| Veremos… dijo un ciego |
| Política - De Pe a Pa | |
| Escrito por Editorial AMN | |
| jueves, 01 de julio de 2010 | |
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AMN.- El G-8 y el G-20 no le hallan la cuadratura al círculo. El G-8 ha mostrado un mundo sin liderazgo, pero el G-20 no canta mal las rancheras. En la reciente cumbre de Toronto llegó a la conclusión de que la lucha conjunta contra la crisis económica no resuelve nada y deberá ser cada nación la que elija el ritmo de ajuste presupuestario. Es decir, que será cada nación con sus propias características la que se rasque con sus propias uñas. Sin embargo, y a pesar de que la crisis económica golpea severamente a millones en el planeta, donde ya suman más de 210 millones de desempleados, el G-20 no logra ponerse de acuerdo entre austeridad y crecimiento. ¡Están en la lenta! La mayoría de los economistas más doctos en el mundo, coinciden en que es un gran error de los políticos optar por medidas de austeridad en momentos en que la economía está débil, lo que podría dar lugar a recaídas, como ocurrió en 1930, cuando Franklin Delano Roosevelt impuso severas medidas de austeridad en EU y lo único que consiguió fue hundir a la economía norteamericana en la más grave recesión de su historia, a pesar de que había visos de superar la crisis. Pero tampoco los políticos del G-20 dan pie con bola y divagan en materia de crecimiento económico y es precisamente donde está el meollo del asunto, porque si no hay crecimiento de las economías, no hay empleos y si no hay empleo, imposible sacar al buey de la barranca. Así de fácil. Empero, no todo fueron malas noticias en la cumbre del G-20, porque a nivel mundial, se acabarán los estímulos fiscales para la oligarquía empresarial a partir del 2011, pero en el comunicado conjunto, se dejó abierta una rendija, aduciendo que esa política debe adaptarse a las diferentes situaciones económicas nacionales. ¿Pero, qué son los estímulos fiscales? Son instrumentos económicos de vital importancia con los que cuentan los gobiernos tecnofondomonetaristas para dirigir la economía de un país hacía aquellas áreas que desea impulsar o promover, en este sentido el uso de estos instrumentos fiscales está orientado a estimular los esfuerzos de los distintos sectores de la producción, los cuales van dirigidos desde fomentar la investigación y desarrollo de tecnología, proyectos de cinematografía, fideicomisos y desarrollos inmobiliarios hasta el sector del transporte público y privado, entre otros, a través de ciertos beneficios que van desde una deducción, entregas de dinero o bien, acreditamientos. Sólo que en buena parte de las economías del mundo, esos estímulos fiscales fueron desviados de sus objetivos primordiales y actualmente son empleados para rescatar a bancos y empresas quebradas, como ocurrió en el 2008, cuando en EU se desató la crisis económica. El gobierno de Barack Obama, tuvo que emplear más de 700 mil millones de dólares para rescatar a una banda de banqueros suficientemente ladrones y canallas, a los que el mandatario número 44 de EU llamó “los gatos gordos de Wall Street”. Más de 700 mil millones de dólares que salieron de los bolsillos de los contribuyentes norteamericanos, que al darse cuenta de semejante atraco, montaron en cólera y exigieron retirar esos estímulos fiscales ultrajantes. En México no se cantan mal las rancheras en materia de estímulos fiscales, que durante los regímenes priístas, efectivamente, eran estímulos para que los empresarios crearan empleos o proporcionaran a sus trabajadores prestaciones sociales significativas, pero, actualmente, esos estímulos sirven para rescatar empresas quebradas, a veces de manera fraudulenta, como ocurrió en el 2009, con Cemex, la emblemática empresa regiomontana, propiedad del empresario consentido de la Presidencia de la República, Lorenzo Zambrano, quien además de comprar una cementera en el extranjero, llevó a cabo operaciones con derivados ante la banca internacional y la crisis económica le agarró los dedos con la puerta. Perdió con los derivados y tuvo que rescatarlo mediante los estímulos fiscales el gobierno calderonista. En el 2007 y en plena desaceleración económica, Cemex adquirió la australiana cementera Rinker en 15 mil 300 millones de dólares -un precio muy elevado para muchos analistas y con un alto nivel de apalancamiento- haciéndose del liderazgo del cemento y concreto en Norteamérica. Los pronósticos fallaron. La crisis financiera -que secó y encareció el fondeo para la abultada deuda de Cemex, cercana a 18 mil millones de dólares- y la brutal caída de la construcción, han obligado a Zambrano a vender activos en el mundo, reducir costos, despedir personal, pasar la charola al gobierno que en el 2006 recibió fuerte inyección para la campaña presidencial de las arcas de Cemex y a refinanciar deuda a un costo elevado, en fin, a redimensionar el negocio. No paso nada. Papá gobierno, con los impuestos de los contribuyentes y prestamos al exterior, salvó a Zambrano, pero por desgracia, los mexicanos todavía no se dan cuenta de esos atracos en despoblado a sus bolsillos, como ocurrió en 1998 con el Fobaproa, es decir, cuando el gobierno zedillista rescató a la Banca mexicana extranjera y cuyo costo fue de más de 800 mil millones de pesos, que los mexicanos seguiremos pagando durante los próximos 80 o 90 años de nuestros impuestos y hay que pagarle a esa chupeteadora banda concentradora del ingreso nacional más de 100 mil millones de pesos anuales, tan sólo por intereses. Cuando en el 2008 se desató la crisis económica en EU, Ernesto Zedillo tendría el cinismo de decir que “el rescate del Fobaproa salió más caro que el rescate bancario de EU”. Añadió: “el rescate de los bancos estadounidenses va a costar proporcionalmente mucho menos que el del sistema financiero mexicano en la crisis de 1994 y 1995”. Un tecnofondomonetarista y al servicio de la globalización en potencia. Pero esos, son solamente algunos de los perniciosos ejemplos de los llamados estímulos fiscales que sirven solamente para rescatar a los empresarios y banqueros pillos y privilegiados del gobierno. Pero, ahora el G-20 concluye que a partir del 2011, se acabó esa cínica forma de saqueo. Pues, mire usted, yo como el apóstol Santo Tomás, hasta no ver, no creer, porque dejaron la puerta abierta para que esa política de estímulos fiscales se pueda continuar en algunas naciones, dadas sus características económicas. Llama la atención también, el acuerdo de que los países avanzados se marcaron como objetivo reducir por lo menos a la mitad el déficit público en el 2013 y empezar a reducir el peso de la deuda eterna a partir del 2016. Hoy en día, las escandalosas deudas y abultados déficits fiscales se han convertido en una pesadilla para decenas de naciones y en un peligroso caldo de cultivo que podría estallar en cadena graves conflictos sociales en el mundo, principalmente, porque los ajustes presupuestarios, les pegan a los contribuyentes y empobrecidos habitantes en el bolsillo, la barriga y la mesa. ¿Una tercera guerra mundial por hambre, cuando hay más de mil 200 millones de hambrientos en el planeta? ¿De qué es capaz una hambriento? De todo.
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