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Los cavernicolas de Hoy PDF Imprimir E-Mail
Sociedad - Sociedad
Escrito por Editorial AMN   
jueves, 03 de julio de 2008

 

  • DE  DISCOS,  ANTROS  ,  ABUSOS  Y
  • COSTUMBRES

 

Por: Alfredo Hidalgo Nieto

www.alfredohidalgo,com

El Color del Fondo.- Por lo regular en las discos, téiboles, o antros como se le llama más coloquialmente en México, se presentan las situaciones de racismo más inenarrables que te puedas imaginar, amigo mío, en pleno siglo XXI, donde ya se derribaron las marañas de la superioridad racial, la realeza congénita de jerarquía, o la aberrante ley del apartheid en pleno país sudafricano. Desgraciadamente hay quienes todavía piensan como los trogloditas de la edad de piedra -para los que son evolucionistas- o quienes piensan como los ungidos de la gracia de Dios –para los que son religiosos.

Es decir, en plena época del celular y laptops, todavía nos enfrentamos con cavernícolas día con día, tan presente como el aire que respiramos. A esos hay que señalarlos por sus abusos y costumbres tan primitivas como parásitas. Cada día que pasa, tanto como ellos llevan a la práctica debemos reprocharlo con todas nuestras fuerzas. Debemos reprobar los actos de discriminación racial, tanto como aquellos practican cotidianamente de manera impune, libre y sin que nadie pueda hacer nada. Vamos, ni siquiera nosotros nos damos cuenta, hasta que sucede algo que de veras impacta las sociedades. Es ahí cuando nos sorprendemos y entonces sí, acudimos a la reflexión. Pero craso error. Debemos de pensar como el aire que respiramos, como el agua que bebemos, debemos tenerlo como una idea prioritaria, porque ello influye en el desarrollo de las sociedades, influye en el noventa y nueve por ciento de nuestros actos. Y no me refiero a otra cosa que no sea el racismo, claro está.

Antes de abundar en la noticia trágica de hoy, el antro News Divine de la colonia Nueva Atzacoalco, limítrofe con el caótico Estado de México por el norte, debo mencionar unos aspectos de este tipo de lugares, concurridos de manera atiborrada por los niños, adolescentes, jóvenes, y no tan jóvenes de hoy. Acudidos tanto por clases proletarias, como por las adineradas, sitios que revientan tanto por juniors de Las Lomas, como por olvidados de Valle de Chalco. Fresas y nacos, perfumados y macuarros, popis y chúntaros, todos por igual con el mismo derecho-deseo de salir a divertirse infestando de alcohol sus venas, drogarse un poco, marearse, atolondrarse y ligar sexo visceral, carnal, esquizofrénico o como fuese

posible. Todos con los mismos derechos, que nuestra sacrosanta constitución consagra en letras intocables, la libertad de tránsito a lugares públicos.

Sin embargo, detente un poco amigo mío, la verdad es que: no es verdad. En teoría lo anterior suena bonito y democrático, suena razonable y congruente. Supuestamente los ciudadanos –por lo menos de este país- tienen los mismos derechos por parejo. Tienen la igualdad de derechos y bla bla bla. Pero no. Lo cierto es que en los antros de jodidos –lo siento así tengo que decirlo- entran tanto riquillos como pobretones o de clases luchonas. Ahí tranquilamente pueden convivir personas de rasgos nativos, jíbaros, mazahuas, orientalones, morenitos, o indios –pa’ que nos entendamos mejor, así como jóvenes provenientes de Coyoacán, Polanco, la Condesa, Lomas, Huixquilucan o zonas más náiz o popof. Sin embargo, a la inversa esto es imposible. Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que los de aspecto más mexicano entren a los antros de clase acomodada. ¡Y eso que vivimos en México, amigos! ¡Qué bueno que no nos tocó Suiza, ¿no?

Desgraciadamente en México no hay democracia, como no la hay en Estados Unidos, ni en Francia, ni mucho menos en otro país más desarrollado. Todos ya nos sabemos de memoria que los cadeneros –esos horribles monos mamey, mamey por lo mamado y por lo mamones, que filtran los accesos de las discos- realizan la puerca labor de discriminar a quienes a su parecer tengan descendencia directa o indirecta, sospechosona o aparente, con los reyes prehispánicos, entre más gloriosos, tanto peor. Si eres más cercano al gran Cuitláhuac, mucho peor que si te pareces al güero de agua puerca hijo del jom-less de Guadalajara. La única reglita por la que estos delincuentes abusadores de dichos centros se rigen, es que el tugurio se reserva el derecho de admisión. Igualito que hacían los gringos en los sesentas contra los no anglosajones, pero más humillante, violento e irracional. ¿Por qué? Porque vivimos en un país de morenos, quizás estemos hablando de un noventa por ciento. El racismo en México no tiene nombre. Igual lo ejercen individuos de piel oscura como blanca, igual un rasguinahual, como agachupinado, igual un africanado que un gabachoide. La variedad de mixturas en los habitantes de nuestra nación es infinita, pero el dominio es abrumadoramente de mestizos clarimorenos, para resumir en dos palabras.

Sin embargo, los adueñados de las empresas del entretenimiento –mayoritariamente extranjeros o de piel blanca- se aferran a discriminar al originario de su propio país, alegando –como defensa- que esos mequetrefes indios patarrajada no disponen del billete verde, coca, mota, roca, o lo que se pongan los elegantes niños bien de la clase pirrurris. Y aunque tengan el varo o la lana correspondiente, aun así son forzados a poner los pies en polvorosa cuando bien les va, o son llevados al patín por el trasero cuando no. Esa es la bella y esplendorosa democracia en que vivimos amigos, la que en la tele rosa, en la radio transparente y prensa políticamente correcta, se nos injerta al cerebro.

Dicen que México es pacífico, puro y bendito amigos. Pero ustedes me dirán, que la discriminación racial sólo existe con empresarios vampirescos, con antros fresitas, con téibols vips o zonas rojas de metrosexuales. Pero no. También el gobierno en turno lo fomenta, para empezar. Oficialmente nunca se clausura un antro por cuestiones de racismo, siempre lo hacen por corrupción de menores, por venta ilícita de enervantes, por trata de blancas o prostitución infantil, y nunca se realiza por racismo, ni clasismo u otra que tenga que ver con el color de la piel o del dinero. Actualmente no está tipificada en el código penal una ley, que diga que el racismo es un delito. Sólo sabemos de amonestaciones, regaños, llamaditas de atención, mordidas, cobro de piso, honorarios por seguridad pública y demás, por los abusos y costumbres de índole discriminatoria.

Por otro lado, el ejemplo más atroz sobre racismo directo desde lo alto de los representantes "del pueblo", se presentó la semana pasada con la disco de reguetón, News Divine. ¿Se imaginan amigos míos, que dicho operativo, tan fallido como trágico, tan infame como brutal, tan ilógico como injusto, se hubiese llevado a cabo en un área bonita de la ciudad? Simplemente hubiese generado el terror de las noticias negras a nivel mundial, en segunda, hubiesen tronado como ejote a Marcelo Ebrard, los detractores "bien" de las delegaciones "bellas" del Distrito Federal hubieran llamado a tomar las antorchas contra López Obrador, por tener la completa responsabilidad de dicha tragedia y de paso por llamarse Andrés Manuel y tener un apodo como "Peje". En verdad amigos míos, hubiese sido el boom mediático que cambiaría la configuración sociopolítica de la ciudad de México. Incluso hubiese generado una repugnancia mayor entre los ciudadanos de bajo perfil, más que la provocada en estos días

aciagos, por los cuaternarios de la Gustavo A. Madero.

La noticia así: "Sangriento operativo policiaco contra la discoteque Bandasha de Las Lomas", "Asesinan a 12 juniors menores dentro del Bandasha, por razzia", "Criminal matanza de asistentes al glamoroso Bandasha", "Piden cárcel inmediata para Ebrard y al Peje por ponerlo ahí". Ya se imaginan los titulares de la prensa, los cortes informativos de la radio y la tele, el manejo manipulado por Internet, en las salas de cine adonde se pueda, promovidos por el Opus Dei, por el Yunque, los ex amigos de Fox, las marchas blancas y el movimiento México Unido contra la Delincuencia, el de las empresas unidas, etc. Nada más reflexionemos un poco, y encontraremos que la diferencia de enfoque entre un caso hipotético y el otro real, similares en desenlaces, iguales en resultados, y en condiciones análogas, la diferencia hubiese marcado ¿la clase social? No, la clase racial para acabar pronto. En México "no existe" la división de castas o razas, existe sólo la división social, pero no asimilamos que ambas son sinónimas.

Se perdería todo viso de objetividad, si las cosas hubiesen sido en otro segmento de la sociedad. En realidad sucedió donde mayoritariamente surgen las tragedias, tanto las provocadas por la naturaleza como las provocadas por la mano del hombre. Un hecho de racismo sin precedentes, pero que nadie aceptará porque suena muy feo, y por que México es un país ¿de diversidad racial, a poco? De ¿variedad cultural, a poco? Que no padece de discriminación institucional, ni separatismos oficiales de ningún tipo.

"México es el paraíso de la igualdad racial en el mundo". Y lo que pasó, sólo fue un hecho aislado, ocasionado por un mando policiaco que se volvió loco, que purgará una pena en la cárcel, sólo se trató de un error en el operativo para detener a traficantes de droga, dirán siempre hasta el fin de los tiempos. Pero el trasfondo es tan cristalino, como intangible, tan diáfano como oscuro. La verdad es que lo sucedido en el antro News Divine, es sólo un pequeño jarrito de agua que se reventó como a diario se revientan en todo el mundo por una precisa cuestión: la brunofobia, el odio contra el color oscuro de piel.

Simplemente se trató de un asunto racial, ¿Por qué tratar mal a los chavos morenitos? ¿Por qué tocarle las partes nobles a las chavitas proletarias de manera tan impune? ¿Por qué ser cavernícolas con gente de bajos recursos, que siempre son

mexicanos –ya se dieron cuenta amigos? ¿Acaso un gorilón puede tocar tetas o vaginas y pedir que se desnuden en una delegación a chavitas náiz de la colonia Del Valle, o que tenga fisonomía de alemana? Nada más imaginen que esto sucediera alguna vez. Es muy probable que la gente enardecida realizaría tumultos y lincharía al policía agresor en ese momento, tal como en la película "La zona". Son cosas que suceden a diario. Vejaciones sólo contra gente de rasgos amestizados, entre más azteca mejor. Jamás toquen a uno blanco o de corte europeo, porque se los carga la que se los trajo.

Por eso siempre los extranjeros se abren paso en México, con una facilidad que de veras aterra. Igual que en la novela de Luis Spota "Casi el paraíso". Porque México es la gloria del espíritu santo con pecado concebido y toda la cosa, para los foráneos, eso sí, de piel blanquita o de tipo europeo por favor. ¿Les doy un tip a los que nos leen en territorios fuera de México amigos? Si son cubanos blancos, vengan a Televisa a recoger las carretadas de billete, ahí está el pan. TV Azteca, Cablevisión, cualquier televisora que pague bien, promete otorgar el puro billeye a los claritos. Inclusive en los anuncios de empleos, ya ni disimulan y dicen "si son de tez blanca, mejor". Así es amigos inmigrantes allende mis fronteras de la tierra del nopal. Centroamericanos que quieran venir, europeos del Oriente, sudamericanos, brasileños pobres, ibéricos de bajos recursos, todos son bienvenidos, todos serán llenados de glamour, carretonadas de monedas, con el simple y pequeño detallito al alcance de su nacimiento. Tener el talentísimo ilustrisísimo del título nobiliario más preciadísimo en México: ser blanco.

Dos palabrillas que encierran el mundo de los mexicanos. ¿Oyeron amigos argentinos que no la ven llegar en su país? ¿Ya vieron señores rusos pobretones? ¿Qué dicen compañeros húngaros sin un penique para gozar? ¡¡Adelante, qué esperan para conquistar el paraíso, aquí se les dará el oro y el moro, y si no saben español, acá hasta nos esforzaremos por dominar su idioma. Y si no les gusta la tele, pues en la cantada, ¿o prefieren trabajar como directores de un colegio de alcurnia? ¿Qué tal como gerentes de una trasnacional? ¡Adelante!, México es territorio virgen, sólo está infestado por una fauna sirviente que requiere de más manos blancas para domeñarla. ¿No les gusta trabajar caballeros del extranjero? No hay problema, vengan y elijan a la mujer que tenga buen billete, que ella los mantendrá.

El día que asimilemos realidades, que afrontemos una situación existente, y que reconozcamos una problemática latente, ese día amigos míos, podríamos empezar a actuar en consecuencia. Mientras neguemos la cruz de nuestra parroquia, estaremos fritos, más bronceaditos, y nunca aspiraremos a ser el país blanco del primer mundo que queremos. Sin embargo, les tengo una noticia: sucedería algo, saldríamos de Guatemala y entraríamos a Guatepeor, porque hay todavía más racismo en los países desarrollados, así que tranquilos, aprovechemos las bondades de nuestro amoladísimo país. ¿Festejaremos como buenos mexicanos, con sumisión, pasividad, martirio y contemplación? ¿O ahora sí nos caerá el veinte?

 
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