoyan. Tienen miedo de que toda la pandilla se les salga de control y empiece a pelear como lo hicieron en la década ya señalada.

Si Padilla y su pandilla han saqueado y robado a la Universidad de Guadalajara, que se les acuse de esos delitos y además de delincuencia organizada; si, por el contrario, en los años que lleva en el cacicazgo estudiantil, realizó obras y acciones que han beneficiado a la comunidad, que rinda cuentas ante la comunidad y el pueblo quien es finalmente el que sostiene a esa Universidad.

Lo mismo debió hacerse con muchos funcionarios que dejan el puesto: renuncian y  después a gozar de lo que ilícitamente se han llevado. ¿Alguien llamó a cuentas al director de seguridad del DF: Joel Ortega y al ex procurador? Se fueron y a otra cosa mariposa.

Elba Esther Gordillo tiene un gran poder político. Poder político como lo tuvo en su momento Carlos Jonguitud Barrios. Cuando lo cambiaron no hubo mayores problemas. ¿Los habrá si se mueve a la profesora? ¿quién necesita más apoyo, el Estado o ella que carga sobre la espalda y conciencia muchas acusaciones y denuncias? ¿Qué tiene un partido político? Si, pero es de mentiritas. El Estado se lo subsidia. ¿Qué existen compromisos políticos? ¿quién los cumple? ¿Qué lo amenaza con un paro nacional de maestros? ¡qué lo cumpla y ya sabrá cuantos la siguen!

¡Ya basta! Si, ya basta, de simulaciones, de hipocresías, de debilidades.

Valor, valor y sólo valor necesita este pueblo.

¡Ya basta!, Si ya basta de que nos traten como menores de edad.

¡Ya basta!, si ya basta de que a los adultos mayores nos muestren un pedazo de hueso y nos hagan parar sobre dos patas y, nobles, que somos, le demos nuestro voto y respaldo al que nos lo da, no importa lo que él busque o pretenda.

Vayamos al rescate de nuestra dignidad, salgamos de nuestra impotencia.

Una de las penas mas grandes que sufren los secuestrados es la de la impotencia. Una de las penas de los familiares de los plagiados, es la impotencia. Una de las penas mas grandes de muchos trabajadores públicos es la impotencia al tener gente deshonesta y corrupta como jefe. Una de las penas mas grandes de los trabajadores es la impotencia de no poder denunciar al patrón que le exige mas horas de trabajo sin pagárselos o que elude pagar el IMSS y el Infonavit. Una de las penas mas grandes de los jóvenes es la de tener que aceptar un empleo outsourcing, esto es: no se contratará con la empresa a la que le trabajará sino a otra que le pagará, pero sin darle las prestaciones que la empresa principal le otorgaría. Usted ve a diario lo que le comunico: en el Metro usted ve a gente de la tercera edad y mujeres barriendo los pasillo, pero no son trabajadores del Metro, son de una empresa privada. Gobierno de izquierda.

Para la impotencia los laboratorios Pfizer pusieron a la venta el Viagra. ¿Habrá Viagra social para los mexicanos que padecemos impotencia?

 
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