Sociedad
Permiten el aborto
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| Escrito por Editorial AMN | |
| jueves, 04 de septiembre de 2008 | |
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Por: Miguel Ángel García Rosales Reflexiones.- Las campanas de la Catedral Metropolitana, de otros templos de la ciudad y de diversas ciudades del país doblaron en señal de duelo. Duelo porque la Suprema Corte calificó como constitucional la Ley que permite el aborto en el Distrito Federal. El obispo auxiliar de la arquidiócesis de México, Jonás Guerrero, en breve entrevista concedida a los medios, rechazó la resolución de la Corte y los acusó de no respetar el mandamiento de No matarás. La jerarquía católica, cuando alza la voz, su llamado se pierde en el silencio de sus fieles. La jerarquía cada vez mas sola. La jerarquía perdida en un mundo que los absorbió y los hizo suyos. Ya no están alejados del mundo, forman parte de ese mundo. La frivolidad, la cercanía con los poderosos, el buen vivir, el deporte, los toros, los engaños de este mundo la ha pervertido. Sucumbió, la jerarquía, a la tentación del protagonismo político y los medios la convirtieron en caricatura. Recuerdo, con cariño y afecto, al general Juan Barragán Rodríguez, quien fuera Jefe del Estado Mayor de Venustiano Carranza y Presidente del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, quien en una de las muchas conversaciones que tuve con él me confió lo siguiente: - Yo, me dijo don Juan, mientras fui sólo el general Barragán, se me trató con respeto. Jamás ningún medio se burló de mi. Sin embargo, añadió, a partir de mi entrada a la política, se me ha caricaturizado, se han burlado de mi, se me ha acusado de ratero, corrupto, traidor. Y, al paso del tiempo, concluyó, la piel se me ha endurecido. - Ni modo, contesté, hay que aguantar. En el tiempo que guardo en mi memoria no recuerdo a algún obispo con una presencia o protagonismo tan grande en los medios como Norberto Rivera. Si es cierto que la presencia en los medios de Talamás Camandari, obispo de Ciudad Juárez, fue importante, pero nunca tan escandalosa como la de Rivera Carrera. Los casos de Samuel Ruiz y de Raúl Vera, por los sucesos que conmocionaron a Chiapas el primero de enero de 1994, son extraordinarios y, más aún, su presencia fue muy bien recibida entre la opinión pública y el pueblo. Al de Norberto Rivera se le puede añadir el triste caso del obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, quien ha llenado de frivolidad a la Iglesia. Oponerse al dictamen de la Corte, tocar las campanas a duelo, es una muestra de su incapacidad para tocar las fibras más sensibles del ser humano. Hoy, están alejados del pueblo. Las visitas pastorales de Norberto ya no son cálidas ni de cercanía con los feligreses. El aparato de seguridad que lo rodea es impresionante y atemoriza. Contradice lo que Cristo dijo: “no temáis a los que matan el cuerpo...” La ley del aborto, socialmente necesaria o no, fue una venganza del grupo en el poder en el DF. Norberto negoció, en un juego perverso con López Obrador, la no discusión de esta ley y detuvo la Ley de convivencia que permitía el matrimonio entre personas del mismo género. Logró también la aprobación de López Obrador para la adjudicación de los terrenos en donde se construiría la Plaza Mariana. Creo que no hubo un compromiso tácito de apoyo político a López Obrador por parte de Norberto, pero Andrés Manuel si lo creyó. Por ello, al reconocer Norberto a Calderón como Presidente Constitucional, López Obrador y sus más cercanos seguidores, entre ellos Ebrard, se sintieron traicionados y después de ataques verbales públicos, empezaron a pegarle a Norberto y a la jerarquía, con la aprobación de leyes que les “duelen”: la de convivencia, del aborto y pendiente la de la eutanasia. La jerarquía ha perdido la voz. Para recuperarla tiene que despojarse, hasta sus raíces, de hablar, como si fuera dueña de la verdad, a un pueblo ignorante a quien mira desde el púlpito. Tiene que presentarse en total humildad, como el pobrecillo de Asís, o el carpintero de Nazareth, quien no tenía en donde posar su cabeza. Ser testimonio viviente de la buena nueva que trajo Jesús. Tiene, la jerarquía, que hacer a un lado el protagonismo que la ahoga para volver, día tras día, a trabajar por su pureza y darle validez a su testimonio. La jerarquía tiene que volver a tener la libertad que proporciona la pobreza evangélica. Se ha entregado a la “santa” ociosidad que proporcionan los adelantes técnicos y científicos. Sueñan con tener, o poseen, los vehículos de último modelo, equipados para darles seguridad. Al tiempo de oración lo suplen con el deporte. Tiene que ser autónoma de lo temporal y renunciar a imponer a los fieles castigos o estipendios onerosos en la administración de cualquiera de los sacramentos. Difícil tarea. Cúmplanla. No lloren. Ni repiquen las campanas. Reconózcanse culpables, en un acto de humildad que les es muy necesario. |
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