Cuando veas las barbas de Diego cortar…
Política - De Pe a Pa
Escrito por Editorial AMN   
martes, 18 de mayo de 2010

El animalote es del tamaño de un Frankenstein. No es poca cosa. Es una bestia que ha doblegado al Estado. Un animalote que ha implantado su ley de violencia y muerte y evidencia día con día, la debilidad institucional en México.

 

Por: Alberto Vieyra Gómez

AMN.- Ese animalote ha cobrado la vida de más de 24 mil mexicanos en lo que va de la fallida administración de Felipe del Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, quien a pesar de tener perdida una absurda e hipócrita guerra contra el narco crimen, insiste en llevarla hasta sus últimas consecuencias, y todo por seguir al pie de la letra los dictados de Washington, que han dado al traste con la soberanía nacional, pues el combate contra las drogas se hace en México y no en EU, que cuenta con una narco sociedad de más de 35 millones de norteamericanos, según Hillary Clinton, actual secretaria de Estado norteamericano. México pone los muertos y EU protege el consumo de su narco sociedad. ¿Es justo?

Ese animalote es el autor del secuestro y ¿asesinato? del ex candidato presidencial, Diego Fernández de Cevallos, quien sentó las bases para la entrega pactada del poder entre el PRI y el PAN, en el 2000. Es imposible concebir al PAN sin Diego Fernández de Cevallos. Fue el autor de las llamadas concertasesiones del Salinato.

El llamado “Jefe” Diego, fue el que pactó con el PRI la quema de los paquetes electorales que escondían el monstruoso fraude electoral del 88, que llevó a Carlos Salinas a usurpar el poder. Diego negoció la llegada del blanquiazul a la primera gubernatura en Baja California, con el norteamericano, Ernesto Ruffo Appel, en 1988, y sin faltar, la gubernatura de Guanajuato, que habiéndola ganado el priísta Ramón Aguirre Velázquez, Diego logró sentar en la primera silla del gobierno guanajuatense a Carlos Medina Plascencia.

También negoció su candidatura presidencial en 1994, cuando habiendo ganado el debate a Cuauhtémoc Cárdenas y Ernesto Zedillo, fue este último quien obtuvo la máxima votación que el PRI haya registrado en una elección presidencial.

Tampoco se puede concebir la era del prianismo sin Diego Fernández de Cevallos. Él es el autor de esa nefasta y ponzoñosa alianza PRI-PAN, que desde 1988 ha entregado al capitalismo salvaje lo más preciado de nuestras riquezas naturales renovables y no renovables.

Con el aval del PAN y el Jefe Diego, Carlos Salinas de Gortari se convirtió en el campeón nacional con 118 reformas a la Ley suprema de México, que sentaron las bases para el desmantelamiento del Estado nacional y pusieron por encima de cualquier interés nacional, estatal o local, los supremos intereses de las multinacionales, según reza en su artículo 1106 del Tratado de Libre Comercio con Norteamérica -TLCAN-.

En lo que los internacionalistas y economistas han dado en llamar la compra-venta de México en su primera etapa, durante la era del prianismo el Estado mexicano entregó a particulares la mayor parte de las mil 250 empresas paraestatales, incluyendo áreas prioritarias de Pemex, siguiendo los lineamientos privatizadores y desnacionalizadores. Durante el salinato se entregó a las trasnacionales mineras de EU, España y Canadá, cientos de miles de kilómetros cuadrados del territorio nacional para su explotación.

Durante el régimen zedillista y con el aval de su aliado el PAN se entregarían igualmente a EU y Canadá los 29 mil kilómetros de vías férreas, los aeropuertos, las telecomunicaciones y todo lo que salió en la ganga de la venta de garaje.

Durante el régimen foxiano, se entregarían a las poderosas petroleras españolas y norteamericanas, áreas estratégicas del sector energético, incluyendo gas natural, por medio de los llamados contratos de operación múltiple, para no tener que reformar el artículo 27 constitucional, que reserva exclusivamente al Estado mexicano la explotación y dominio de la riqueza nacional. Pero, también el Vaticano logró importantes concesiones, principalmente para la proliferación de universidades para la élite burguesa de México. De pilón, Vicente Fox, vendería a precio de cacahuates, la aseguradora Hidalgo, encargada de los seguros de la burocracia nacional.

Y durante lo que va de aberrante régimen del “haiga sido como haiga sido”, se ha profundizado de manera escandalosa en esa compra-venta de México, en áreas estratégicas de la energía y de pilón se vendieron las líneas aéreas Mexicana y Aeroméxico. Ocurrió un insólito caso con la venta de Aeroméxico, en octubre del 2007, en 241.9 mdd, equivalentes al costo de un solo avión. ¡De risa la entrega del patrimonio nacional!

Durante la era del prianismo se consumó también el fobaproa, el atraco en despoblado que condenó a los mexicanos a vivir durante los próximos 80 o 90 años crucificados por una deuda de más de 800 mil millones de pesos, con la banca mexicana –banca mexicana en poder de extranjeros-, a los que rigurosamente tenemos que pagar casi 150 mil millones de pesos al año, tan sólo por intereses.

Todo eso, lo sabemos todos los mexicanos que tenemos memoria. También lo sabe ese animalote, que bien podría estárselas cobrando todas juntas a Diego Fernández de Cevallos.

Ese animalote, dio un terrible manotazo en uno de los hombres más poderosos de la clase política panista y del país. El mensaje es muy claro y pareciera recordarle a Felipe Calderón la máxima del refranero popular que reza: “Cuando veas las barbas de Diego cortar, pon las tuyas a remojar”. Hoy fue el poderoso “Jefe” Diego. ¿Mañana quién será?

Es el precio de una fallida lucha contra el narco crimen o para decirlo más claro, una guerra contra los capos enemigos de los capos protegidos por EU y México, como Joaquín Guzmán Loera, a quien de manera reiterada se señala como el capo del panismo y el introductor oficial de droga a EU.

En las altas esferas del poder, se insiste en dar a Diego Fernández de Cevallos solamente por desaparecido, pero las filtraciones gubernamentales dan cuenta de que el “Jefe” Diego, de 69 años de edad, ya forma parte de las estadísticas macabras del México del desastre en la era neoliberal. Pero, muerto o vivo, de todos modos, es una evidencia que revela cómo el Estado mexicano ha perdido el control de un México, que hoy navega como un barco a la deriva en un tempestuoso mar.

Pero, supongamos que esté vivo. Eso quiere decir que las mafias tienen en su poder a un valiosísimo trofeo que se podría canjear por cualquier cosa, incluyendo impunidad y hasta llevar al régimen calderonista a dar por terminada su lucha anti narco y pactar, como ocurre en las principales democracias del mundo, donde los gobiernos y las mafias recurren a las reglas de oro no escritas, para que unos y otros “trabajen” en sus respectivos campos, sin que se produzca la macabra catástrofe que ocurre en México.

Pero, si Diego ha sido asesinado ya, el gobierno calderonista procurará mantenerlo en secreto, hasta que hayan transcurrido sus funerales, para evitar que la mafia que lo liquidó, actúe sobre su familia, como ha ocurrido en recientes casos.

El gobierno federal está obligado a esclarecer el hecho para que no quede como la mayoría de los narco crímenes sin investigar y también a replantear su fallida estrategia de combate al crimen organizado, porque a los ojos de todo México y el mundo, lo único que está claro es que el régimen calderonista ha perdido la guerra ante el animalote del narco crimen y ha llevado a México a un sacrificio absurdo. ¿Vale la pena que Felipe Calderón siga llevando a México al matadero?