Sociedad
Pueblo sentimental
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| Escrito por Editorial AMN | |
| martes, 02 de septiembre de 2008 | |
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Por: Miguel Ángel García Rosales Reflexiones.- Estamos en el siglo XXI y aún tenemos discusiones banales, bizantinas que a nada conducen, discusiones que sólo promueven la división entre los mexicanos. La jerarquía católica, y más en nuestro país, llena de contradicciones internas, de desaciertos y con una ignorancia supina sobre lo que es el mundo y México en particular, trata de seguir imponiendo lo que sus integrantes creen que debe hacerse. Sus integrantes, y en general todo el clero, han olvidado su compromiso, no con ellos mismos sino con Cristo, fundador de
Un texto de la constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II expresa que: es pues evidente que la comunidad política y la autoridad pública tienen su fundamento en la naturaleza humana, y por eso pertenecen al orden previsto por Dios, aún cuando la determinación de los regímenes políticos y la designación de los gobernantes se dejan a la libre decisión de los ciudadanos. Síguese también que el ejercicio de la autoridad política, sea en el interior de la comunidad como tal o de la instituciones que representan al Estado, debe llevarse a efecto dentro de los límites del orden moral, en orden de procurar el bien común, entendido en forma dinámica, y según el orden jurídico legítimamente establecido o que se debe establecer. Entonces es cuando los ciudadanos están obligados en conciencia a obedecer. De ahí resulta manifiesta la responsabilidad, la dignidad y la importancia de quienes gobiernan. Pero cuando la autoridad, excediendo su propia competencia, oprime a los ciudadanos, éstos no se nieguen a las exigencias objetivas del bien común; pero séales lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esta autoridad, manteniendo, sin embargo, los límites que la ley natural y evangélica señala. (Constitución Gaudium et spes, n.74 c-e) La ley que permite el aborto no oprime a los ciudadanos, por el contrario, los deja en libertad de decidir; de igual forma no se puede cerrar los ojos a una verdad evidente: el número de abortos es muy alto y dejar esta práctica en manos inexpertas o criminales es también una irresponsabilidad de la autoridad y de la sociedad. Si, se puede argumentar, el documento señala que existen límites que la ley natural y evangélica establece. Es cierto, pero entraríamos en una discusión en cuanto a la interpretación de que es ley natural, o ley moral natural. Algunos opinan que la ley moral natural no puede suministrar un sistema cerrado de normas de conducta expresables en forma de proposiciones concretas y estáticamente determinadas, con las que pueda construirse un código de conducta, aplicable a todos los tiempos y lugares, como la letra de una ley escrita de una vez y para siempre y que se trata de interpretar casuísticamente. En un texto del Concilio Vaticano II se afirma que en la conciencia, común a los cristianos y a los demás hombres, se revela de modo admirable aquella ley, que se cumple en el amor de Dios y del prójimo. (Constitución Gaudium et spes, num.16) A las miles de voces que se levantan en contra de la aprobación de
La ley no es un acto de moralidad. Tampoco es una recopilación jurídica que pueda hacer las veces de conciencia moral. Los que se oponen a la ley del aborto, están rechazándola porque no se apega a sus valores morales, valores morales ahogados por la gran avalancha de publicidad en torno a la sexualidad, en la que se insiste en la práctica del sexo seguro utilizando el condón, la píldora y todos los medios anticonceptivos; sin embargo, es necesario recordar que la pareja, hombre-mujer, actúa de acuerdo al tiempo y a las circunstancias y no siempre se tiene a la mano estos medios para controlar el embarazo. Y en este tiempo y circunstancias meteríamos hasta la violación, no sólo masculina sino también femenina. Si nos apegáramos a que el aborto es moralmente reprobable y por ello no debe ser aprobada su práctica ¿no estaríamos creando un problema social y político mayor? No seamos hipócritas: los bebés abandonados, los niños en situación de calle, explotados sexualmente, raptados para comerciar con sus órganos, envilecidos y prostituidos por sus propios padres, nos golpean con dureza el rostro. Esta es una realidad social. No al aborto sí ¿a qué? ¿Cual es la propuesta de los opositores? Estas discusiones no dejan satisfechos ni a tirios ni troyanos. Opinan los expertos, los líderes de opinión, los religiosos, los que luchan por los derechos humanos, los derechos de la mujeres... opiniones divergentes que confunden a nuestro pobre y analfabeto pueblo que vive en su soledad el drama de tener 7 u 8 hijos que mantener. El aborto: ¿qué es eso? Se preguntan |
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